suscríbete al boletín diario

Destacados

Plaza de Armas dice adiós a otros de sus personajes ilustres: falleció vendedor de palomitas de maíz

Por más de 40 años, Pedro Aguilera estuvo en nuestro principal paseo cívico donde se dedicó al oficio de palomero, el mismo que han continuado dos de sus seis hijos. Un paro cardiaco le causó la muerte el pasado lunes cuando ya llevaba siete años retirado de la actividad.


 Por Juvenal Rivera

71-Pedro-Aguilera-351x576

En menos de un año, la plaza de armas de Los Ángeles ha lamentado la muerte de tres de sus personajes más emblemáticos, los mismos que le dieron vida por muchos años, cuyos oficios marcaron una tradición de larga data pero que, debido a sus muertes, ahora escriben un adiós quizás definitivo.

Ya en octubre del año pasado, don Carlos Fernández, el hombre que retomó el antiguo oficio de fotógrafo en nuestro principal paseo cívico, falleció a consecuencia de sus múltiples enfermedades. Con su muerte se fue el último exponente de una actividad que era muy característica de las plazas de antaño.

Meses después, en mayo para ser más preciso, dejaba de existir Elisa Peralta Triviño, la señora que por más de 30 años se dedicó al noble oficio de vender dulces, bebidas y confites en pleno centro de la plaza de armas. Un cáncer detectado un año antes acabó con su vida, pese a lo cual se mantuvo casi hasta el final de sus días en su lugar de siempre, atendiendo a todo aquel que buscara un refresco o una golosina para pasar la mañana.

En esta ocasión, el peso de los años y las enfermedades se llevaron a Pedro Aguilera Gutiérrez, el señor que se dedicada a la venta de palomitas de maíz en la plaza de armas.

En la madrugada del lunes, un ataque cardiaco mientras dormía puso fin a sus 87 años de existencia. Varios males lo aquejaban hace varios años – como taquicardia, diabetes e hipertensión-, los mismos que lo alejaron de la plaza de armas de Los Ángeles, su espacio de trabajo por cerca de medio siglo.

Pedro Aguilera llegó siendo muy joven desde el sector campesino de El Peral para probar suerte en la ciudad después de haber sufrido un accidente laboral. Aunque se desempeñó en la carpintería, otro incidente fortuito lo obligó a buscar una alternativa diferente: de ahí fue que incursionó en los secretos de la elaboración de palomitas de maíz.

A través un carrito dispuesto para dicho propósito, se instaló en la plaza de armas. De ahí no salió por más de 40 años, o quizás 45, según procura recordar su hijo Antonio. En el verano vendía sus palomitas bajo el cobijo de los frondosos tilos de la plaza, en el invierno algo más de abrigo al frío y la lluvia situándose dentro de su perímetro (en la esquina de calles Colón con Lautaro).

Pero su vida no fue solo trabajo y familia. También desarrolló su veta gremial al ser un activo participante en el sindicato de palomeros de Los Ángeles e, incluso, siendo parte de la directiva de la organización que bregó durante años para un reconocimiento formal del oficio. 

Padre de seis hijos, dos de ellos – Carlos y Antonio – siguieron el mismo oficio, teniendo la condición de ser los continuadores de la tradición. El primero sigue los pasos de su progenitor y aunque ahora no es la plaza su lugar de trabajo, se ubica a diario en pleno centro de la ciudad, en la esquina de calles Colón con Colo Colo, para vender dulces, manzanas confitadas y la especialidad de la casa: palomitas de maíz. Antonio lo hace aunque el oficio lo combina con otras actividades.

Antonio hace ver que su padre no solo tuvo dos hijos dedicados a ser palomeros de maíz. También hay sobrinos y primos que han buscado en ese tradicional oficio una oportunidad para ganarse la vida de manera honesta.

De hecho, era el grupo familiar que se apostaba con sus carritos en las ferias campesinas y eventos masivos para ofrecer sus productos, donde nunca faltaron las palomitas de maíz, un sello que siempre los caracterizó a donde quiera que fueran.

Antonio Aguilera contó que debido a las restricciones sanitarias por la pandemia del coronavirus, no pudieron velar a su padre en su casa de la calle San Luis de la población O’Higgins. Debieron hacerlo en la parroquia San Juan Bautista, mismo lugar donde este miércoles se llevará a cabo una misa fúnebre durante para ser sepultado enseguida en el cementerio católico de Los Ángeles.

Especial Coronavirus

  • Compartir:

opinión

lo más leído

logo-ediciones-anterioes