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El veterano de la Segunda Guerra Mundial que se radicó en Los Ángeles


 Por Juvenal Rivera

Benedicto Felzfezstein, soldado

Esos misteriosos e indescifrables designios de la vida fueron los que llevaron a que un combatiente de la Segunda Guerra Mundial a establecerse de manera definitiva en la ciudad de Los Ángeles, donde encontró un destino después de un pasado tremendamente tumultuoso.

Porque fue en esta capital provincial en que se radicó para formar una familia, criar a sus hijos y establecerse con un local comercial. Y también donde sus restos se encuentran sepultados.

Muy atrás dejó su origen en un pequeño poblado al sureste de Polonia y que, debido al conflicto bélico, lo obligó a estar en frentes de batalla tan recónditos como Siberia, Irán, Irak, Siria, Palestina, Libia e Italia.

Se trata de Benedykt Felzensztein Klein. Su historia de vida fue, francamente, increíble. Aunque él poco y nada hablara de sus vivencias en la guerra, lo cierto es que su experiencia vital estuvo marcada a fuego por la Segunda Guerra Mundial, cuyas secuelas se evidenciaban en su humanidad.

Felzensztein, nacido en 1910, vivió en Jarosław, una apacible ciudad situada al sureste de Polonia, cercana a la frontera con Ucrania, país que en ese tiempo era parte de la Unión Soviética). A sus 29 años, era uno más dentro de la numerosa comunidad judía que residía en esa localidad.

Su vida, así como la de todos sus compatriotas, tuvo un giro rotundo y categórico en esa madrugada del 1 de septiembre de 1939 cuando la poderosa maquinaria de guerra nazi invadió Polonia. El Ejército alemán comandando por Adolf Hitler iniciaba así la Segunda Guerra Mundial.

Muchos de los numerosos judíos residentes en Jarosław cruzaron el río San hacia la orilla soviética y buscaron refugio en las montañas de los Cárpatos. Sin embargo, los que no pudieron huir fueron víctimas del Holocausto, calculándose en 10 mil los judíos de esa ciudad y sus alrededores que fueron exterminados hasta el final de la guerra.

En cambio, Felzensztein fue enlistado rápidamente en el ejército polaco junto a otros miles de hombres, pero poco y nada pudieron hacer para detener a la implacable maquinaria de guerra germana que, en menos de 40 días, logró la rendición incondicional de las fuerzas de ese país.

Al cabo, fue apresado por los alemanes y entregado a los soviéticos que lo deportaron junto a otros cientos de miles de sus compatriotas a los campos de concentración en las frías estepas de Siberia.

La situación cambió en 1941 cuando Hitler sorpresivamente decide invadir la Unión Soviética, por lo que esos prisioneros polacos fueron liberados y entregados al mando del general Wladislaw Anders. El militar rápidamente dio forma al Segundo Ejército polaco, cuya misión fue combatir a los nazis (Anders sería reconocido como un héroe de guerra polaco varias décadas más tarde).

Felzensztein se integró a ese cuerpo militar que, primero, debió salir de la Unión Soviética en un enorme recorrido que implicó cruzar por Irán, Irak y Siria hasta llegar a Palestina. Ahí, los soldados polacos pasaron al mando británico, ocasión en que este soldado fue asignado a la denominada Brigada de Tiradores de los Cárpatos.

La primera destinación fue el norte de África – Libia – para enfrentarse a las fuerzas alemanas comandadas por el reputado mariscal Erwin Rommel, en las batallas de Tobruk y Gazala.

Trasladada a Italia, la brigada polaca vio acción en varios combates decisivos para la liberación de ese país. Una de ellas fue la Batalla del Montecassino, a poco más de 100 kilómetros de Roma y una de las más brutales y sangrientas de la Segunda Guerra Mundial, con más de 100 mil bajas, entre muertos y heridos.

El 18 de mayo de 1944, después de cinco meses de encarnizados combates por tierra y aire contra las defensas alemanas, la bandera polaca flameó en la cima de ese templo benedictino, abriendo la puerta para la ocupación militar aliada de la capital italiana. Sin embargo, las acciones bélicas no se detuvieron ahí y continuaron en ese país europeo debido a la resistencia de las tropas leales a Benito Mussolini que se atrincheraron en el norte.

Pese a que la guerra terminó en 1945, Felzensztein – que llegó al grado de soldado de primera – permaneció en servicio activo hasta 1948. Sin embargo, ese año comunicó su decisión colgar el uniforme militar para buscar la tranquilidad de un país llamado Chile, ubicado prácticamente al otro lado del mundo.

Como la gran mayoría de los veteranos polacos de la Segunda Guerra Mundial, decidió no volver a su país natal. Ocupada militarmente por el Ejército Rojo, Polonia fue parte de los países que quedaron en la órbita soviética que fue hostil a quienes combatieron bajo el mando británico, y más aún para él en su condición de judío.

Con su familia disgregada por todo el mundo, él optó por trasladarse primero hasta la ciudad de Curicó. En ese lugar conoció a Mery Nahmías Toro, una atractiva joven angelina. La pareja se casó en 1956 y tuvieron tres hijos: Marcos (fallecido en 2014), José Jaime y Alejandro.

Años después, la familia se trasladó a vivir de manera definitiva Los Ángeles, estableciéndose en la población Banco del Estado, por la calle Juan Antonio Coloma con el pasaje Doctor Márquez, frente a lo que ahora es el campus Los Ángeles de la Universidad de Concepción.

Entre los vecinos de Felzensztein, estuvo un adolescente delgado y despatarrado que después sería conocido en el mundo entero como uno de los escritores hispanoamericanos más importantes de las últimas décadas: Roberto Bolaño Ávalos.

En esta ciudad, Benedykt Felzensztein tuvo una vida plácida, muy lejos de los avatares de la guerra que debió combatir. Instaló la lavandería “La Rápida”, por calle Almagro, que fue la primera de su tipo en Los Ángeles aunque ahí todo se hiciera a mano y escobilla, como se realizaba a la antigua.

Sus vecinos y conocidos de ese tiempo recuerdan que Benedykt Felzensztein no solía hablar de la guerra. Muy por el contrario, nunca fue un tema de conversación ni se ufanó de haber estado en tal o cual batalla.

Tampoco fue un asunto que platicara siquiera con su familia. Sus hijos sabían que era un veterano de guerra pero nunca insistieron en saber los detalles de su experiencia en los distintos teatros de operaciones bélicas.

Solo llamaba la atención que le faltara el dedo del medio de su mano izquierda, el que fue cercenado a consecuencia de la explosión de una granada en Montecassino. Alguna vez, y después de mucha insistencia, desabotonó completamente su camisa para mostrar algunas de sus cicatrices de guerra. Benedykt Felzensztein Klein falleció en febrero de 1974, a la edad de 63 años. Como fue su última voluntad, sus restos se encuentran sepultados en el Cementerio General de Los Ángeles, en la ciudad donde decidió radicarse para dejar atrás los horrores de la guerra.

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