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Los tres grandes proyectos para Los Ángeles en el siglo XX… que no fueron

En la capital provincial, especialmente en la segunda mitad del siglo pasado, hubo varios proyectos que podrían haber reconfigurado la faz de la capital provincial.


 Por Juvenal Rivera

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Dicen que el camino al cielo está tapizado de buenas intenciones. Y así ha sido para proyectos en las que se destinaron esfuerzos y recursos para hacerlo realidad, en los que estuvieron cifradas grandes expectativas.

Fueron parte de un sueño, de un anhelo que surgió en la mente de uno o de unos pocos que empezó a tomar forma, que sumó respaldos y patrocinios, que incluso tuvo recursos pero… finalmente no pudo cuajar.

En Los Ángeles, especialmente en la segunda mitad del siglo pasado, hubo varios proyectos que podrían haber reconfigurado la faz de la capital provincial. Algunos, incluso, empezaron a materializarse a cabo pero, por distintos motivos, quedaron a medio camino. Otros simplemente quedaron en el proyecto.

LA CIUDADELA EDUCACIONAL

En el extremo sur de los campos de Monte Cea se encuentra el gimnasio polideportivo, uno de los proyectos más importantes que se han ejecutado en Los Ángeles en las últimas décadas. EN el otro extremo está el memorial que recuerda a las víctimas de la tragedia de Antuco. En medio, varias canchas de fútbol de tierra.

Sin embargo, antes de todo eso, ese terreno tenía un uso completamente distinto: educación.

Ese terreno, que va desde la avenida Alemania hasta la avenida Gabriela Mistral, fue comprado por decisión del Gobierno del Presidente Carlos Ibáñez del Campo a un ingeniero agrónomo que acusó haber sido forzado a hacerlo.

Pero más allá de los reclamos, la idea era tener un lugar para concentrar a todos los establecimientos educacionales secundarios de Los Ángeles: Liceo de Hombres, de Niñas, Comercial e Industrial.

Se le llamó la Ciudadela Educacional porque concentraría a los recintos educativos que reemplazarían a aquellos demasiado adustos o que no cumplían con las exigencias de ese tiempo. Incluso, se consideró un espacio para alguna sede universitaria.

Uno de sus promotores fue el médico Marcos Brito Novoa, uno de los hombres públicos de mayor respeto en su tiempo. De hecho, su presencia en las calles de nuestra capital provincial, a mediados del siglo pasado, causaba profunda admiración y respeto.

Además de su labor profesional, fue un prolífico creador de libros de poesía. Además de ser facultativo en el hospital de Los Ángeles, ocupó cargos públicos como intendente del Biobío entre 1956 y 1958.

Desde ese espacio, fue uno de los más entusiastas impulsores de la materialización de ese sueño.

Sin embargo, solo se alcanzó a comprar esa sección de terreno. Nunca se levantó ni medio ladrillo de alguna escuela. Con el arribo de Presidentes de otro signo político, esa gran idea de la ciudadela educacional quedó guardada en el rincón de los olvidos.

LA GRAN REMODELACIÓN

Fue una propuesta de remodelación que habría significado vivir en una ciudad completamente distinta a la que conocemos ahora. Habrían calles y avenidas amplias, y edificios y viviendas de calidad gracias a una intervención profunda en prácticamente todo el perímetro céntrico de Los Ángeles.

Todo partió después del terremoto de 1960 cuando se proyectó un concepto urbanístico que cambiaría la faz de la ciudad de manera radical y definitiva. El anuncio fue hecho por la Corporación de la Vivienda (Corvi) y consistía en intervenir 25 manzanas de la ciudad. Se proyectaron calles y avenidas más anchas, nuevos edificios públicos para atención de las personas, más lugares de esparcimiento, más espacios donde vivir dignamente. El perímetro estaba formado por las calles Almagro, Tucapel, Mendoza y Baquedano. Se compraría o se expropiaría si el fisco no llegaba a un acuerdo con el propietario.

Por cierto, en ese tiempo la ciudad era bastante más pequeña que ahora. La población comunal superaba los 60 mil habitantes, la mitad de los cuales vivían en el campo. Intervenir 25 manzanas era abarcar prácticamente toda la ciudad que existía en ese entonces. El sentido era en grande: pensar la ciudad a largo plazo, haciendo la transición de una villa de caballos y carretas a una con cada vez más vehículos motorizados. Pero, fundamentalmente, para enfrentar el fenómeno social de la explosiva demanda habitacional, gatillado, entre otros aspectos, por una creciente migración campo-ciudad que formó innumerables poblaciones callampas.

En agosto de 1960 la Corvi presentó esa propuesta que fue ampliamente divulgada por la prensa. Hubo consenso en su importancia y utilidad. Luego, se habló de su implementación. Incluso, arquitectos de la Corvi llegaron a la ciudad para evaluar las condiciones para ejecutar esta remodelación.

Sin embargo, apenas dos meses después del anuncio, la Corvi comunicaba que, simplemente, se había quedado sin recursos para poner en marcha ese plan. La urgencia de la reconstrucción nacional post terremoto había agotado las reservas fiscales. En consecuencia, la gran remodelación de Los Ángeles quedaría postergada a la espera de un financiamiento que, por cierto, nunca llegó.

Hubo algunos intentos para reactivar la propuesta. Las autoridades de ese tiempo no se quedaron de brazos cruzados y viajaron a Santiago para pelear la iniciativa en la Corvi. Sin embargo, se volvieron con las manos vacías.

Al cabo, el plan sólo se llevó a cabo en dos manzanas: los departamentos Corvi de la calle Colón hacia el norte y los bloques de departamentos de la plaza Pinto. Hubo un intento por incluir la manzana frente a la plaza, por calle Colón, entre Caupolicán y Lautaro, pero sus propietarios no mostraron entusiasmo.

Al cabo, el enorme proyecto de remodelación de Los Ángeles murió acumulando polvo en las carpetas que almacenó la Corvi.

PASEO RONALD RAMM

Solo siete meses tardaron las obras de construcción de uno de los lugares más característicos y menos apreciados de la ciudad de Los Angeles: el paseo Ronald Ramm Delpín sobre el estero Quilque.

Con un presupuesto de 20 millones de pesos de la época, equivalente a unos 135 millones de pesos en la actualidad, las faenas en el tramo entre las calles Almagro y Colón se iniciaron el 1 de febrero de 1988 y se entregaron a fines de agosto de ese mismo año. La ceremonia oficial de entrega se llevó a cabo el 2 de septiembre con la presencia de las máximas autoridades de su tiempo, encabezadas por el alcalde Ricardo Acuña Casas.

Los recursos fueron aportados íntegramente por la municipalidad de Los Angeles. Su bajo valor fue posible gracias a las cesiones gratuitas de los propietarios de las márgenes del estero Quilque (no fue necesario expropiar), a cambio de exenciones tributarias y alzas en la tasación de los terrenos colindantes.

Sin embargo, el proyecto original, elaborado por los arquitectos Ronald Ramm y Osvaldo Cáceres, era mucho más ambicioso. Se consideraba una intervención desde Almagro hasta la calle Ercilla para generar un espacio público inédito en Los Ángeles. En los hechos, solo se realizó lo que entonces era considerada la primera etapa de una iniciativa que implicó habilitar un total de 19 locales comerciales.

Con los cambios de autoridades y de las prioridades en los años siguientes, la continuación del paseo peatonal simplemente quedó durmiendo el sueño de los justos.

La construcción del Mall Plaza Los Ángeles, en marzo de 2003, implicó peatonalizar el costado norte del estero Quilque, en el tramo entre las calles Valdivia y Mendoza. Lo demás sigue tal cual.

Debido al fallecimiento de Ronald Ramm, uno de los promotores del proyecto y uno de los principales arquitectos en la ciudad en la segunda mitad del siglo pasado, el paseo peatonal lleva su nombre.

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