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Migrante le cambia la cara a las ciudades de la mano de su cultura

Los procesos migratorios de los últimos años en América y el mundo han permitido que la cultura y la sociedad nacional se modifique y cambie en vías de un futuro en el cual muchos aspectos de la chilenidad van a estar teñidos con los sabores, ritmos y colores que traen consigo.


 Por La Tribuna

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Los movimientos transfronterizos de personas y la creciente diversidad de las sociedades son inevitables, al mismo tiempo que necesarios para que el movimiento cultural vaya desarrollando el mundo de manera armónica. 

Es que desde los principios de nuestra historia republicana hemos hecho gala de aquella frase de la canción que dice “y verás cómo quieren en Chile al amigo cuando es forastero”, hemos tenido un espacio para quienes bajaron de los barcos en siglos anteriores o los que escaparon de las guerras y miserias en la centuria pasada.

En la historia reciente, y dentro de este mismo contexto de cambios, es que hemos visto cómo la sociedad chilena se ha ido nutriendo en los últimos treinta años con la llegada de migrantes de diferentes países de Latinoamérica. Los peruanos, por ejemplo, a finales de los noventas, que fueron la primera oleada que llegó a Chile buscando nuevas oportunidades; o los centroamericanos que, a razón de problemas políticos y sociales, llegaron hasta esta parte del frío sur del mundo para cambiar lo tropical, a cambio de una vida mejor y más tranquila. 

Ese proceso no se ha detenido hasta el día de hoy en el que podemos ver a ecuatorianos, dominicanos, colombianos, venezolanos y argentinos que han venido a hacer familia y a tratar de establecerse en nuestra sociedad de distintas formas, trayéndonos no solo otra cultura, sino además muchos alegres nuevos contrastes.

Y es que ocurre que la migración genera importantes beneficios financieros y sociales para los migrantes, así como también para sus familias y los países de origen y destino. Los trabajadores se mudan al extranjero, lejos de sus familiares y amigos, principalmente para buscar un mejor empleo que produzca una mejor calidad de vida para ellos y sus seres queridos que han dejado atrás. Los salarios ganados por los migrantes y los fondos excedentes son enviados a casa, las remesas, constituyen el segundo mayor flujo de capital a los países en desarrollo, detrás de la ayuda gubernamental para el desarrollo de cada país.

DESDE VENEZUELA

Javier Camacaro llegó desde Venezuela y está radicado en Chile hace ya varios años. Acá ha sido un tenaz emprendedor local, dueño de Comercial Na Guara.

En conversación con La Tribuna respecto de qué ha sido lo más complejo al arribar a Chile, y en especial a Los Ángeles: “Lo más difícil de venirse a vivir a Chile, como a cualquier parte del mundo, es dejar tus raíces, dejar tus amistades, tu cultura, y comenzar desde cero después que lo tienes todo en tu país, después de que has crecido, has estudiado, has vivido en tu país natal”. 

Al llegar al país “la parte más difícil es el proceso tan lento que tiene Chile en otorgarte un permiso de trabajo, una cédula de identidad, en darte la legalidad para poder trabajar (…) Es difícil porque no encuentras trabajo fácilmente”. 

Sin embargo, y a pesar de las dificultades, a la hora de hablar de su experiencia angelina, reconoce una alegría de estar en este rincón del país. “Una de las cosas por las cuales yo me vine a Los Angeles es por la calidad de vida. Es la paz, la tranquilidad, es ver en que todo está en pleno crecimiento, pero muy lento. Chile es un país que va en vías de desarrollo, y es un gran país para emprender”, señala. 

Y agrega que: “Este es un país en el que puedes alcanzar muchísimas cosas con mucho esfuerzo, y con mucho trabajo y dedicación, y constancia, pero el gobierno te frena el que, de repente, quieras establecer una empresa”. 

NUEVOS COLORES, NUEVOS CHILENOS

Existen más de 232 millones de migrantes internacionales en el mundo, según cifras publicadas por el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (UNDESA). 

La migración suele estar impulsada por la búsqueda de mejores medios de vida y nuevas oportunidades. De hecho, las desigualdades sociales y económicas mundiales y regionales se expresan con mayor fuerza a través de la figura del migrante, como aquel que cruza las fronteras en busca de trabajo, educación y nuevos horizontes.

Y con la migración ocurre el fenómeno de que se transforma el país o el lugar al que llega el migrante. Por eso es que desde hace años hemos visto cómo nuestra sociedad se ha nutrido desde distintas áreas. 

Ya por ejemplo en el fútbol con la llegada de jugadores y entrenadores que han cambiado la manera de entender el juego; o con cantantes y bailarines que han traído sonidos distintos que modificaron nuestras fiestas y estilo de vida. Así como también en lo gastronómico, se han conocido nuevas texturas, mezclas y sabores, que no solo han abierto un mundo para los que gustan de salir a restaurantes, sino que además han provocado que hasta en nuestras verdulerías y ferias libres aparezcan productos que hasta hace 15 ó 20 años ni siquiera conocíamos.

COLOMBIA

Quien también conversó con La Tribuna fue el colombiano Manuel Flores, administrador de la Barbería Estilo Latino, quien comentó de las dificultades que sintieron al cambiar sus paisajes por los nuestros. En cuanto a la gastronomía nos da un dato crucial: “Para nosotros, lo más difícil en un principio fue en el tema gastronómico porque la comida no es igual. Si queremos realizar algún plato típico de nosotros, es muy complicado conseguir la materia prima como tal, no se consigue, tendríamos que ir hasta Santiago para poderla tener, o a veces hasta Antofagasta porque como está más pegado hacia el norte sí se pueden conseguir algunas cosas, pero ese es el principal problema”. 

Otra de las grandes barreras a superar fue la climática: “Lo otro es el tema de las estaciones, porque desde donde nosotros venimos no hay variación en las estaciones. El frío nos golpea muchísimo porque venimos de un clima tropical. Acá, por ejemplo, las temperaturas de menos tres grados son fatales para nosotros. Esas son las cosas más puntuales, el clima y la gastronomía”. 

Así como los venezolanos, colombianos, peruanos, haitianos, que hoy en día no solo viven y habitan acá en la provincia, son miles los que llegaron y van a seguir llegando. 

Por eso, es importante saber que, más allá de que cualquier proceso de cambio en un comienzo resulta extraño, tenemos que reconocer que vivimos en un momento histórico en que Chile cambió culturalmente gracias a la llegada de estos nuevos chilenos. 

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