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La historia de Luz Ester, la mujer de impresionante lucidez y memoria que cumplió 100 años

La fiesta fue en grande y propia de quien llega a esa edad. Aunque está en la residencia “Los Robles” para adultos mayores de la calle Balmaceda de Los Ángeles, eso no fue impedimento alguno para celebrar el acontecimiento.


 Por Juvenal Rivera

Luz Ester y sus 100 años (3)

Luz Ester tiene un solo apellido: Rojo. Es a falta de un padre que la reconociera, algo tan habitual en el siglo pasado, tomó el apellido de su madre, Rosa.

Y no solo tiene esa particularidad. Aunque el carnet de identidad dice que nació el 31 de enero de 1921, sus cumpleaños siempre los ha celebrado un mes antes: el 30 de diciembre.

Es que en los albores de la centuria pasada, era muy habitual que la inscripción del nacimiento en el Registro Civil se realizara meses después o, incluso, varios años más tarde.

Ese fue el caso de Luz Ester Rojo que el pasado 30 de diciembre, celebró un nuevo año de vida aunque, en esta ocasión se trataba de un evento definitivamente muy especial: fue por sus 100 años de existencia.

Y la fiesta, era que no, fue en grande, propia de quien llega a esa edad. Aunque está en la residencia “Los Robles” para adultos mayores de la calle Balmaceda de Los Ángeles, eso no fue impedimento alguno para celebrar semejante acontecimiento.

Claro, estamos en tiempos de pandemia del coronavirus y hay que ser especialmente cuidadosos con las personas mayores, como Luz Ester.

Hubo fiesta y alegría pero siempre con los máximos resguardos sanitarios del personal del recinto para la tercera edad. Porque la idea es protegerle a ella y a todos los demás residentes del hogar de ancianos. Si hasta un charro mexicano llegó a cantar el mejor repertorio musical y hubo torta, una gran torta, para compartir entre todos.

Es una suerte de corolario para una mujer que ha visto un siglo pasar frente a sus ojos, que hace gala de una memoria impresionante y de una energía que parece no decaer, pese al paso del tiempo. Recuerda fechas, lugares y situaciones. Puede sostener pláticas pueden ser de horas en que hace remembranzas repletas de anécdotas, de vivencias, de un sinnúmero de experiencias.

Todo lo recuerda con precisión. De pronto, algún recuerdo parece escabullirse de su memoria pero es la excepción.

Luz Ester fue testigo de los grandes acontecimientos del siglo pasado. Desde la Segunda Guerra Mundial hasta la llegada al hombre al espacio, pasando por la posibilidad que las mujeres pudieran votar en Chile. Por lo que fueron los grandes fenómenos sociales del siglo XX, por las crisis económicas, por las pandemias que campeaban en esos años.

DESDE LA LIGUA A LOS ÁNGELES

Luz Ester nació en La Ligua (Región de Valparaíso), la tierra de los chalecos cuando aún no era ni por asomo la tierra de los chalecos. En el seno de una familia formada por su mamá y seis hermanos, supo de carencias y necesidades. Eran los albores de un siglo que fue especialmente duro para el país con niveles de pobreza y miseria que llegaron a estar dentro de los más altos del mundo.

Aun así, Luz Ester llegó a sexto de preparatoria, destacando como una muy buena alumna, con marcada preferencia por la historia y geografía, secundado por la aritmética y las matemáticas.

Apenas cumplió su mayoría de edad, se fue a trabajar a Reñaca (Viña del Mar) cuando la ciudad ya era un reconocido centro de veraneo de los capitalinos. Empezó a trabajar en las colonias escolares de verano, llegando a ser inspectora general, con más de 200 niños a su cargo en el verano y otros 100 en la época de invierno.

En esos tiempos los niños que asistían a esas colonias eran muy vulnerables y con muchos problemas de salud pero siempre se hacía un espacio para ayudar, para tender una mano generosa en esos ambientes de mucha privación.

Trabajar en ese lugar marcó un hito en su vida. Es que no solo fue un lugar donde emplearse, sino porque ahí conoció a don Herminio Bravo Salazar, a la sazón, funcionario de Carabineros.

El amor fue instantáneo. Contrajeron matrimonio el 12 de junio de 1945, en Valparaíso. Fueron el uno para el otro. Vivieron más de 70 años juntos y compartieron por 64 años como matrimonio hasta que él falleció en 2009.

Para el gran terremoto de mayo de 1960, estuvo cuatro meses en la destruida ciudad de Valdivia donde estuvo colaborando ad honorem para ayudar a los hijos de los pescadores damnificados por el megasismo.

Debido al trabajo de don Herminio, vivieron en varios lugares pero hacia los años 80 deciden radicarse en la ciudad de Los Ángeles donde él tenía parientes.

La pareja fue una de las colaboradoras del Hogar de Niñas Sor Vicenta, muchas niñas de las cuales algunas terminaron de criar. El vínculo mayor fue con una menor que después fue adoptada por un matrimonio italiano donde, pese a la distancia, siguen manteniendo el nexo.

También incursionó como comerciante en Los Ángeles. Tuvo un local en el centro España dedicado a la venta de ropa y lencería. También se hizo cargo de un negocio en la esquina de calles Condell con Camilo Henríquez. Más tarde, se radicaron en el sector de Cantarrana donde también tuvo un almacén. “Compramos un pedazo de terrenos e hicimos casa en Cantarrana. Quiero irme a morir allá, a esa casa que nos costó tanto. Fueron como cuatro años”, señala.

A sus años, solo tiene una sobrina de sangre. Los demás son sobrinos políticos que se han hecho cargo de ella. “Me tienen mucho cariño. Yo lo siento. Siempre he recibido mucho cariño de ellos”, dice Luz Ester Rojo con voz resuelta, en una suerte corolario por permanecer lúcida y activa a sus 100 años.

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