lunes 30 de marzo, 2020

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Las vivencias de una familia de inmigrantes venezolanos en el inicio del año escolar

Yanet Yepes nos narró su experiencia de vivir en Los Ángeles, ciudad en la cual se radicó con su familia hace ya 18 meses. Dice estar contenta y adaptada a una idiosincrasia diferente. También está orgullosa: su hijo menor de 12 años obtuvo el año pasado el primer lugar en su curso en una escuela chilena.


 Por Juvenal Rivera

71, Raúl y Yanet

Raúl José García Yepes es un niño venezolano de solo 12 años que en el inicio de este año escolar se encuentra cursando el séptimo año básico en la Escuela F-900, “República de Alemania”, establecimiento que está cercano a la planta azucarera Iansa, sector sur-poniente de Los Ángeles.Y aunque lleva recién un año y medio en Chile, en 2019 obtuvo un mérito académico muy importante: consiguió el primer lugar en su curso. Y eso no fue todo. Su prima Isabella Hernández, que va en el mismo curso, obtuvo el segundo puesto. Ambos fueron premiados a un viaje a la preciosa ciudad de Puerto Varas.Los dos estudiantes venezolanos arribaron con sus respectivas familias a nuestra capital provincial debido a la dramática crisis política y social en su tierra natal, la que los obligó a buscar nuevos rumbos.En muchos sentidos fue partir de cero, desde el principio. Dejaron atrás toda una vida en Venezuela para buscar una oportunidad en un lugar muy distante, como Los Ángeles, del cual ni siquiera sabían su existencia, según lo comenta Yepes, la orgullosa mamá de Raúl. “Allá teníamos una muy buena calidad de vida, estábamos muy bien pero todo decayó muchísimo, no era ni del 10% de cómo estábamos”, señala. Por eso, cuando llegó el tiempo de jubilarse (ella trabajó 25 años en una empresa hidroeléctrica y su marido toda una vida en ese mismo lugar), lo vendieron todo y se pagaron los pasajes hacia un país que les daba mayor seguridad.El destino era Chile y estando acá optaron por radicarse en Los Ángeles debido a unos amigos venezolanos que llegaron antes y que los acogieron cuando optaron por salir de su país natal. “Todo acá es muy bonito, muy ordenado, muy seguro”, dice.
EDUCACIÓNEn materia de educación, Yanet dice que, sin dudas, hay diferencias: “Hay cosas allá que están muy avanzadas en educación y hay otras que acá están más desarrolladas. Por ejemplo, álgebra se ve en los cursos superiores y acá se lo pasaron a mi hijo en sexto básico”.Aunque también tienen la exigencia de usar uniforme, agradece que los libros y cuadernos le sean entregados en el mismo establecimiento educativo: “debe ser por nuestra condición de inmigrantes”, acota.Lo cierto es que sí está muy orgullosa por los resultados académicos de su hijo menor y de su sobrina, los cuales se esmeran en aprender y adaptarse a un país distinto.Es que no se queja del trato recibido en nuestro país. “Solo un poquito no ha tenido un buen trato. Si lo pongo en porcentajes, no es más de un 5%. El 95% restante nos ha tratado muy bien”. Además, con su familia viven en un conjunto de departamentos de la villa Las Quintas que se ha convertido en una suerte de “Pequeña Venezuela” por el país de origen de varias familias que arrendaron en ese condominio. 
COMIDA Y MODISMOSDonde sí ha encontrado diferencias es en lo gastronómico y en el léxico. Lo primero lo ejemplifica de la siguiente manera: “Nosotros decimos ‘ahorita’, ustedes dicen ‘altiro’”.Le llama la atención las preparaciones nacionales. A otro de sus hijos le encantan las sopaipillas. Por lo menos, les queda como consuelo que la harina de maíz, materia prima para las arepas, se puede encontrar en varios locales y supermercados de la ciudad, lo que les hace rememorar los sabores de su tierra. “A lo que ustedes le llaman choclo, nosotros le decimos simplemente maíz. Y aunque el de acá es un poco más suave, hacemos algo parecido a las humitas de ustedes pero sin cebollas, que le llamamos cachapa”, señala.También les ayuda en la mantención de sus tradiciones que en la misma escuela “República de Alemania” se hagan actividades en que se muestran las preparaciones gastronómicas de los distintos países, incluido el de ellos.Pese a las diferencias, dice que con su familia no tienen intenciones de volver a Venezuela, pese a que puede cambiar el actual escenario político. “Nadie conoce el futuro pero, de momento, no. Sería como volver de nuevo a partir desde cero y no, no lo quiero”. 

DATOS

De acuerdo a datos a octubre de 2019 de la Dirección de Administración de Educación Municipal (DAEM) de Los Ángeles, el total de estudiantes extranjeros matriculados en escuelas, liceos y jardines infantiles suma 324. Esto representa aproximadamente el 2% de la matrícula total que lleva a los 16 mil 600 estudiantes que, este jueves, iniciaron sus jornadas lectivas en la capital provincial.De ellos, la gran mayoría – 74% – proviene de dos países del continente: Venezuela (40) y Haití (34). Según ese antecedente, 130 son de nacionalidad venezolana y 113 son ciudadanos haitianos. Otros 31 son colombianos, 13 de Ecuador y 10 de Perú. Como dato anecdótico, también hay matrículas en el sistema público de niños o niñas de Cuba, Canadá e Italia.

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