sábado 28 de marzo, 2020

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El dramático cambio en el centro de Los Angeles por el temor al coronavirus

Pletórico de actividad, ahora las calles más céntricas de la capital provincial se observan completamente distintas. Muchos locales comerciales cerrados, otros tantos operando con escasa cliente y calles con muy poca gente es el panorama, en el inicio estado de catástrofe por la pandemia del Covid-19.


 Por Juvenal Rivera

52, calle Rengo, nombre con mascarilla

La cara de hastío de Lisette no puede ser más elocuente. Son las 3 de la tarde en el centro de la ciudad de Los Angeles y hay poca gente en las calles. Ya desde el martes que la cantidad de peatones se ha reducido de una manera que ella nunca antes visto.

Lissete, apoyada en un taburete, solía pasar sus jornadas procurando captar clientes para una empresa de telefonía y televisión por cable. Los interceptaba en la calle con su mejor sonrisa y les exhibía las bondades de su compañía. A veces funcionaba, muchas veces no, pero lo que sí era cierto era que se entretenía en el ejercicio de conseguir clientes de esa forma.

Pero ayer habían tan pocas personas por la calle y así, desmotivada, tampoco hacía mucho esfuerzo por ofertarles la amplia gama de planes de telefonía y las dejaba pasar a ese ritmo tranquilo de la gente que camina sin prisas, que aprovechaban de aceras inusualmente despejadas y abiertas.

Es que el panorama del centro de Los Angeles varió de manera dramática durante esta semana, después que las autoridades anunciaron el aumento de casos de infectados por coronavirus en el país. Hasta la semana pasada, según la joven, la ciudad vivía a su ritmo de todos los días, especialmente en las horas peak.

Pero ayer, 19 de marzo de 2020, el centro de la capital provincial parecía ser el esperable pero un día domingo cualquiera de febrero de hace 15 años. Pero las personas no se fueron en micro desde la avenida Ricardo Vicuña al río Huaqui a capear el calor incremente. No, porque tampoco ayer era un día de asueto. Ni tampoco hacía tanto calor. Ayer, en pleno día laboral, muchos permanecieron en sus casas, atendiendo los llamados de las autoridades a evitar las aglomeraciones, a rehuir de los grupos humanos numerosos para reducir las posibilidades de un eventual contagio. De hecho, entre el martes y el miércoles, vehículos municipales recorrieron la ciudad – divulgando mensaje por megáfono – para pedir a las personas quedarse en los hogares.

Y los pocos que circulaban por la ciudad tantos optaron por salir pero sólo a trámites más urgentes, a lo más básico. Y dentro de esos pocos que caminaban por el centro de la ciudad – como elemento nuevo del paisaje- hubo varios que lo hicieron con mascarillas. Otros emplearon pañoletas o pañuelos cubriendo su boca, aunque los especialistas adviertan que esto último no sirve nada nada.

En la jornada de ayer, el mall Plaza Los Angeles acató la orden gubernamental y todas sus tiendas permanecieron completamente cerradas, aunque sus accesos por el paseo peatonal y por Rengo permanecieron abiertos pero solo para que las personas pudieran acceder a alguna de las dos farmacias del primer piso.

La mayor parte de los locales permaneció cerrado ayer. Los letreros en sus accesos daban cuenta que las puertas no serían abiertas al público. Uno que otro abrió sus puertas, principalmente los locales de comida. Uno, en calle Caupolicán, puso una cinta a un metro del mesón para evitar mayor cercanía con los clientes, a fin de respetar la norma de la distancia como medida de protección. Otro, por calle Colo Colo, cerró sus puertas y solo atendía por una ventana estrecha.

Ni siquiera las vendedoras de humitas estuvieron con sus canastos, apostadas en sus lugares de siempre. También desaparecieron.

Los bancos atendían en grupos pequeños. Los clientes que iban llegando se apostaban a las afueras, esperando su turno. En una notaría de calle Caupolicán, un joven ataviado de un traje de protección que lo cubría enteramente, recomendaba a los usuarios que se agolpaban al lado afuera.

En las farmacias, especialmente la del Dr. Simi, por calle Colón casi al llegar a Colo Colo, se hacían filas aguardando su atención.

La municipalidad, atendiendo al decreto municipal de emergencia, permaneció con sus puertas cerradas. Y así todas las dependencias de la corporación edilicia.

Lisette dice que ella y el resto de las vendedoras de su compañía esperan instrucciones. Quizás no sigan, que tal vez no tiene asunto permanecer en la calle haciendo algo que parece no tener sentido. “Solo una persona me pidió consultar por un plan de internet porque quiere ver las películas en NetFlix”, dice.

Su única distracción fue ver cómo partearon a un tipo que estacionó una camioneta hiper-gigante justo sobre la vereda, en plena calle Colón, para pasar a comprar algunas cosas en la farmacia.

Hasta parece bostezar de aburrimiento y si fue así, hace esfuerzos por disimularlo. Es que hay más de 25 grados y algo de sopor en las calles de la ciudad que se multiplica por mucho justo después del almuerzo, en una tarde inusual en el centro de Los Angeles.

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