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Crónica

Yilda Vilda Pozo: "Al final de 4º medio decido que mi vocación es está que quería ser religiosa"

La necesidad que siente esta mujer en su corazón de ayudar al prójimo, la llevó a renunciar a una vida común para dedicarse a la religión.


 Por La Tribuna

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María Paz Rivera Arévalo

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En el día de la mujer Diario La Tribuna quiere destacar a féminas valientes que han rechazado el qué dirán y el paradigma social para poder seguir su corazón cumpliendo metas y desafíos que llevan desde pequeñas.

Una de ellas es la Hermana Yilda Vilda Pozo (40), quien actualmente se encuentra viviendo en Cunco –novena región- mientras se desempeña actualmente como Directora del Liceo Politécnico Santa Cruz de Cunco.

Yilda es oriunda de Puerto Domínguez, estudió en un colegio rural de campo para posteriormente trasladarse al Liceo Politécnico en el que se encuentra trabajando. En su etapa escolar comentó ser una niña completamente corriente llevando una vida común, hasta los 14 años cuando conoció a las hermanas de la Santa Cruz y descubrió que su deseo era ofrendar su vida.

“Yo siento que mi vocación la reconocí cuando estaba en 3º medio a través de grupos de formación que teníamos que se llamaba pastoral vocacional donde se nos invitaba a tomar té con las hermanas, a compartir la vida un poco quienes éramos, lo que queríamos ser, una conversación muy natural y al final de 4º medio decido que mi vocación es está que quería ser religiosa”.

Desde ahí la vida de esta mujer dio un giro, conoció cada día más de Dios, del amor, el respeto, y el anhelo por ayudar a las personas más desamparadas, a aquellas que sufren, lo que pasan desapercibidos pero están ahí.

Muchos creen que llevar una vida religiosa es sacrificio, pero para esta hermana es un goce, pues ella siente que su vida no le pertenece, y ve que por medio de acciones que ella realiza logra contribuir en la felicidad de las familias.

“La verdad es que son todas las opciones buenas, el compartir, el salir, el aprovechar de los recursos de tu trabajo. Siempre para mí fue como ¿qué crees para ti que te hace mucho más feliz?, y lo que a mí me hace mucho más feliz.. es esto”.

Sin duda se destaca el gran amor que va dentro de esta mujer, además de la fortaleza y valentía que tuvo a los 21 años para renunciar a su trabajo e ingresar al convento para poder cumplir sus sueños.

Yilda cuando salió de 4º medio ni ingresó inmediatamente al convento, ya que debía tener 18, por lo que trabajó un tiempo con el titulo que había obtenido en su liceo técnico como diseñadora.

En Santiago estuvo tres años, momentos donde experimentó situaciones como cualquier joven, tuvo amigos y lo disfrutaba, pero ella menciona que siempre sintió en su corazón la necesidad por entregarse a la vida religiosa.

Después de esos tres años de trabajo, Yilda volvió a encontrarse con las hermanas de la Santa Cruz, y ahí tomó la decisión ya con 21 años de ingresar al convento.

Cuando se le pregunta a esta hermana como se siente al pensar en todas las cosas que tuvo que renunciar, tales como su trabajo, una vida amorosa, familia quizás, ella muy decidida dice “en realidad yo siento que no he renunciado a nada extra, yo he hecho la opción. Optar por una vida religiosa y soy feliz en ella”.

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