martes 10 de diciembre, 2019

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Carta a un hermano: Ossu Campeón


 Por Gonzalo Meller

opinion

Por Jano Nahuel

El corazón late un poco más acelerado antes de saltar al tatami. Es imperativo controlar las pulsaciones para manejar el cardio, pero no es una tarea tan fácil con tantas emociones recorriendo el cuerpo y la cabeza en este momento tan esperado. Control. Que los ojos no se nublen, que el aliento no se corte y las piernas se mantengan firmes en los próximos 3 minutos. Control, piensa Gabriel.

El camino del guerrero en la cúspide, el anhelo de todo artista marcial. Combatir contra los mejores exponentes del mundo en la tierra sagrada, allí donde nació el arte de las manos vacías (significado del karate). Camino que muchos quisieran andar y que el Gabo ha recorrido con la humildad que lo caracteriza, a pasos de esfuerzo y mucho sacrificio. ¿Suena a cliché? Pero para quienes conocen a mis primos sabrán que no blofeo.

Les recuerdo de niños relatando con alegría la obtención de sus primeros reconocimientos como artistas marciales. ¡Cuánto debieron hacer para obtener cada grado y cada cinturón en kyokushin angelino! Las restricciones para costear viajes, los malabares para seguir sus objetivos y lo mucho que había que luchar en la Santiago Bueras para salir adelante. Nunca decayeron, con una sonrisa golpearon al destino y se siguieron abriendo huella.

Recuerdo Gabriel junto la cama del hospital del Marce luego del accidente. Juntando fuerzas, forjando esperanzas donde todos se desmoronaban y haciéndose pilar con la sabiduría de un alto maestro sensei. Nunca se movió del lado de su hermano, entregó fuerza, meditación y parte de él también ganó esa batalla.

Este viaje hasta la tierra del sol naciente comenzó hace tanto años, con tantos sueños, con tantas ilusiones, tanto sudor, tanta sangre y tanta lagrima que hoy se coronan en 3 pequeños largos minutos. Somos tantos los que nos sentimos representados en ese blanco kimono, somos tantos los que nos emocionamos con ese salto al tramado de combate.

Se acerca el inicio de su pelea. El Gabo sube con la seguridad que siempre demuestra vestido de blanco. Su rostro denota confianza. Aquel muchacho de sonrisa alegre y mirada tímida, con el karategui de armadura es otro, prácticamente irreconocible, imponente, gallardo, simplemente admirable. Mirada fija, temple de acero, mezcla perfecta entre nuestros antepasados mapuche y el mítico samurái nipon.

El combate es fiero, hay ansiedad en ambos competidores, movimientos felinos, golpes duros. Cada tsuki* lleva una historia detrás, cada mawashi* arrastra un deseo inmenso, personal como no, pero también de una familia que alienta nerviosa, de un pueblo que espera a sus héroes.

“Tengo las manos hinchadas primo… le pegue con todas mis fuerzas”, me dice en la mañana siguiente. No tengo dudas, que así fue. Tengo la certeza de tu pasión Gabo, tengo la certeza de cada esfuerzo realizado, de tu compromiso con toda la gente que te apoya y te quiere, de tu convicción sabia por haber dejado de lado un sinfín de cosas y dedicarte por completo a tejer este sueño.

Ganaste, no tengo dudas de eso. Por haberte parado ahí con nervios de hierro en la cuna de las artes marciales. Por haber lanzado golpes como sueños y haberlos aguantado estoico toda la vida. Ganaste por llegar hasta allá y darle cara al destino que tantas veces te negó merecidos galardones. No conozco nadie mejor que Gabriel, si tuviera que pensar en alguien que se mereciera este premio, mil veces se lo entregaría al Gabo.

Que regreses sabiéndote ganador, con una mochila llena de anécdotas, experiencia y madurez. Que tu sonrisa inunde los tatamis, que los karatecas angelinos puedan crecer contigo. Que tu sueño siga haciéndose realidad  y la vida te siga dando oportunidades y alegrías.

Ossu campeón.

Karate: arte de las manos vacías

Karategui: traje (uniforme) para practicar karate

tsuki*: golpe de puño

mawashi: patada con giro de la pierna.

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