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¡Increíble! Delincuentes le roban a hombre postrado en una silla de ruedas

Carlos Vicentt vende dulces y parche curitas en el centro de Los Ángeles cuando una pareja de antisociales le robó el dinero producto de su trabajo, sin que él pudiera hacer algo para evitarlo.


 Por La Tribuna

11, 1, Carlos Vicentt

Dicen que la delincuencia no perdona a nadie, ni al más desvalido, ni al más menesteroso. Que actúa sin miramientos ni contemplaciones aunque sus víctimas no tengan ni la más mínima posibilidad de defenderse, de hacer algo, no sé, gritar por último.

Fue el caso de Carlos Vicentt Echeverría, un hombre que tiene un severo problema motriz que lo tiene confinado en una silla de ruedas. También, con muchas complicaciones, se puede expresar. Sus palabras fluyen con extrema dificultad debido a esa enfermedad que lo tiene así desde su nacimiento.

Pese a todo, hace más de 20 años que ocupa su tiempo – particularmente en las mañanas – para la venta de ‘parchecuritas’, dulces, caramelos y golosinas en el centro de la ciudad. Sentado en su silla de ruedas y en una cajita plástica, se instala a vender su mercadería en algún punto de nuestra ciudad.

Sin embargo, hace algunos días, cuando se encontraba vendiendo sus productos en una galería cerca del mall, dos tipos pasaron por su lado y se llevaron su tarrito donde guarda el dinero que va recibiendo día a día por su trabajo.

Carlos nada pudo hacer frente a estos delincuentes. Es imaginable cuánta frustración debe haber sentido al estar postrado en su silla de ruedas, incapaz de hacer algo ante la arremetida de esos dos hombres jóvenes que se aprovecharon de su condición para tomar lo que no era suyo y simplemente irse. Unos pocos billetes y un puñado de monedas fueron birlados de la manera más baja que se pueda imaginar.

Ayer, cerca del mediodía, Carlos Vicentt seguía en las calles de la ciudad, haciendo lo que hace todos los días: vender dulces y ‘parchecuritas’ a los transeúntes que circulan por el centro, todos ataviados ahora con mascarillas para prevenir la expansión.

Carlos también la utiliza. Aunque el termómetro no superaba los 12 grados, el hombre postrado en su silla de ruedas permanecía en la galería Taito, en la entrada por calle Colón.

A duras penas, relató lo vivido hace algunos días. Mientras algunas personas les compraban sus productos, relataba parte de lo que fue el robo del cual fue víctima en un punto no muy lejano de donde estaba ayer.Dice que, pese a todo seguirá vendiendo, como lo ha hecho hace muchos años, aunque igualmente, confiado en que los delincuentes tengan un poco de compasión por él y su condición de postración.

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