martes 15 de octubre, 2019

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Crónica

Cantando parvularias evitaron que los niños entraran en pánico en medio del tornado

A la hora del tornado, ocurrido la tarde del jueves 30 de mayo, aún permanecían ocho niños en el jardín infantil, en el sector Sor Vicenta 2.


 Por Claudia Robles

Jardin Smiley Kids Sor Vicenta (39)

Claudia Robles Maragaño

Faltaba más de una hora y media para que los niños se retiraran del jardín, cuando las “tías” divisaron cómo vientos huracanados arrasaban con todo lo que encontraban a su paso, fenómeno que motivó la inmediata reacción de Claudia Uribe Valdebenito, educadora diferencial, y de la asistente de párvulos Claudia Queirolo en el jardín infantil After School Smiley Kids en el Parque Sor Vicenta 2, en plena zona cero de Los Ángeles.

Los pequeños, de entre 2 a 5 años, habían terminado un taller de repostería. “De repente nos dimos cuenta que se cortó la luz, entonces la tía Claudia vino a activar la luz de emergencia y en eso vimos supuestamente granizos gigantes”.

La educadora diferencial del establecimiento, ubicado en el pasaje Diego Velásquez 931, recordó que en ese momento, sorprendidas por el fuerte ruido, se aproximaron a la ventana. “Nos dimos cuenta que no eran granizos sino que venía madera, techos, una lavadora que le cayó a un vecino un poquito más allá y tomamos a los niños y los llevamos al área de cocina, que era el lugar más amplio y más cerrado que tenemos. Tampoco tenemos instalación de gas, y no hay ventanas”.

Al no tener experiencia en este tipo de emergencias, sostuvo que actuaron por instinto. “Sentamos a los niños. A todos sentaditos en el suelo y lanzamos un par de juguetes, que estaban a la mano. Nos pusimos a cantar y así ningún niño lloró. Tal vez cantamos tan fuerte, que no sintieron el ruido porque ninguno lloró ni se asustó”, comentó.

AL PISO

“No me pregunte qué canciones cantamos pero logramos mantener el control de la situación”, expresa Claudia Uribe, en conversación con Diario La Tribuna, en la sala de trabajo del jardín, al puntualizar que de inmediato trasladaron a los niños a otra instalación. “Como que los niños no alcanzaron a ver todo lo que venía. Aquí, lo que impidió que se quebraran los vidrios, fue la publicidad con láminas en las ventanas. Costó que se despegara esa lámina pero además impidió que los vidrios volaran o se quebraran, como ocurría en otras casas”, contó.

En lo inmediato, reconoció que actuaron por instinto protector al llevar a los niños a una sala contigua. “Nos tiramos al piso. Eso fue lo que hicimos nosotros sin saber. También somos madres y en ese momento los niños eran nuestra responsabilidad. Son nuestros pollitos y lo más que teníamos que hacer era protegerlos”, recordó.

Ahora recuerda de manera anecdótica que llamó a cada uno de los padres y apoderados de los niños, que no se imaginaban lo ocurrido. “Comienzo a llamar a los papás y nadie me contestaba. Era horrible porque nadie me contestaba y yo llamaba insistentemente. Los papás me decían que no tenían llamadas perdidas mías y luego ninguno sabía lo que había pasado”, expresó.

En la medida que los padres acudían a retirar a sus hijos, comenzaron a dimensionar lo ocurrido, mientras los llamados telefónicos continuaban de manera insistente, hasta conseguir que los niños regresaran tranquilos a sus hogares.

LA EXPERIENCIA

Ya con la tranquilidad del paso de los días, Claudia Uribe comenta que la forma de abordar los protocolos de seguridad se va modificando. “Los chilenos estábamos preparados para terremotos o sismos pero nunca un tornado. Eso, ni lo imaginábamos. La experiencia nos sirvió a todos y ahora tenemos que estar preparados para todo evento”, comentó.

Tras la vuelta a clases, conversan con los niños sobre qué hacer, que conozcan cuál es la zona de seguridad. Enseñarles y conversar para que sepan enfrentar ante un fenómeno tan inusual. Darles calma y seguridad”, tal como la tarde en que ocurrió en tornado.

RECOMENDACIONES ONEMI

¿Qué hacer?

En un tríptico, la Onemi enseña reconocer las señales de riesgo, poniendo énfasis en situaciones como “una nube grande, obscura y rotante de la que se desprende una forma de embudo”, “un ruido fuerte, similar al sonido de un tren de carga o varios camiones acercándose” y “un remolino de objetos levantados por el viento puede indicar la presencia del tornado, aun si la nube en forma de embudo no es visible”.

La entidad recomienda que si el tornado amenaza el lugar donde las personas se encuentran dirigirse al nivel más bajo de la edificación, a las habitaciones interiores o lugar central como baños, la parte baja de la escalera o clóset que resultan ser los sitios más seguros y al mismo tiempo evitar lugares abiertos y estructuras con techos grandes y ligeros como gimnasios, y galpones.

En caso de enfrentar este fenómeno al aire libre, la Onemi recomienda recostarse sobre el suelo, “idealmente en alguna zanja o depresión del piso y cubrir la cabeza y el cuello”.

“Los niños no se dieron cuenta de lo que ocurría afuera. Por la ventana pasaban volando techos, maderas. Hasta una lavadora”.
Claudia Uribe, educadora diferencial.
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