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Dirigente gastronómico: “si no podemos trabajar, que es lo que están haciendo ahora, nos están matando”

En la jornada de este miércoles, medio centenar de empresarios y sus trabajadores participaron de un cortejo fúnebre, con carroza y ataúd, para simbolizar la muerte de la actividad.


 Por Juvenal Rivera

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Fue un cortejo fúnebre que cumplió con todas las de la ley. Hubo carroza, ataúd y hasta una corona de flores. Hubo deudos, muchos de ellos vistiendo de riguroso negro.

También una extensa caravana de autos y camionetas adornados con globos negros en sus techos y ventanas que precedió a la carroza fúnebre que avanzó a paso lento por las calles céntricas de la ciudad de Los Ángeles hasta llegar a las puertas del cementerio.

¿El finado? No era alguien de carne y hueso. Fue la simbólica representación de la muerte de la actividad gastronómica local, uno de las actividades económicas más castigadas por las restricciones impuestas por la pandemia del coronavirus.

Es que buena parte del año pasado debieron cerrar sus puertas para la atención de público. Con cuentas por pagar por concepto de arriendos, sueldos, insumos, servicios básicos, entre otros, el 2020 se veía muy cuesta arriba.

Recién pudieron abrir en octubre pero acotados a los recintos con terrazas. Semanas más tarde se autorizó a atender adentro de sus locales pero solo hasta el 25% de su capacidad.

Y cuando parecía que ya podía iniciarse una recuperación que morigerara las pérdidas por tanto tiempo de para, la declaración de cuarentena total para Los Angeles por el sostenido aumento de contagios de Covid-19 fue una verdadera bofetada en la cara.

Obligados a acatar la resolución del Ministerio de Salud, la esperanza es que la determinación fuera lo más acotada posible. Quizás reabrir a fines de diciembre o en los primeros días de enero.

Hasta este miércoles, sin embargo, todo seguía tal cual. Por eso, la Agrupación Gastronómica de Los Angeles, que reúne a un centenar de empresarios del rubro, decidió protestar. Ya lo habían hecho en septiembre cuando rompieron más de 160 platos para representar los días en que no estuvieron atendiendo público.

Esta vez no fue con platos. Lo hicieron con el ataúd y la carroza. Con el cortejo y los globos negros. Con la caravana, el recorrido por las calles y el arribo al cementerio.

Un funeral, el funeral del rubro gastronómico.

DIRIGENTE

Juan Andrés Aravena, secretario de la Agrupación Gastronómico de Los Angeles, no se midió en declaraciones ni adjetivos. A poco de la salida del “cortejo fúnebre”, insistió en sus conceptos.

“No estamos pidiendo que nos vengan a regalar un bono o dinero. Lo único que queremos es que nos dejen trabajar. Estamos dispuestos a seguir todas las normas sanitarias y las vamos a extremar, a mejorar porque lo único que queremos es trabajar”, insistió.

Sin embargo, debido a las restricciones, “el rubro gastronómico está muerto, ya lo mataron. Entonces, ahora lo vamos a ir a enterrar. Lo único que queremos es salvar a las pymes que están más atrás.

Aravena aseguró que “han cerrado muchos colegas porque ya se vieron con la soga al cuello, muchos empezaron a buscar otros trabajos, otros gastaron los ahorros de su vida, empezaron a pedir créditos, se empezaron a endeudar y esto es solamente porque no nos dejan trabajar”.

El dirigente recordó que “enero y febrero son súper buenos para nosotros. Podemos sacar las cuentas alegres para terminar el año. Pero si no podemos trabajar, que lo que están haciendo ahora, nos están matando, no están matando”.

Juan Andrés Aravena reclamó que aunque “hemos pedido reuniones a la autoridad sanitaria, no hemos sido escuchados. Hemos pedido reuniones con políticos, con seremis y delegados y no hemos sido escuchados. No es posible que lleguemos a estas instancias para que, de verdad, nos dejen trabajar”.

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