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Los cuatro grandes terremotos en la historia de Los Ángeles

Los megasismos de 1835, 1939, 1960 y 2010 ha marcado el devenir de la zona, con su secuela de daños y destrucción. Cada uno, en su momento, obligó a adoptar importantes determinaciones, como evaluar un posible traslado o postergar las celebraciones centenarias.


 Por Juvenal Rivera

Colo Colo con Valdivia, terremoto de 1960

Si ha habido un fenómeno de la naturaleza que ha cambiado la fisonomía de Los Ángeles de manera rotunda y radical han sido los terremotos. A propósito de cumplirse los once años del megasismo del 27 de febrero de 2010, haremos un repaso de los movimientos telúricos que no solo dejaron una estela de víctimas fatales y daños, sino que obligaron a re-pensar la ciudad.

El primero que figura en los registros de la historia local ocurrió el 20 de febrero de 1835. Fue conocido como el terremoto de “La Ruina” y se estima que fue 8,8 grados Richter. ¡Tremendo! Fue tan violento como el de 2010 pero con casas de adobe como mayor avance constructivo.

Su solo nombre habla de su intensidad al punto de reducir la villa a un puñado de escombros. Fue tal el nivel de devastación que estuvo punto de tomarse una decisión que habría sido muy trascendental: ni más ni menos que cambiar la ubicación de Los Ángeles.

Se pensó seriamente en trasladar la población (de unos 4 mil habitantes) al sector de Diuto, unos 20 kilómetros al oriente de la ciudad, por el actual camino a Antuco. También se evalió la opción de Duqueco, más hacia el sur. Ambas propuestas no fructificaron, básicamente por insinuación de los mandos militares que advirtieron que las posibles ubicaciones no eran seguras.

Durante más un siglo, salvo uno que otro temblor, la tierra no se movió demasiado. Sin embargo, ese silencio sísmico se terminó de manera brutal en la noche del 24 de enero de 1939, un violento megasismo sacudió una extensa zona del sur de Chile, provocando desolación y muerte.

Si bien en Los Ángeles no hubo daños tan severos en comparación con ciudades como Concepción y Chillán, también en la zona se lamentaron víctimas fatales y perjuicios materiales de consideración en edificios públicos y viviendas particulares.

Además, el megasismo de 1939 trajo una consecuencia imprevista: ese año la ciudad se aprestaba a celebrar los 200 años de su fundación (1739-1939) pero los festejos debieron aplazarse para tres años más tarde. La reconstrucción era una urgencia mucho mayor.

A consecuencia de lo mismo, se tomaron importantes determinaciones. Se acordó sacar el regimiento desde el frente de la plaza hacia el sector suburbano de la ciudad. En su lugar, se construyeron los actuales edificios públicos.

El edificio de la Intendencia, una de las construcciones más hermosas, fue demolido para construirse el nuevo recinto hotelero que, paradojalmente, fue inaugurado un par de meses después del gran terremoto de 1960.

Además, después de 1939, se iniciaron los primeros planes habitacionales de viviendas sociales con la construcción de las poblaciones Luis Dávila, del Seguro, del BancoEstado, entre otras.

En mayo de 1960, otro terremoto sacudió la zona con violencia, dejando un reguero de devastación y víctimas. En esa ocasión se pensó en grande: reconstruir completamente 34 manzanas del radio céntrico de Los Ángeles. Al final, solo unas cuantas fueron intervenidas mientras que la demanda habitacional fue absorbida de a poco con los masivos planes habitacionales de la Corporación de Vivienda (Corvi).

En febrero de 2010, hubo daños severos que se focalizaron en las pocas casas de adobe que iban quedando en pie. Algunos bloques de departamentos levantados en los años ’80 en el sector Santiago Bueras debieron ser demolidos y reconstruidos. Algunos edificios públicos resultaron dañados pero se repararon al cabo de un tiempo. Otros aún esperan refacciones.

Sin embargo, algunos recintos como el del Seguro Social, situado en la esquina de la avenida Ricardo Vicuña con calle Colón, y el edificio Anef (ubicado en calle Ercilla, entre Lientur y Tucapel)  están completamente dañados, no solo por la acción de la naturaleza sino también por el inclemente paso del tiempo.

El primero que figura en los registros de la historia local ocurrió el 20 de febrero de 1835. Fue conocido como el terremoto de “La Ruina” y se estima que fue 8,8 grados Richter. ¡Tremendo! Fue tan violento como el de 2010 pero con casas de adobe como mayor avance constructivo.

Su solo nombre habla de su intensidad al punto de reducir la villa a un puñado de escombros. Fue tal el nivel de devastación que estuvo punto de tomarse una decisión que habría sido muy trascendental: ni más ni menos que cambiar la ubicación de Los Ángeles.

Se pensó seriamente en trasladar la población (de unos 4 mil habitantes) al sector de Diuto, unos 20 kilómetros al oriente de la ciudad, por el actual camino a Antuco. También se evalió la opción de Duqueco, más hacia el sur. Ambas propuestas no fructificaron, básicamente por insinuación de los mandos militares que advirtieron que las posibles ubicaciones no eran seguras.

Durante más un siglo, salvo uno que otro temblor, la tierra no se movió demasiado. Sin embargo, ese silencio sísmico se terminó de manera brutal en la noche del 24 de enero de 1939, un violento megasismo sacudió una extensa zona del sur de Chile, provocando desolación y muerte.

Si bien en Los Ángeles no hubo daños tan severos en comparación con ciudades como Concepción y Chillán, también en la zona se lamentaron víctimas fatales y perjuicios materiales de consideración en edificios públicos y viviendas particulares.

Además, el megasismo de 1939 trajo una consecuencia imprevista: ese año la ciudad se aprestaba a celebrar los 200 años de su fundación (1739-1939) pero los festejos debieron aplazarse para tres años más tarde. La reconstrucción era una urgencia mucho mayor.

A consecuencia de lo mismo, se tomaron importantes determinaciones. Se acordó sacar el regimiento desde el frente de la plaza hacia el sector suburbano de la ciudad. En su lugar, se construyeron los actuales edificios públicos.

El edificio de la Intendencia, una de las construcciones más hermosas, fue demolido para construirse el nuevo recinto hotelero que, paradojalmente, fue inaugurado un par de meses después del gran terremoto de 1960.

Además, después de 1939, se iniciaron los primeros planes habitacionales de viviendas sociales con la construcción de las poblaciones Luis Dávila, del Seguro, del BancoEstado, entre otras.

En mayo de 1960, otro terremoto sacudió la zona con violencia, dejando un reguero de devastación y víctimas. En esa ocasión se pensó en grande: reconstruir completamente 34 manzanas del radio céntrico de Los Ángeles. Al final, solo unas cuantas fueron intervenidas mientras que la demanda habitacional fue absorbida de a poco con los masivos planes habitacionales de la Corporación de Vivienda (Corvi).

En febrero de 2010, hubo daños severos que se focalizaron en las pocas casas de adobe que iban quedando en pie. Algunos bloques de departamentos levantados en los años ’80 en el sector Santiago Bueras debieron ser demolidos y reconstruidos. Algunos edificios públicos resultaron dañados pero se repararon al cabo de un tiempo. Otros aún esperan refacciones.

Sin embargo, algunos recintos como el del Seguro Social, situado en la esquina de la avenida Ricardo Vicuña con calle Colón, y el edificio Anef (ubicado en calle Ercilla, entre Lientur y Tucapel)  están completamente dañados, no solo por la acción de la naturaleza sino también por el inclemente paso del tiempo.

La ilustración muestra los daños del terremoto de 1835 en Concepción. Algo similar se vivió en Concepción.
El terremoto de 2010 dañó varias viviendas patrimoniales, como el hotel Mazzola, que data de 1908.
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