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De cómo una brutal inundación aceleró la construcción de la población Galvarino

Los daños ocasionados por las intensas lluvias de abril de 1959 fueron el argumento de las autoridades locales de la época para apurar la compra de terrenos para la construcción de viviendas, una de las cuales dio origen a ese tradicional conjunto habitacional.


 Por Juvenal Rivera

inundación en calle Almagro (1)

El 16 de abril de 1959 ocurrió una de las peores inundaciones en la historia de Los Ángeles durante el siglo XX. Quienes vivieron el episodio, recuerdan que fueron 12 horas ininterrumpidas de lluvias muy intensas que ocasionaron que el estero Quilque y el canal Maipo se salieran de madre y anegaran toda el área céntrica de la capital provincial.

Mario Lama rememora esa jornada que afectó al establecimiento comercial y casa habitación de su familia en calle Almagro, entre Colo Colo y Rengo. De hecho, homologa lo sucedido ese día en intensidad y perjuicios a lo sucedido en años mucho más recientes: la gran inundación de julio de 2013. El 11 de julio aquel año se produjo una lluvia de tal intensidad que anegó buena parte del centro de la ciudad. En cientos de angelinos perdura la imagen de un bote circulando sin problemas en la esquina de calles Colón con Colo Colo, en el corazón mismo de la capital provincial

Pero en 1959, las precipitaciones actuaron de manera muy similar aunque la ciudad de aquel entonces fuera la cuarta parte de lo que en la actualidad. Se inundó todo, desde las calles Villagrán hasta Ercilla, y si no produjo más perjuicios y destrozos era porque -simplemente – la urbe no se expandía más allá de las referidas calles.

Los daños ocasionados por las inundaciones fueron enormes, especialmente en toda la zona comercial de calles Colón y Almagro. También dejaron un reguero de desolación en las poblaciones callampa o campamentos precarios que proliferaban por el radio céntrico.

El diario La Tribuna informó profusamente acerca de lo vivido, de los damnificados y de los negocios establecidos que solo lamentaban pérdidas. Pasaron varios años y las inundaciones de 1959 fueron parte de los grandes temas de la discusión pública a nivel local.

Como era de suponer, hubo reproches y recriminaciones entre las autoridades de ese tiempo acerca de si pudo haber prevenido un evento de semejante naturaleza.

En los años siguientes, Teodoro Medina, como encargado del Departamento de Aguas del Ministerio de Obras Públicas, propuso una serie de obras para evitar que se repitieran las inundaciones de 1959. Pero la desidia y la falta de recursos se confabularon para que las salidas de madre del Quilque fueran una cuestión bastante habitual en las décadas siguientes y que solo se solucionaron a fines de los años ’90 cuando se construyeron gaviones y se profundizó el lecho.

Sin embargo, la naturaleza demostró cuán poderosa es y en julio de 2006 todos esos esfuerzos parecieron haber sido completamente insuficientes para evitar los anegamientos que ocasionaron daños enormes en el centro de la ciudad.

¿Y qué tiene que ver esa inundación con la población Galvarino? Para allá vamos.

GESTIONES EN LA CAPITAL

Las autoridad de ese tiempo eran el alcalde Pedro Stark y el intendente era Guillermo Marín. A ambos les tocó la tarea de recorrer los sectores afectados, hacer un catastro de daños y elaborar una lista con las posibles soluciones. La prioridad era socorrer a los damnificados y tender una mano a los comerciantes cuyos locales de anegaron.

Una semana después de ocurridos los hechos, una delegación de autoridades locales hizo lo que el centralismo ha obligado desde siempre a las provincias: abordar el tren con rumbo a Santiago para darse a la tarea de golpear las puertas de los distintos ministerios para conseguir ayuda.

Además, tuvieron buena acogida en la prensa capitalina que otorgó una generosa cobertura a las penurias de la ciudad de Los Ángeles a raíz de los daños ocasionados por esas lluvias inusualmente tan intensas.

Un elocuente set de fotos de Rodolfo Barraza, el reportero gráfico de ese tiempo, permitió remecer los duros corazones de las autoridades capitalinas para apoyar a los afectados.

En ese tenor, la Corporación de la Vivienda (Corvi), el símil de lo que ahora es el Servicio de Vivienda de la Vivienda y Urbanismo (Serviu), tuvo un rol clave.

Porque fue con aportes de ese organismo público que un mes más tarde – mayo de 1959 – se pudo apurar la determinación para comprar terrenos que fueran usados en la construcción de nuevos conjuntos residenciales.

En este caso específico, se trató de unos predios de 10 hectáreas situados en el costado oriente de la calle Villagrán, pertenecientes a Rabat y Muñoz Pal, con el fin de levantar unas 500 viviendas.

A fines de ese mismo año, ya estaban empezando los trabajos de construcción de las viviendas de la Galvarino, una de las poblaciones más tradicionales de la ciudad de Los Ángeles. El tiempo diría que otra desgracia – el terremoto de mayo de 1960 – obligaría a acelerar la entrega de las casas a sus beneficiarios antes que fueran tomadas por familias que quedaron damnificadas a consecuencia del violento movimiento telúrico. 

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