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Crónica

Carretera hídrica: un proyecto que despierta más dudas que certezas en Biobío

La iniciativa, impulsada por la Corporación Reguemos Chile, genera una fuerte resistencia en la zona entre distintos actores relacionados con el uso del agua.


 Por La Tribuna

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Más dudas que certezas o, derechamente, una fuerte resistencia despierta el proyecto de carretera hídrica, entre diferentes actores del ámbito productivo de la región del Biobío, tanto del sector público como privado.

La iniciativa, impulsada por la Corporación Reguemos Chile, busca materializar un sistema que permita el trasvase de agua desde fuentes ubicadas en el sur del Chile, particularmente, desde puntos cordilleranos de la provincia de Biobío, hacia el norte del país.

La obra promete regar un millón de nuevas hectáreas para el país, según destaca en su sitio web la entidad que lidera el proyecto, además de otros beneficios. Sin embargo, los más escépticos ya prevén que detrás de esta innovadora iniciativa no se esconden más que particulares intereses, como pueden ser los de las empresas mineras, de disponer de un mayor volumen de agua para sus procesos, considerando la escasez que existe en el norte de este recurso.

En ese marco, la Sociedad Agrícola de Biobío A.G (Socabio), con apoyo del Centro de Ciencias Ambientales de la Universidad de Concepción (EULA-CHILE), organizaron un seminario, destinado a analizar los efectos que pudiera llegar a ocasionar un proyecto de esta envergadura, más aún si se considera que los puntos de extracción del recurso o el origen de las aguas estarían ubicados en sectores cordilleranos de la provincia de Biobío.

La actividad se desarrolló en el auditorio Ronald Ram de la Universidad de Concepción sede Los Ángeles, y contó con la participación de representantes de diferentes sectores involucrados en el tema: regantes, turismo, municipios, instituciones académicas, hidroeléctricas, comunidades indígenas, entre otros.

Al respecto, el presidente de Socabío, José Miguel Stegmeier, reconoció estar preocupado, “porque creemos que la carretera hídrica está generando muchas expectativas, sobretodo, a la gente que, eventualmente, va a recibir estas aguas en el norte, pero queremos antes que esto se apruebe o no, saber qué es lo que pasa, exactamente, en nuestra región. Y lo que nosotros pensábamos como agricultores era que quizá esta carretera hídrica solamente nos iba a afectar a nosotros como regantes. La verdad es que, aparentemente, tiene muchos más efectos en otros ambientes, como, por ejemplo, en el tema del agua potable en Concepción, lo que tiene que ver con la flora y fauna del río (Biobío). Hay muchos factores que no se han analizado, y nosotros esperamos que con esto contribuyamos a que este análisis sea lo más completo posible”.

Asimismo, manifestó sus aprensiones respecto del tema, considerando la variante climática. “Efectivamente, nos parece que el cambio climático es evidente, y eso hace que tengamos más preocupación respecto de si nos sacan agua de acá de la región del Biobío”.

“No estamos ni a favor ni en contra en estos momentos, estamos muy preocupados, en el sentido de si, efectivamente, se construye, podemos vernos nosotros afectados como región. Insisto, no solamente desde el punto de vista de nuestros riegos, sino también del punto de vista ambiental, del consumo humano de agua potable y, sin duda, también de lo que está pasando con todo el tema energético. Hay muchas centrales que están en la cuenca del río Biobío y de alguna manera también ellos están requiriendo esas aguas, por lo tanto, como además esta extracción sería en la cordillera, en los niveles más altos de la provincia, sin duda, afectaría a todo el sector que baja hasta la costa”, agregó.

LA EXPERIENCIA DEL CANAL LAJA-DIGUILLÍN

En ese sentido, Stegmeier puso como ejemplo lo sucedido con el canal Laja-Diguillín, que traslada agua desde el lago Laja hasta la zona sur de Ñuble. “Cuando nos opusimos a su construcción se nos consideró que éramos como sector agrícola egoístas, que no queríamos compartir las aguas y la verdad es que no se dimensionó los efectos negativos que tuvo ese proyecto”.

A su parecer, esta obra sólo ha contribuido a disminuir el nivel del lago Laja, ya sea por el mal manejo de las aguas u otras causas que pueden ser climáticas u de otra índole. “Eso hace que todo nuestro sistema de regadío se ve a afectado como regantes del Laja, pero a la vez se afecta, obviamente, la gente de Ñuble que no está llevando suficiente agua de lo que pensaban”.

“En el turismo vemos efectos negativos, por ejemplo, en los Saltos del Laja. Nuestro principal centro turístico del valle central vemos que en verano, de repente, lleva menos agua. También desde el punto de vista ambiental, porque cuando se le restó agua al río Laja, eso produjo un impacto en la cuenca del Biobío. Eso se nota en Concepción, donde tenemos muchos más elementos pesados en las aguas. El Golfo de Arauco también se ha visto afectado, porque creemos que desemboca menos agua al mar”, añadió.

“El impacto que se produce no solamente afecta al origen de la extracción, sino que a todo lo que significa aguas abajo en un río en curso”, concluyó el presidente de la Sociedad Agrícola de Biobío A.G.

Para el gerente de la Asociación de Canalistas del Laja, Héctor Sanhueza, el canal Laja-Diguillín también resulta un buen ejemplo como para avizorar –a una escala menor- lo que puede llegar a ocurrir en la región de concretarse una carretera hídrica que parta en Biobío y llegue hasta el note de Chile.

“Hoy día nosotros tenemos que trabajar en un modelo que va agotando el río a medida que transcurre el tiempo. Por lo tanto, todos los que están hacia aguas abajo están sintiendo su efecto, el río Laja que ya no está uno dos meses secos, sino que va a estar tres o cuatro meses, por lo tanto, hay que buscarle solución a eso”, expresó el ejecutivo.

“Los problemas que ya existían desde antes del Laja-Diguillín, más los que existen hoy día, todo eso se exacerbará, será todo mucho más intenso y aparecerán nuevos problemas”, advirtió Sanhueza.

En su caso, él se manifestó abiertamente contrario a la iniciativa que impulsa la Corporación Reguemos Chile. “Biobío se desarrolla en virtud y en torno al uso de los recursos hídricos, principalmente, habiendo otras actividades que también son relevantes, pero en cuanto a magnitud de todo tipo el recurso hídrico siempre está presente en la planificación de desarrollo de Biobío. Por lo tanto, si se nos resta ese recurso se nos acota nuestra capacidad y nuestras expectativas también de desarrollo”.

“La verdad es que nos toca convivir, permanentemente, desde el rol de canalistas, con restricciones, con limitaciones, porque los recursos hídricos ya no están en la magnitud de la disponibilidad como lo estaban históricamente. Eso se tiene que incorporar a los análisis”, sostuvo el directivo.

“Nosotros no tenemos un proyecto concreto sobre el cual opinar, porque no pasan todavía de ser ideas con algún tipo de desarrollo, pero creemos que la forma de enfrentar el tema es levantando hacia la opinión pública las expectativas de este proyecto en seminarios como estos, una opinión distinta al entusiasmo que genera la perspectiva de regar 1 millón de nuevas hectáreas, porque eso vende mucho y levanta muchas expectativas en nuestra zona”, agregó.

Según Sanhueza, la comunidad en su conjunto también tiene mucho que decir sobre este proyecto. “La comunidad no va a aceptar que los ríos se sequen y va a buscar responsables y soluciones, y esas soluciones las va a encontrar en las decisiones locales, no en las decisiones del nivel central. Por lo tanto, si ese proyecto se ejecuta, tal como está concebido, los conflictos van a quedar entre los usuarios locales y la comunidad local”.

Consultado acerca de las razones que explicarían el surgimiento de un proyecto como el de una carretera hídrica, el gerente de los Canalistas del Laja los atribuyó a la mentalidad humana. “Siempre anda buscando la solución más cómoda para sí mismo. Es mucho más motivante y concentra mucho más el interés desde el punto de vista de los recursos económicos y de voluntades, de traer agua desde la zona sur hacia la zona centro. Es mucho más complejo buscar soluciones distintas, de llenar de nuevo los acuíferos, mejorar la gestión de los embalses que hay en el norte, desalinizar para algunos usos y liberar para otros, eso es un desafío mucho mayor. Es más cómodo, más fácil y reúne más voluntades, el tomar agua desde un punto y llevarlo a otro”.

Por su parte, la directora del Centro EULA de la Universidad de Concepción, Alejandra Stehr, comentó que la idea es replicar el seminario dictado en Los Ángeles, en otras ciudades de la región, por lo pronto en Concepción, según adelantó.

“Junto a Socabio quisimos empezar a relevar este tema, empezar a conversarlo, no que de repente llegue y entre el proyecto a evaluación ambiental y no se haya conversado socialmente”, dijo.

“La idea es empezar a conversar este proyecto, ver la relevancia que se tiene de contar con datos para poder evaluar realmente si es prudente o no hacer este proyecto, antes de ponerlo, como le dije, con los hechos consumados o con el proyecto en evaluación ambiental”, añadió.

Respecto a la postura que tiene sobre el mismo como organismo técnico medioambiental, la directora de EULA indicó que “como universidad y como centro no tenemos una postura, donde nos opongamos o estemos de acuerdo. Para que no pase, como ha pasado con muchos otros proyectos, antes que se genere el proyecto, antes que se decida si se hace o no, se debiese tener toda la información adecuada para tomar la mejor decisión posible”.

“Donde se han hecho estas experiencias han generado problemas, sobretodo, conflictos entre usuarios. La gente tiene expectativas, le estoy dando expectativas a la gente del norte, que va a tener más agua para cultivos y quizá no se van a poder cumplir esas expectativas sin dejar agua a la gente de acá, que es lo que debiese suceder”, advirtió la especialista.

“Se generan conflictos entre distintos usuarios, entre las distintas regiones y muchas veces hay que trabajar y ver bien los volúmenes que hay que trasvasar, pero no es llegar y decir: sí lo voy a hacer, porque han sucedido conflictos en otros lados”, recalcó.

Alejandra Stehr aseguró que actualmente en el río Biobío no hay disponibilidad de agua y que para prevenir futuras extracciones hay que insistir en la reforma al Código de Aguas.

“Puede que no existan derechos de agua para pedir, pero si puede haber gente que quiera vender sus derechos. Esa agua si se puede transferir. Si es que le gente está dispuesta a vender los derechos de agua, eso haría que sí tenga agua para poder transferirla”, explicó.

“El código de agua hay que reformarlo bien, se viene conversando hace mucho tiempo y nosotros tenemos varias sugerencias, por ejemplo, actualmente no hay usos prioritarios, el código de aguas creemos que debería ambientalizarse, debería haber usos prioritarios, debería haber derechos de agua para conservación”, sentenció.

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