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“Así vi el eclipse”: el relato de un angelino aficionado a la astronomía

Las densas nubes a la hora de su máximo apogeo no fueron obstáculo para que cientos de personas salieran a las calles céntricas de Los Ángeles a presenciar el eclipse solar.


 Por Juvenal Rivera

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Alexis pidió permiso en su trabajo para salir pasado el mediodía. Dijo que iría a comprar pan a la vuelta de su trabajo, en pleno centro de la ciudad, pero sus colegas – los pocos que hacen trabajo presencial – sabían que su camino no era la panadería de calle Colón sino buscar un buen lugar en el centro de Los Ángeles para observar el eclipse solar.

Es que desde la ventana de su oficina, que tiene vista hacia el lado poniente, poco y nada podía observar al sol cuando iba en su trayectoria a encontrarse con la luna y dar origen a este anunciado fenómeno astronómico.

Alexis cuenta que es aficionado a la astronomía desde niño, desde que pudo contemplar el cometa Halley siendo muy pequeño. “Desde chico, fue algo que me gustó. Cuando pasó el cometa Halley (allá por los años ’80) me quedó como esa fascinación por los fenómenos estelares”, añade.

Dice que cuando adolescente, tuvo varios poster de planetas y del universo pegados en las paredes de su dormitorio y que alguna vez quiso comprarse un telescopio pero no pudo porque era muy caro para él en ese entonces.

Ya no está en sus planes tener un armatoste así. Tampoco tiene posters en su casa porque ahora son sus hijos los que ocupan los dormitorios y pegan lo que quieren en las paredes.

Pero ese cariño por la astronomía se mantiene, esa fascinación de niño perdura en él aunque ya esté frisando los 45 años.

Por eso, pidió permiso en el trabajo y salió aperado de sus respectivos lentes para eclipse, todo debidamente certificado.

Incluso, tuvo la idea loca de anticipar un par de días de vacaciones e irse a La Araucanía a verlo mejor pero le desalentó saber que llovería.

De hecho, su mayor reclamo es que el banco de nubes espesas que entró a eso del mediodía a la zona redujo el eclipse a unos pocos momentos de buena visibilidad.

A las 13 horas y un minuto, el momento de mayor apogeo, poco y nada pudo observar, salvo un intenso resplandor entre los nubarrones, el mismo que capturó la cámara fotográfica de su teléfono.

Dentro de todas las fotografías, una que otra para la posteridad. La mayoría, simplemente, a la papelera de reciclaje.

Alexis fue parte de las decenas de personas que salió al centro de Los Ángeles para presenciar el eclipse. Pese a que justo en la jornada de ese lunes se iniciaba la cuarentena total por el explosivo aumento de contagios por Covid-19, hicieron un alto en sus tareas para observar el sol en medio de las nubes.

Como Yenny, una joven de una empresa que vende teléfonos celulares. “Vine para ver si se veía pero con las nubes, no se ve nada”, se quejaba.

Para Alexis, no fue lo que esperaba. No solo fueron las nubes que aguaron la fiesta. También que en el peak de la cobertura de la luna sobre el sol (del 96% en Los Ángeles), si bien la luminosidad bajó pero no llegó a oscurecer la ciudad. Aunque cayó la temperatura, tampoco fue tan ostensible. No como las expectativas que tenía Alexis.

Pero dice que, pese a todo, su entusiasmo no ha caído en lo más mínimo. Ahora espera la lluvia de estrellas Gemínidas que será hasta el jueves y de la que ha estado muy atento. También se ha informado de la alineación de Júpiter y Saturno, que ocurrirá el 21 de diciembre y que no ocurría desde 1226.

Ah, y que para el próximo eclipse total de sol – que será el 5 de diciembre de 2048 y tendrá mejor visibilidad en Aysén – espera tener un poco más de suerte para presenciarlo y seguir alimentando esa fascinación infantil por los fenómenos astronómicos.

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