sábado 22 de febrero, 2020

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Crónica

Cuando a una madre le dicen que su hijo no es aceptado en el colegio de sus sueños

Ha pasado un poco más de 10 años desde que Daniela Villarroel recibió una de las noticias más tristes de su vida, su hijo no era aceptado en el colegio confesional del que era ex alumna y en ese momento apoderada de su primogénito, aduciendo razones acerca de su pequeño tenía un diagnóstico especial.


 Por PRENSA LA TRIBUNA

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“No podemos aceptar a su hijo”. Esas fueron las palabras con las que le cerraron las puertas en el colegio católico en el que Daniela Villarroel aspiraba matricular a su hijo menor Ricardo Vallejos Villarroel el año 2008. Aquel triste momento quedó en el pasado y hoy observa satisfecha y feliz a sus dos hijos y en especial a Ricardo quien está inserto en el sistema municipal de educación como un caso exitoso. El pequeño estaba diagnosticado por trastorno generalizado del desarrollo.

Todo ocurrió hace 10 años, aproximadamente, y en un principio fue muy duro. Así relató la experiencia. “Lo postulé con todos los niñitos, y después el que entonces era jefe de UTP que había sido profesor mío en la universidad me dice `no podemos aceptar a tu hijo´, echándose al bolsillo tres meses de la postulación”.

”Nos lo dijeron a ambos, de hecho su padre les dijo que sería un buen desafío que pudieran tener un niño con las características de Ricardo”, comentó Daniela.

“Su papá insistió, oye pero es que mi señora estudió aquí, mi hijo mayor es excelente alumno”, sin embargo, no hubo apertura. Al ser consultada sobre que establecimiento fue ella contesta sin vacilar, “Colegio Teresiano de Los Ángeles”.

“Fue destructivo para nosotros, como familia, como padres y lo más tenebroso fue escuchar: no te preocupes sigues siendo parte de la familia teresiana, para mi significó te aceptamos aquí pero a tu hijo déjalo afuerita de la fiesta”.

En la actualidad el Colegio Teresiano, posee alumnos en situación de inclusión escolar desde hace un poco menos de 8 años.

TRASTORNO GENERALIZADO DEL DESARROLLO

Daniela ya tenía experiencia en la maternidad el nacimiento de su primer hijo, le dio la oportunidad de conocer el mundo desde otro aspecto “cuando Pedrito nació se me quebró el eje”.

Sin embargo, con Ricardo las cosas cambiaron, “a los tres meses me di cuenta de su condición, empecé a notar que era diferente a su hermano. La pediatra de ese entonces me empezó a decir que no lo comparará. Que era un niño distinto que no había que compararlo siquiera con su hermano”.

“Era una profesional eficiente pero frente a mis dudas me dijo démosle tiempo. A los dos años le insistí en que todavía tenía las manitos empuñadas y muchos gestos de guagüita, ahí me derivó a un neurólogo infantil”.

“Comenzamos nuestro periplo por especialistas incluso viajamos hasta Temuco para consultar a una de las eminencias de ese tiempo y ahí recibimos el primer diagnóstico Inmadurez del desarrollo, después era TGD (Trastorno Generalizado del Desarrollo) dentro del espectro tegediano porque no era Aspergar completamente”, describe Daniela. Todos sus gastos eran particulares, y bastante elevados por lo que el sacrificio era muy grande.

Este síndrome es definido como “un grupo de trastornos caracterizados por alteraciones cualitativas de las interacciones sociales recíprocas y modalidades de comunicación así como por un repertorio de intereses y de actividades restringido, estereotipado y repetitivo. Estas anomalías cualitativas constituyen una característica persuasiva del funcionamiento del sujeto, en todas las situaciones, que afecta mayormente a varones y distintas áreas del desarrollo”.

OTRAS OPCIONES

Antes del rechazo del colegio católico, Ricardo estuvo en una escuela de Lenguaje desde donde egreso sin problemas. Una vez que Daniela asumió la situación comenzó a buscar soluciones, aceptó el consejo de una fonoaudióloga y exploró la opción municipal. “No pierdas más el tiempo me dijo, ándate a una escuela municipal y fue así como el 2009 llegué a la conocida escuela 5 o más conocida como República de Israel, donde Marcela Pizzani me sugirió que entrara a Pre kínder para que desarrolle mejor su lenguaje”.

Desde ahí en adelante la vida comenzó a mostrar su mejor cara “en ese entonces mis aspiraciones eran que Ricardo aprendiera a conocer la plata, las cuatro operaciones, a hablar y escribir. A los 5 años mis aspiraciones eran esas, porque hubo un momento que me sentí súper sobrepasada, y mis expectativas se iban como mermando”.

Sin embargo, en este punto ocurrió un quiebre “Ricardo, fue súper querido en esta escuela, hasta el día de hoy sus profesoras lo recuerdan. Comenzamos otra etapa, más positiva incluso desarrolló un emprendimiento en la cocina. Hoy Ricardo quiere ser chef y por su condición ya ha investigado a los mejores, no se pierde programas especializados y sigue atentamente las instrucciones”.

“Hacía galletones de avena y los vendía, yo lo supervisaba y en su escuela lo autorizaban básicamente porque se mantenía controlado y además porque les sorprendía gratamente que Ricardo tuviera iniciativa”

Desde hace un año ya es alumno del Liceo Bicentenario, el 2018 cursa octavo básico y se ha adaptado exitosamente al cambio de compañeros, profesores y rutinas “al principio nos contó un poco, a él y a mí (se ríe) de repente se le sale un mamá en vez de profesora”.

FAVORECER EL DIAGNÓSTICO TEMPRANO

Casos como el de Daniela y Ricardo, siguen existiendo pero en menos cantidad. Gracias a los avances en las leyes de inclusión y también en el área de la salud en los controles médicos que se le realizan a los pequeños que están en la primera infancia.

Al respecto la especialista en educación inclusiva Marcela Améstica Cid, jefa de carrera de técnico en educación especial del CFT Santo Tomás Los Ángeles, asegura que es muy importante obtener un diagnóstico temprano. “Lo más relevante es informarse acerca de las características que tienen que presentar los niños en sus distintos ciclos reaccionar a los estímulos, reconocer voces, manejar vocabulario, entre tantos otros”. Sin embargo, continúa la especialista, “puede ocurrir que no se den cuenta y ahí entra el equipo de salud para apoyar la crianza materna”.

Respecto a la realidad escolar Améstica explicó, “aquí deben conjugar las voluntades y deberes de los establecimientos y también del sistema educativo que acoge al niño o la niña, si bien con un diagnóstico y yo acepto y le abro las puertas para que él sea atendido y tenga igualdad de oportunidades respecto a sus compañeros deben hacerse responsable de conocer las necesidades de ese educando”.

Según la jefa de carrera de Educación Especial, la comunicación es vital en ese sentido, “tanto el establecimiento como la familia debe estar abierta a establecer canales de comunicación que permita mejorar la estadía del alumno o alumna en la sala de clases para que exista una verdadera inclusión”.

“El trabajo correcto en estos casos es si llega un caso a mi curso de un estudiante con diagnóstico de autismo, por ejemplo, todos aprendemos acerca de eso. Sus compañeros, sus profesores, todas las familias de sus compañeros para que no quede ninguna duda y sepan cómo tratar, eso incluye también el equipo docente”.

Marcela escuchó el relato de Ricardo y la lucha de su madre, aplaudió el valor, el esfuerzo y la tenacidad de sus protagonistas “la historia ha cambiado bastante en 10 años, sin embargo, los avances no son suficientes, se debe seguir trabajando para que las políticas públicas avancen para todos”.

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