suscríbete al boletín diario

Destacados

La dura realidad que viven las familias del campamento en Llano Blanco

Cerca de un centenar de familias viven en mediaguas por donde se cuela el frío y la humedad. Debido al coronavirus, muchas personas no tienen trabajo y con el pasar de los días, los alimentos ya están escaseando. Por lo mismo, piden no ser olvidados de los planes de ayuda de la autoridad.


 Por Juvenal Rivera

61, campamento de Llano Blanco

Primero fueron unas veinte familias que, a poco de iniciarse el nuevo milenio, empezaron a ocupar lo que era la faja ferroviaria que desde 1912 unía a Los Ángeles con Santa Bárbara.

Se trataba de un tramo en desuso hacía ya varias décadas, situado unos 15 kilómetros al suroriente de la capital provincial, que correspondía a la desaparecida estación de Llano Blanco, la misma que conoció de mejores tiempos, aquel en que el viaje en tren estaba en todo su apogeo.

Sin embargo, la urgencia por un lugar donde vivir empujó a un grupo de pobladores, principalmente de Santa Bárbara, para tomarse ese terreno, cuyo propietario era la Empresa de Ferrocarriles del Estado (EFE).

Fue curioso. Por esos mismos años, Los Ángeles se congratulaba de poner fin con los campamentos de la zona. Ese mismo año 2000, entregó más de 300 soluciones habitacionales a familias que, por años, vivieron en varias de las poblaciones “callampa”, la más significativa de las cuales fue el campamento En Tránsito, donde ahora está la villa Balmaceda.

Y mientras por un lado se anunciaba el fin de los campamentos, por otro lado surgía uno en el sector campesino de la comuna. Y los que partieron siendo una veintena, en la actualidad suman cerca de un centenar, convirtiéndose – por lejos – en el mayor campamento de la comuna de Los Ángeles.

En sus casi dos décadas de existencia, la precariedad ha sido una constante que se acentúa en esta época de lluvias, cuando las familias deben convivir a diario con el barro, el frío y la humedad que se cuela por las infinitas rendijas de sus mediaguas. El agua potable se las van a entregar en camiones, no hay nada como alcantarillado y entre varias familias se deben conectar al sistema eléctrico.

CORONAVIRUS

Como si fuera poco, el riesgo de contagio por el coronavirus ha agravado un cuadro ya muy complicado, muy difícil de sobrellevar en el día a día.

Es que los mismos pobladores saben que sus condiciones de vida son propicias para que la enfermedad se propague con velocidad y afecte a enfermos crónicos y ancianos, sin consideración alguna.

A lo anterior se ha sumado un problema mucho mayor: no hay empleo. Muchos de los ocupantes de la toma tenían trabajo en las obras y faenas pero todo se terminó o se redujo al mínimo en los últimos meses, a consecuencia de la pandemia.

Se trata, en su mayoría, de obreros agrícolas y trabajadores sin calificación que suelen tener empleos esporádicos o por faena en que deben sobrevivir con el sueldo mínimo. El problema es que ya no tiene dinero y el alimento ya está empezando a escasear en los estantes. Se avecinan meses muy fríos, muy duros, mucho más difíciles cuando no se avizora la posibilidad de tener ingresos.

Nataly Parra es vocera de las familias del campamento de Llano Blanco. Ella misma cuenta la urgencia de recibir ayuda para pasar estos meses.

Recuerda que fue en marzo cuando entregaron una remesa. Cajas de alimentos y útiles de aseo se entregaron a 25 familias “pero acá en el campamento hay casi 100 familias y todas lo necesitan”.

Se queja que ninguna autoridad haya llegado hasta allá, pese a que hay tantas familias con dificultades: “Falta leche y pañales para las guagüitas, leche para los adultos mayores. Hay un adulto mayor que está casi postrado. Otro señor se accidentó y está en silla de ruedas”.

No se trata sólo de alimentos, precisa la dirigente. “Igual faltan materiales de construcción porque muchas casas se gotean, sus techos están malos, falta zinc”.

Insiste en que la autoridad, especialmente del municipio, se haga presente, “que venga acá a ver la situación, que vea la lluvia y el barro que se forma cada vez que llueve. Y que traigan ayuda en frazadas, zinc y madera”.

POBLADORES DEL CAMPAMENTO

ELDA ARÉVALO:

“Estamos mal así como estamos. Tengo cinco hijos, cuatro menores y uno mayor de edad. Mi mamá que es adulto mayor. Además, mi hija de 14 años está embarazada y soy madre soltera.

Acá se necesita ayuda, no solo para mí sino que para varios. Los vecinos, todos necesitamos apoyo acá.

La casa se me gotea, pasamos un poco de frío. ¿Que qué ayuda necesitamos? No sé, lo que sea, todo sirve. Idealmente, ropa de abrigo y materiales de construcción”.

NAYADETH SÁNCHEZ:

“Todas las personas acá somos todas vulnerables. Tenemos muchas necesidades, muchas personas con hijos, viviendo en mediaguas. No tenemos las condiciones pero acá no ha llegado nada de ayuda a este campamento. Necesitamos alimentos, remedios, camas, comida, todo lo que sea para comer.

De verdad que necesitamos porque muchas personas están sin trabajo y no ha podido encontrar. Lo que es yo tenía una venta de zapatillas pero ahora me ha ido muy mal. Nos hemos sujetado más que nada con los bonos que ha dado el gobierno.

Acá todo sirve: canastas familiares, pañales y materiales de construcción porque vivimos en mediaguas”.

JUAN CARLOS AGUAYO:

“Mi situación es más o menos, no más. Estoy sin pega hace ya unos tres meses. He hecho algunos trabajitos, algunos ‘pololitos’ pero ha bajado harto el recurso y no se puede salir por lo mismo de la pandemia.

He consultado sobre la posibilidad de hacer trámites pero todo se hace ahora por internet y no tengo ninguna respuesta. Además, no tengo internet y debo estar consiguiéndome.

En este campamento hay mucha gente de muy bajos recursos y no ha llegado ayuda de nada. Han ofrecido pero, de momento, nada”.

HUMILDE POBLETE (CIEGA):

“Me la llevo encerrada acá y cuando salgo es porque voy a tender ropa. Mi hijo que está acá me cuida y ahora también está mi nieto. Me siento bien.

La otra vez sí recibí ayuda de la municipalidad. ¿Si necesito algo? Ropa de cama sería, zapatos. Es helado en el invierno, muy helado. Aunque salgo muy poco para afuera, sólo voy a tender mi ropa y cuando voy a bañarme. Lo bueno es que no se hace barro donde voy yo”.

JONATHAN AGUAYO:

“Estamos sin ayuda, nadie nos ha venido a ver. Estoy sin trabajo y eso nos tiene estancados. A fines de febrero quedé sin empleo porque por la cosa de la pandemia, los buses han disminuido. Entraba al trabajo a las 7:30 y el bus pasa recién a las 8.

Acá la plata es la que manda todo, la que nos mueve. Ha sido muy complejo para mí, nunca me había visto una situación así. La pandemia es un doble golpe.

Me da miedo el virus. Igual me cuido harto porque vivo con mi hija pero mi otro hijo lo envié a vivir con su abuela.

Una vez vinieron a entregar detergentes y cosas así. Algunos tocaron canastas familiares pero la mayoría no alcanzamos. A todos nos ayuda bastante una caja. Desde ese momento, no nos ha llegado nada más.

Ojalá que nos vengan a ver, a visitar, que se preocupen más de este campamento donde viven muchas familias, Hay bebés, hay adultos mayores. Si se pudieran acercar más, ver en el día cómo se vive aquí”.

JUAN MUÑOZ

“Estoy sin trabajo desde poco antes que empezara todo esto. Tampoco se ha visto ayuda ni nadie que represente a la gente, como canastas, techo, carbón. Son hartas cosas.

Hay necesidades de comida. Si me llega, prefiero que eso se lo den a la gente que necesita más porque yo tengo un techo donde estar. En vez de dármelo a mí, se lo pueden dar a alguien que lo pueda necesitar mucho más.

Se ha consultado harto sobre ayuda pero no hay respuesta de nada. Una pura vez que llegó y nada más. Que se acuerden que hay una estación. Nunca he visto autoridades paradas aquí.

Lo principal está aquí donde está la gente que necesita, que se preocupe de la gente que necesita mercadería”.

Especial Coronavirus

  • Compartir:

opinión

lo más leído

logo-ediciones-anterioes