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Llano Blanco: el mayor campamento de Los Ángeles que sueña convertirse en una villa

Los ocupantes de la mayor población callampa de la capital provincial contaron que están haciendo gestiones con el Ministerio de Bienes Nacionales para ser radicados a fin de año, es decir, para tener la propiedad de los mismos terrenos que ahora están ocupando.


 Por Juvenal Rivera

10-1, campamento de Llano Blanco

Pese a que existe hace más de 30 años, el campamento Llano Blanco, situado a la altura del kilómetro 15 al suroriente de Los Ángeles por el camino a Santa Bárbara, recién pudo visibilizarse en los últimos tres meses.

Es que la emergencia económica derivada de la pandemia del coronavirus dejó al descubierto la dura realidad que, a diario, viven esas familias que ocupan los terrenos de lo que era la faja de ferrocarriles, en torno a la desaparecida estación de trenes que dio el nombre a ese sector: Llano Blanco.

Es que son más de 110 familias que viven en mediaguas o improvisadas construcciones a muy mal traer que deben soportar el frío y la humedad en los lluviosos inviernos de nuestra capital provincial.

Colgados del sistema eléctrico, con siete medidores de los cuales se conectan 10 casas o más, con agua potable que les provee un comité cercano y ni hablar del sistema de alcantarillado. De hecho, muchas familias tienen pozo negro porque no tienen baño dentro de la casa.

Aunque hay otros emplazamientos similares principalmente en las zonas rurales de la capital provincial, se trata del mayor campamento existente en la comuna de Los Ángeles en la actualidad, con cerca de medio millar de mujeres, hombres y niños que viven en muy precarias condiciones.

EL SUEÑO

Natalia Parra Sánchez vive en el campamento de Llano Blanco desde que tiene uso de razón. A sus 33 años, recuerda que sus padres se instalaron en lo que fue una de las casas de la desaparecida estación de ferrocarriles.

Debe haber sido hace unos 50 años cuando la Empresa de Ferrocarriles del Estado (EFE) cesó sus recorridos entre Los Ángeles y Santa Bárbara y se llevó todo lo que pudo de la estación. Una de las casas del entorno que fue desocupada la usó por la familia de Natalia.

Nunca se ha ido de ese lugar. Aunque en estas últimas décadas ha visto pasar a decenas de familias que vivieron un tiempo ahí pero que después se han marchado cuando obtuvieron sus viviendas sociales en Los Ángeles, ella ha permanecido, básicamente porque las urgencias de vivir le han impedido tener el ahorro mínimo para acceder al beneficio del subsidio habitacional.

Sin embargo, una lucecita de esperanza tienen con las gestiones que están realizando hace algunos años con el Ministerio de Bienes Nacionales. Básicamente, se trata de la posibilidad de ser radicados, es decir, que las más de 110 familias puedan seguir viviendo en el mismo lugar pero ahora con sus papeles en regla, con título de dominio y con la posibilidad cierta de tener energía eléctrica, agua potable y alcantarillado.

“Gracias a Dios nos escucharon cuando fuimos y ahora estamos a la espera”, dice Natalia que también oficia como vocera del campamento.

Ya han hablado con el secretario regional ministerial del ramo, Sebastián Abudoj. También han tenido el apoyo de la concejala Yasna Quezada. En suma, dice, esperan que de aquí a fin de año puedan decir, con indisimulado orgullo, que dejarán de ser el campamento de Llano Blanco para convertirse en la villa de Llano Blanco.

HISTORIA DE UNA TOMA

Primero fueron unas veinte familias que, a fines de los años ‘90, empezaron a ocupar masivamente lo que era la faja ferroviaria que desde 1912 unía a las ciudades de Los Ángeles con Santa Bárbara.

Se trataba de un tramo en desuso hacía ya varias décadas, situado unos 15 kilómetros al suroriente de la capital provincial, que correspondía a la desaparecida estación de Llano Blanco, la misma que conoció de mejores tiempos, aquel en que el viaje en tren estaba en todo su apogeo.

Sin embargo, la urgencia por un lugar donde vivir empujó a un grupo de pobladores, principalmente de Santa Bárbara, para tomarse ese terreno, cuyo propietario es la Empresa de Ferrocarriles del Estado (EFE).

Y mientras la toma de consolidaba con más y más familias que se instalaban en las secciones de la línea férrea, las autoridades de Los Ángeles se congratulaban de poner fin con los campamentos de la zona.

Es que en el año se entregaban más de 300 soluciones habitacionales a familias que, por años, vivieron en varias de las poblaciones “callampa”, la más significativa de las cuales fue el campamento En Tránsito, donde ahora está la villa Balmaceda.

Y mientras por un lado se anunciaba el fin de los campamentos, por otro lado surgía uno en el sector campesino de la comuna. Y los que partieron siendo una veintena, en la actualidad suman cerca de un centenar, convirtiéndose – por lejos – en el mayor campamento de la comuna de Los Ángeles.

En sus más de dos décadas de existencia, la precariedad ha sido una constante que se acentúa en esta época de lluvias, cuando las familias deben convivir a diario con el barro, el frío y la humedad que se cuela por las infinitas rendijas de sus mediaguas. El agua potable se las van a entregar en camiones, no hay nada como alcantarillado y entre varias familias se deben conectar al sistema eléctrico.

Como si fuera poco, el riesgo de contagio por el coronavirus ha agravado un cuadro ya muy complicado, muy difícil de sobrellevar en el día a día.

Lo positivo es que en los últimos meses, gracias a que se hizo pública la condición de estas familias, han sido varias las compañas de ayuda para entregarles alimentos, artículos de aseo y prendas de vestir.

Especial Coronavirus

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