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Estudio sobre relación de agua con la masa forestal revela urgencia de recursos para mayor investigación

El trabajo fue elaborado por el Centro Tecnológico de Hidrología Ambiental de la Universidad de Talca (CTHA) y tuvo el apoyo de especialistas de las Universidades de Chile, de Concepción y Austral de Valdivia.


 Por La Tribuna

92, Mapa de la zona con el incendio forestal

“Antecedentes de la relación masa forestal y disponibilidad hídrica en Chile” se denomina el estudio publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) que buscó dar respuesta a relación entre el agua, el bosque nativo y las plantaciones forestales de pino y eucaliptus.

El trabajo fue elaborado por el Centro Tecnológico de Hidrología Ambiental de la Universidad de Talca (CTHA) y tuvo el apoyo de especialistas de las Universidades de Chile, de Concepción y Austral de Valdivia, los cuales se dieron a la tarea de responder un total de 14 preguntas relacionadas a estas materias.

En particular, una de las consultas versó sobre uno de los temas más controversiales, que es el reemplazo del bosque nativo por plantaciones forestales y cuál sería el impacto en la disponibilidad de agua a niveles de napas subterráneas y de cursos de agua.

Entre las conclusiones, se advierte que la urgencia de aumentar los recursos para más investigación sobre el agua: “Chile destina a ciencia y tecnología un 0,38% de su PIB, cifra muy baja para un país OCDE. Pero si se analiza cuánto se destina al agua, esta cifra cae al 0,0025%, según el Comité Chileno para el Programa Hidrológico Internacional de la Unesco. Es decir, al recurso natural más importante del país, que explicaría cerca del 60% del PIB, se le asignan escasos recursos para investigación y desarrollo”.

Además, se plantea la urgencia de una política nacional que impulse un plan de Investigación y Dearrollo que apunte a la obtención de un mayor conocimiento acerca de las disponibilidades y funcionamiento de los recursos hídricos, superficiales y subterráneos, en diversos ecosistemas, y su relación con escenarios de incertidumbre climáticos y sociales. “Solo de esta manera será posible establecer efectivas políticas públicas, sustentadas en conocimientos, certezas, interrogantes por dilucidar y, sobre todo, cooperación entre actores académicos, políticos, económicos y sociales”, se concluye.

PREGUNTA:

¿Existen diferencias en el consumo de agua entre una plantación forestal y una superficie equivalente de bosque nativo?

RESPUESTA:

En general, se puede decir que, al reemplazar bosque nativo por plantaciones, los estudios indican que no existen diferencias significativas en el balance hídrico de ambos usos, excepto durante los primeros años de crecimiento de los nuevos árboles establecidos. Sin embargo, estudios realizados en Sudáfrica indican reducciones en la escorrentía, cuando se ha reemplazado bosque nativo por plantaciones, detectándose cambios en el primer año (Eucalyptus) y tercer año (Pinus) después de realizada la plantación (Unesco, 2017). Esto permite inferir que los efectos hidrológicos de dicha conversión, están además en estricta relación con el tipo de vegetación preexistente, así como también con la especie comercial establecida.

De igual forma, debe considerarse que Sudáfrica posee un clima que permite la aparición de importantes lluvias durante el verano, hecho que no ocurre en Chile.

Al respecto, lamentablemente no se cuenta con suficiente información sobre el consumo de agua de las especies forestales nativas en Chile.

A lo anterior, se suman los resultados de los estudios/análisis citados en puntos anteriores. En el estudio de la cuenca del río Purapel, se indica que no hay diferencias significativas en la producción de agua en la misma cuenca, a pesar de la sustitución ocurrida.

En el análisis hecho a los caudales en las 42 cuencas, se estaría definiendo que no hay una relación directa del tipo de uso del suelo con la emisión de escorrentía superficial, y que esta podría deberse a otros factores como el hidrogeológico. Este mismo factor podría establecerse como el causante del por qué en cuencas con proporción de cobertura vegetal similar, hay diferencias al momento de llevar el caudal a caudal específico.

Bajo este mismo contexto, no se puede afirmar que el bosque nativo sea un productor de agua y las plantaciones sean consumidoras, ya que, para realizar sus procesos fisiológicos, los árboles capturan agua a través de sus raíces; esta agua es utilizada para el transporte de nutrientes y azúcares durante los procesos de la transpiración, fotosíntesis y respiración (Miller, 1967). Kosher y Harris (2007) señalan que un 95% del agua capturada por las raíces se utiliza en la transpiración, con el fin de enfriar las hojas. A su vez Miller (1967) indica que la fotosíntesis es el proceso que menor cantidad de agua utiliza, siendo aproximadamente, un 1% del agua capturada la que se utiliza en la síntesis de azúcares, proceso esencial para la generación de biomasa vegetal.

De lo anteriormente señalado se puede inferir que el consumo de agua es necesario para el desarrollo de las masas forestales, por lo que la afirmación de que el bosque nativo produce agua no tiene fundamentos biológicos ni ecológicos. No obstante, la tasa de consumo de agua difiere entre las especies, ya sean estas introducidas o nativas, así como también difiere según la edad de los árboles. En este sentido, gran parte de las comparaciones se realizan entre bosques jóvenes (plantaciones) frente a bosques adultos (nativos) y esta diferencia en el consumo de agua puede ser el origen del mito. Una plantación comercial joven (mismo objetivo de producción) con especies nativas es muy probable que consuma agua a tasas similares a una plantación joven con otras especies.

PREGUNTA:

¿Recomendaría la forestación como método de recuperación de los equilibrios hidrológicos?

RESPUESTA:

Entendiendo por zonas degradadas las áreas en las que ha habido pérdida del complejo suelo-vegetación y del rol que este juega como regulador de los equilibrios hídricos al interior de una cuenca, es altamente recomendable la forestación de estas áreas para alcanzar equilibrios hidrológicos y macroecológicos a nivel de las grandes cuencas.

Como ya se ha señalado, el rol del complejo suelo-vegetación es vital para asegurar la recarga de agua en los acuíferos. Esta situación no se  verifica en zonas degradadas y, en general, se advierte una escorrentía superficial que se produce con una muy baja cantidad de precipitación, es decir que la saturación del suelo se produce bajo un escaso monto de lluvia y eso determina que el agua fluya superficialmente, provocando erosión y sedimentación aguas abajo.

Las relaciones hidrológicas en los diversos ecosistemas son muy variadas y dependen de muchas variables. Estas son, por ejemplo, la precipitación (cantidad e intensidad de lluvias), la temperatura ambiente que puede generar mayor o menor evaporación, el tipo de suelo, la presencia o ausencia de la vegetación y su rol regulador, y el comportamiento de la variable hidrogeológica, que en muchos casos determina relaciones precipitación-escorrentía muy diversas.

Cada ecosistema posee características propias y particulares, las que definen el comportamiento del proceso precipitaciones-correntía y, por tanto, es altamente relevante entender que este proceso es muy particular y correspondiente con las singularidades territoriales que presentan las cuencas hidrográficas, en diversas partes del mundo.

Otro aspecto importante está referido a que, si bien las masas forestales propician una mayor infiltración de agua en el suelo, lo que se verifica incluso en zonas con altas pendientes, es también cierto que esa infiltración pasa a percolación profunda en muchas oportunidades, incrementando las reservas de agua de la cuenca mediante la recarga de sus napas.

Dichas reservas pueden aflorar nuevamente a los cauces superficiales, pero en zonas aguas abajo muy distantes de la que se produjo la infiltración. Esto determina que la zona alta pueda verse afectada por una reducción de agua, pero el conjunto de la cuenca se ve, en teoría, favorecida por esta acción reguladora de las masas forestales. Lo anterior es función de la hidrogeología del lugar, que determina la velocidad de paso del agua por los acuíferos y por las zonas no saturadas del suelo. Debe recordarse que la velocidad de paso del agua en las zonas superficiales se mide en metros por segundo, en tanto que las velocidades del agua subterránea se pueden explicar en metros por semana o por mes.

Las forestaciones masivas con características boscosas han sido llevadas a cabo en Chile principalmente en base a la especie Pinus radiata (D. Don) y especies del género Eucaliptus. Estas últimas pareciera que poseen un comportamiento del tipo “oportunista”, es decir que pueden encontrarse en estado de dormancia (inactiva) en invierno, pero si la temperatura de un día sube lo suficiente, la especie puede activarse temporalmente, absorbiendo así agua (lo que explica la constante presencia de falsos anillos en Eucaliptus). El Pinus, por otro lado, se mantiene en dormancia durante todo el período invernal, lo que se traduce en mayores volúmenes de agua para la recarga de napas freáticas.

Por lo tanto, si los procesos de intercepción y transpiración se consideran en conjunto, se podría decir que los eucaliptos utilizan más agua en comparación con el pino. Sin embargo, todo depende de las condiciones de sitio, de la textura del suelo y su capacidad de retención del agua  gravitacional, la hidrogeología de la cuenca, el clima local y la genética de los individuos, entre otras variables.

Al comparar hidrológicamente especies del género Eucaliptus y del género Pinus, un estudio realizado por Huber et al. (2010), encontró que la evapotranspiración en las cuencas forestadas con Eucaliptus sp es mayor que la de las forestadas con Pinus sp, lo que concuerda con lo encontrado por Smakthin (2001) en cuencas sudafricanas.

CONCLUSIONES

Una de las conclusiones es que “el conjunto de masas forestales, expresadas en bosques nativos y plantaciones forestales, tiende a presentar un mayor consumo de agua en los períodos estivales. Sin embargo, es en ese período cuando las ofertas de agua en climas mediterráneos son limitadas. Surge entonces la posibilidad de que las raíces sean capaces de capturar aguas desde los acuíferos, lo cual no es posible por limitaciones físicas y porque las napas se ubican en términos promedio a distancias superiores a los 20 metros, salvo que la vegetación se ubique muy cercana a cursos  de agua con disponibilidades hídricas. En este sentido, y como lo han expresado diversos autores, la única posibilidad de las raíces de obtener agua es a partir de la existente en los microporos del suelo.

Las masas forestales proveen servicios ecosistémicos ligados al mantenimiento de la calidad del agua. Esto es posible porque por medio de las raíces son capaces de capturar los nutrientes excedentes de las actividades humanas y de fenómenos naturales, por una parte. Por otra, las masas forestales constituyen una efectiva barrera para la retención de sedimentos en zonas altas, disminuyendo la incorporación de partículas de suelo en el agua y evitando una reducción importante del oxígeno disuelto, favoreciendo con esto último la conservación de peces y otros organismos acuáticos”.

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