domingo 29 de marzo, 2020

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Myriam Quezada: “Frente a estos procesos, nos damos cuenta lo pequeños y frágiles que somos”

Estuvo todo el 2019 fuera de la vida pública para enfrentar un cáncer mamario. Ya recuperada, de a poco retoma sus funciones. Recién el lunes pasado volvió a sus funciones en el Concejo Municipal angelino y a su agenda de actividades. En la siguiente crónica, relata su experiencia personal en el año más difícil de su vida.


 Por Juvenal Rivera

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El 22 de diciembre de 2019 pasado, Myriam Quezada Pérez (64) solo deseaba volverse a Los Ángeles. Ese día fue la última sesión de su tratamiento que la tuvo prácticamente todo el 2019 en la Región Metropolitana, enfrentando un cáncer mamario. Y así fue: al día siguiente estaba de retorno en su casa para pasar las fiestas navideñas con su familia, con su mamá Bernardita de 91 años y en la tierra que la vio nacer. Atrás dejaba uno de los años más duros de su vida, uno que la obligó a radicarse en la capital, a alejarse de sus funciones como concejala y enfrentar un duro tratamiento que tuvo una quimioterapia, radioterapia y hasta una intervención quirúrgica.Recién este lunes 2 de marzo volvió a participar en las sesiones ordinarias del Concejo Municipal donde fue recibida con cariño por sus colegas concejales y, de a poco, ha empezado a retomar su agenda de actividades, aunque todavía siente los efectos secundarios de los procedimientos médicos que le permitieron enfrentar ese mal: “Tengo que ir viendo porque no puedo retomar el ritmo de antes. Debo ir paulatinamente hasta retomar mi calidad de vida”.
LA ODISEA

Todo partió en diciembre pero de 2018, un examen de rutina (una radiografía con una ecografía mamaria) mostró que algo no estaba bien. “Entre tanta actividad de fin de año, pedí hora al médico y me hice el examen por cumplir, no porque me sintiera mal o porque me hubiera detectado algo”, explica.

El médico le diría después que algo no estaba bien, que había una irregularidad a nivel celular en su pecho izquierdo y que debía tratarse a la brevedad.

En los primeros días de enero de 2019, la concejala angelina (lleva cuatro periodos en el cargo) cuenta que “tomó la decisión de partir de ir a confirmar diagnóstico a la Fundación Arturo López Pérez (especializada en tratamiento de ese tipo de afecciones) y lamentablemente era efectivo, se estaba formando un tumor, era incipiente y había que tratarlo. Era un cáncer mamario”.
DÍAS EN LA CAPITAL

Aunque procuraba volver a Los Ángeles cada vez que podía, los tratamientos anticancerígenos le pasaron la cuenta en su humanidad y, al final, no le quedó más alternativa que quedarse en Santiago hasta que todo terminara. Su última actividad pública fue el 26 de mayo del año pasado en la ceremonia de celebración de los 280 años de la fundación de la ciudad. “Ya había empezado mi tratamiento y se me había caído el cabello por efecto de la quimioterapia. Eso me significó, como a todas las mujeres que pasamos por ese proceso, cambiar absolutamente el look con que la ciudadanía me conocía. Fue la primera vez que aparecí con mi turbante porque no tenía cabello”, rememora.

Pese al diagnóstico, asegura que decidió hacerle frente, que no arredró su ánimo ni sus ganas: “Siempre tuve mucha calma y tranquilidad para enfrentarlo. Entonces, dije ‘acá hay que irse con todo’. Es que siempre frente a circunstancias adversas, se me multiplica la fuerza, hay que hacer lo que hay que hacer, incluso estaba de acuerdo en hacerle una cirugía más invasiva pero tuve la suerte que se pudo minimizar ese efecto”.

Añade: “Nunca bajé la guardia. A mi familia le hice ver lo positivo de que afortunadamente me hice el control a tiempo, justo cuando esto estaba partiendo. De lo contrario, esto pudo haber avanzado sin darme cuenta porque fue sin dolor, tampoco se notaba si me palpaba. Si no me hubiese hecho el examen, todo habría sido muy distinto, mucho más complicado”.

También cree que le ayudó tener buena condición de salud y no tener antecedentes familiares de cáncer mamario: “Según me explicaron, esto proviene de un desajuste hormonal, que son temas a los que estamos expuestas las mujeres. Eso también me permitía decir no, esta cosa la gano, la gano y la gano”. 
EFECTOS SECUNDARIOS

Pese a su ánimo, admite no saber lo que era vivir un tratamiento tan doloroso e invasivo, cuyas consecuencias aún las sufre, aunque hace ya tres meses que terminó con los procedimientos médicos: “Soporté bastante bien hasta el último mes y medio de tratamiento. Ahí recién acusé recibo de mi tratamiento y caí de forma muy abrupta de tal manera que no podía caminar, levantar ni tomar un vaso de agua. También le tomé aversión a toda la comida, a todos los líquidos. La quimioterapia te hace rechazar los olores, uno se pone muy sensible. Uno tiene mucho efecto en la piel, en las manos, en los pies. Aún no puedo usar zapatos con taco todavía”.

Sin embargo, el duro año que le tocó vivir le hizo reflexionar sobre su vida: “Con esta enfermedad, uno empieza a mirar su vida hacia atrás. Hemos cumplido muchas etapas con mi esposo (Víctor Muñoz), mis tres hijos son grandes y profesionales. Dos de ellos han formado familia, tenemos cuatro nietos. En mi vida, siento que hemos cumplido”.Sin embargo, acota, “frente a estos procesos, nos damos cuenta lo pequeños y frágiles que somos. Uno anda a mil por ciento, trabajando, funcionando, en una vorágine que no para. Ahí uno se da cuenta que si me detengo, el mundo sigue girando, porque todo tiene seguir girando, funcionando”.

Reconoce, eso sí, que dentro de todo el cuadro, lo que sí le preocupaba era su madre Barbarita, de 91 años: “Me angustiaba mucho que algo le pudiera pasar a ella y no la pudiera atender”.

MIRANDO AL CONSEJO REGIONAL 

Aunque admite que en política nunca se sabe lo que puede suceder, en principio en las elecciones municipales de octubre próximo no se repostularía a concejala por Los Angeles. En cambio, buscaría una opción como consejera regional en representación de Biobío.“Al interior del partido hemos visto cuáles son las otras alternativas y creo que la más natural es el Consejo Regional porque permite estar muy en contacto con las demás comunas, aunque los lazos con mi comuna son enormes”, afirma.

Y acota: “Estaría dispuesta a sumarme al trabajo de los otros consejeros regionales. La idea es, como Partido Radical, recuperar el cupo que tuvimos y que se perdió. La idea es que llegue sin hacerle competencia a alguno de los que está en ejercicio, creo que tengo mis espacios y mi votación propia para ocupar ese cargo”.

Sin embargo, admite que su intención en el tiempo en que ha sido concejala habría sido tener la chance de disputar la alcaldía: “No lo logré porque en mi partido somos 10 mujeres, muy pocas. Es muy difícil, es muy desigual la contienda. Por eso es tan buena la paridad de género para la convención constitucional porque abre espacios para nuevos liderazgos”.“Me siento tranquila con lo que he hecho aunque me hubiese gustado tener mayores oportunidades, en lograr más cosas pero igual me siento conforme con lo que hecho, en el ámbito social, en los espacios de participación de las mujeres, en la lucha por la igualdad. Logré abrir espacios a muchas mujeres con las que trabajé. Es hora de ir viendo como las nuevas generaciones van avanzando y vamos logrando lo que tanto nos ha costado. Es una lucha permanente”. 

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