domingo 29 de marzo, 2020

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Crónica

Testimonios: Los ecos de una noche inolvidable

Cinco angelinos regresan a la madrugada del 27 de febrero para recordar qué estaban haciendo y cómo fueron los días posteriores.


 Por La Tribuna

terremoto 2010

No hay quien haya vivido el terremoto del 27 de febrero de 2010 que no recuerde qué estaba haciendo en el momento de la madrugada en que la naturaleza rugió con fuerza en la zona centro sur del país. La pregunta se ha venido repitiendo desde ese día: ¿Qué hiciste para el terremoto? Diez años después, con más tranquilidad, diario La Tribuna consultó en la calle a cinco angelinos para saber cómo vivieron esas difíciles horas y los días posteriores. Como se puede leer, a todos les bastó la sola mención a ese momento para prácticamente volver a sentirlo otra vez.  

Guillermo Burgos

Yo viví también el terremoto del año 60, tenía como 10 años, y el de 2010 en la casa, en la población Galvarino. Lo que puedo decir es que las casas se movían de lado a lado, alarmas sonaban por todos lados. Como tenía experiencia de otros, calculé que era un grado 8 o 9. La gente lloraba y gritaba por un lado. Yo fui 40 años bombero, así que algo me manejaba. Estaba con mi señora en la casa. Yo me puse a ver la casa, a ver si estaba fracturada o no. Al frente de nosotros había una persona en cama, así que los ayudé, les pasé una linterna que hasta el día de hoy no me devuelve. Pasaron días en que, como no había luz, tomábamos once en los antejardines y primera vez que uno se comunicó con los vecinos. Pasó esto y se acabó todo. O sea, el terremoto sirvió para algo lindo.  

Jorge Calas

El 27 de febrero en la noche, el día que salí de vacaciones. A las 3 de la mañana empezó a temblar. Debo reconocer que no me di cuenta que era terremoto, estaba al norte de Santiago. Yo era bombero y me llamó mi capitán. Estaba destruido pero no tanto como acá en la región, que fue bastante más. Después nos dirigimos a Cauquenes y Constitución. Fue bastante complejo llegar, yo llegué después del carro en un auto de Carabineros. Una ciudad destruida, todo cortado y una devastación gigantesca, más grande que lo que se mostró en la televisión. Muchas personas fallecidas, muchas personas sin hogar y también muchos que se aprovecharon de la oportunidad. La gente vendía las cosas que se robaba. En los días siguientes vino el acuartelamiento general, en los trabajos le dieron facilidades a Bomberos. No dormí nada, la verdad es que no se duerme mucho. Fue una experiencia difícil, yo creo que a cualquier bombero lo marca de por vida. 

Nancy Melo

En el edificio Esmeralda, que está en Arturo Prat. Fue horrible, para qué le cuento. Además no dejaban entrar, quedamos sin luz y sin agua, porque no encendía el motor. Yo lo pasé solita, nomás. Tuve que quedarme afuera en el patio, no nos dejaban subir a los departamentos. Después me tuve que ir donde una hermana, no hallaba dónde alojar, pero ella tiene casa en un primer piso. Eso fue como un mes, más o menos, que fue problemático porque todos los días había un remezón y otro. No pasaba. Fue terrible, una experiencia tremenda. Lo viví, lo sufrí más que lo viví. Para que quede en la historia, que la gente sepa lo que se vivió. Después había que hacer fila para entrar a los supermercados, había que comprar de a poco, que todo se terminaba… también había miedo de salir porque podía tocarle un temblor fuera de la casa. Lo más terrible es que uno salió con la pura ropa puesta, a una no la dejaban subir ni vivir en su casa. 

Pedro Valdés, presidente de Comivela

Lo viví con temor, estaba con mi familia en casa. Gracias a Dios no pasó nada. Esos días estaba pintando, así es que unos muebles se cayeron sobre unos vidrios y fue eso no más. El temor es que no estaba mi hija y mi señora quería salir a buscarla, pero yo le dije ‘es grandecita, vamos por partes, no sacamos nada en salir todos a buscar a los niños; dejamos que ella llegara sola’ y nos preocupamos de nuestras familias  después me vine a la Vega. A mí me dijeron que se había caído, una infraestructura recién hecha, tenía como seis años. La verdad es que se había caído lo anterior, lo que estaba como parte de lo que estaba en el terminal. Vimos que no era eso. Adentro del centro comercial a los vecinos no les pasó nada, solo se cayeron algunos refrigeradores. A mucha gente le pasaron cosas muy graves y anecdóticas. Aquí los primeros días todo cerrado pero a los tres o cuatro días la Vega siguió funcionando. Yo fui a Concepción a los días y no había nada, yo ni siquiera se me ocurrió llevar agua o algo para ayudar. Ahí me di cuenta de lo que nos habíamos salvado en Los Ángeles, ahí vimos que empezó a llegar gente a comprar desde allá. Fue por mucho tiempo una zona de abastecimiento, mucha gente vino del sector de la costa.  

Priscila Rodríguez

Lo viví en mi casa, en Camilo Henríquez. Fue terrible, estaba viendo el Festival y me fui a acostar. Como diez minutos después, como que alguien tomó mi cama de los pies y la sacudió. Desperté muy asustada. El ropero, uno antiguo de tres cuerpos, se inclinó hacia la cama; yo como pude lo empujé con la adrenalina del miedo. De ahí salí. Cuando quise tomar la puerta, la puerta se iba y yo no la alcanzaba. Yo miraba mi casa y era igual que un bote, se movía. No podía salir porque la puerta cada vez que la trataba de tomar se me arrancaba. Después estuvimos un tiempo sin luz y sin agua, lo que más me afectó fue la falta de agua. Intentamos salir al patio, que es lo más seguro. Nuestra casa es grande y devolvernos al dormitorio nos daba miedo. Lo que me impresionó fue la luna, nunca la había visto tan grande y de ese color rojizo anaranjado. De los días siguientes me impresionó en la calle Lynch una cornisa en el suelo, también los departamentos de Santiago Bueras con los departamentos apoyados uno con otro. Después, en el supermercado me pusieron un número, el quinientos y tanto, para poder comprar. Cuando entré ya no había nada, yo solo quería agua. Quedé como a dos cuadras de la entrada de ese supermercado. Y a cada rato las réplicas. Yo estuve dos semanas casi sin poder dormir. 

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