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Familias del campamento Cuñibal claman por ayuda para enfrentar la pandemia

Crisis social por coronavirus ha golpeado a las más de 30 familias que viven en precarias condiciones en la toma de lo que fue una abandonada estación de ferrocarriles.


 Por Juvenal Rivera

61, casas de Cuñibal

José Sepúlveda vive hace 10 años en el campamento Cuñibal, que queda hacia el camino a Santa Bárbara, a unos 15 kilómetros al suroriente de Los Ángeles, justo detrás del aserradero de la empresa JCE.

Lo que antaño fue una estación de ferrocarriles, donde se detenía el tren un par de veces al día en su viaje entre las ciudades de Los Ángeles y Santa Bárbara, ahora ha devenido en ser su hogar, una villa donde hay otras 80 familias.

Para quienes son más jóvenes, Cuñibal no les dice mucho. Sin embargo, para aquellos que superan los 60 años lleva indefectiblemente al escenario del brutal asesinato de dos profesoras, hecho ocurrido en diciembre de 1966 y que aún es recordado con horror y espanto por las personas mayores.

Pero hace cerca de 20 años no era más que una estación ruinosa, luego que buena parte de los ramales – que antes fueron sinónimo de progreso y desarrollo – se entregaran al abandono y el olvido. Eso fue aprovechado a principios del nuevo milenio por un grupo de familias que ocupó el terreno que estaba justo detrás del aserradero, y levantaron un puñado de casas muy precarias.

Con el correr y gracias a las gestiones de la municipalidad en ese tiempo, se compró una sección del terreno a la Empresa de Ferrocarriles del Estado (EFE) y se construyó una población con medio centenar de viviendas gracias a subsidios habitacionales.

Sin embargo, la necesidad de un lugar para vivir ocasionó que paulatinamente, fueran llegando otras familias que ocuparon el terreno. Y al medio centenar de viviendas de un principio, ahora se suman 30 más, la mayoría de las cuales vive en la más profunda pobreza.

José es parte de ese grupo de familias que llegó tiempo después y que ahora debe sobrevivir a duras penas, en casas sin los más mínimos servicios básicos, con pensiones miserables y con escasas posibilidades de encontrar empleo, principalmente porque la pandemia del coronavirus cerró de golpe las opciones de conseguir un trabajo que, por cierto, siempre es más esquivo en tiempos de invierno.

A su casa en la villa Cuñibal, donde la humedad campea por todos sus rincones de su muy modesta construcción, se llega por un camino lateral en mal estado, tapizado de hoyos en toda su extensión que se acentúan con las lluvias del invierno.

El mismo reconoce que con los 127 mil pesos que recibe de pensión “tengo apurado para comer”. Así que no tiene más opción que procurarse algún ingreso adicional, siempre que se puede: “Así como trabajo, yo traigo. El patrón a veces me da papitas y por ahí me las arreglo, pero me falta el arroz, el aceite, el jurel, de todo hay que comprar, el detergente para lavar”.

También admite que “las casas no son muy buenas pero hay que aguantarse, no más. ¡Y cuando caen las heladas, oiga! No, si es duro vivir acá”.

Sin embargo, dice que viajar a Los Ángeles le da miedo por el riesgo de contagiarse de covid-19. “Si voy, traigo mis cositas y me vengo altiro porque allá anda tanta gente que se ha contaminado que da miedo ir. Lo mejor es estar en la casa”.

ABANDONO

Ornelia Benavides es una ex dirigente vecinal de la villa Cuñibal. A partir de su experiencia, recalca que “hay adultos mayores que viven con una mísera pensión” y que, por esa razón, “la gente necesita que les vengan a tender una manito. Debe comprar la calefacción, los alimentos, de todo. Con el mísero sueldo, no les alcanza”.

Pero no solo se trata de adultos mayores. “Acá hay mujeres que son jefas de hogar, que tienen hijos, que son papá y mamá, y que deben salir a trabajar y arriesgarse para llegar con la comida a la casa. Más encima, no hay colegio, no hay nada”.

A su juicio, “estamos totalmente abandonados por las autoridades, de todo. Los políticos solo vienen cuando necesitan el voto, si no, no. Necesitamos que vengan a vernos, vengan a hacernos charlas sobre higiene, vengan a ver a la gente de la tercera edad, vengan a ver el camino y así, suma y sigue. Hay muchas falencias en Cuñibal”.

A sus palabras se suma las de su vecino Juan Carlos Villalobos, quien dice que le  hacen falta alimentos. Pese a todos, señala que la solidaridad está presente entre los mismos pobladores para enfrentar las dificultades: “Entre nosotros todos nos estamos ayudando pero igual hace falta un poco más de apoyo”.

A los testimonios de ambos se suma las palabras de Carmen Soto Echeverría, que preside el comité de pobladores de Cuñibal. “Más que nada, se necesita ayuda para la tercera edad. Hay muchos abuelitos que necesitan pañales. Hay gente que necesita de nosotros la ayuda. Además, con este tiempo las personas no pueden trabajar porque cuidan a los abuelitos”.

Sin embargo, ella pone el acento en la necesidad que se informe a los vecinos, mediante charlas, “de lo que estamos viviendo. En realidad, nos hace falta para explicarle a la gente cuáles son las medidas que hay que tomar. Está el uso de la mascarilla y el lavado de manos, pero nos falta”.

“Hasta ahora nadie ha venido a hablar con nosotros o a juntarse para ayudar a la comunidad, a los vecinos”, añade.

SEGURIDAD

Otro punto que le inquieta es la seguridad. Aunque se trata de una villa con poco más de 80 casas, “acá no se ha vivido el toque de queda. Después de las 12 de la noche hay mucha gente que anda por acá y uno no conoce. Se escuchan vehículos fuertes, así como carreras. Hace mucha falta Carabineros que esté por acá. El problema es que es gente de afuera, no es de acá. A la gente de acá uno le habla y entiende, pero no los que vienen de afuera.

Ornelia Benavides también tiene los reclamos de la misma naturaleza. “Anda mucha gente desconocida. Acá no hay toque de queda, viene gente de afuera a correr. No es gente de la población, es gente de afuera, desconocidos. Necesitamos que vengan los carabineros. También estamos abandonados por ellos”, asegura.

Manifestaciones de ayuda

Pese a ese difícil escenario, ha habido manifestaciones de ayuda solidaria para las familias del campamento Cuñibal. Una de ellas ocurrió el fin de semana con la entrega de 80 raciones de almuerzo para las familias residentes.

Se trató de una carbonada gigante que fue gestionada por la junta de vecinos de la villa Parques Nacionales con el apoyo de la agrupación Sotrainvela, que reúne a locatarios del sector de la Vega de Los Ángeles. Además, se entregó ropa de invierno, zapatos y cajas de alimentos para las familias más vulnerables.

También en la jornada de ayer estuvieron presentes funcionarios de la Municipalidad de Los Ángeles, los cuales fueron a dejar cajas de alimentos.

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