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Crónica

Fibromialgia: la enfermedad que no le ha quitado la dulzura de vivir a Sabina

Tal vez usted se ha topado con ella y sus bolsitas de dulces por sólo $500. Sin embargo, tras cada una de sus ventas hay una historia que va dentro de esos paquetes de golosinas.


 Por La Tribuna

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Fibromialgia, artrosis y asma, son las tres enfermedades que conviven con Sabina Salazar Muñoz, de 59 años, una angelina conocida por vender bolsas de dulces en el centro de la ciudad.

Todo comenzó el 2005, cuando le detectaron la enfermedad con la que ha decidido luchar día a día: fibromialgia. A esto, se le ha sumado el malestar que produce la artrosis y los problemas de su asma, que no es para nada buena combinación con la morfina, el medicamento que le ayuda a sobrellevar el dolor.

Sabina vive con sus dos hijos, Katherine de 25 años y Daniel de 15. Además, su pequeño nieto de 1 año la acompaña en su hogar.

“Hace unos años, cuando mi hija estaba en el liceo me decía: mamá, me quiero quedar para cuidarte, no quiero ir al colegio, y yo no quería eso, incluso estuvo mal porque me veía sufrir. Pero yo prefería que a ella la vieran los doctores antes que a mí, porque mi enfermedad la quería esconder, para que nadie sufriera”, confesó Sabina.

Recuerda también que su hijo menor la ayudó en una crisis que sufrió. El pequeño, de 6 años en ese entonces, logró llamar a la ambulancia para dar aviso que su mamá se sentía mal y que estaba vomitando. En aquella ocasión fue él quien también la tranquilizaba diciéndole “tranquila mami, ya te van a venir a buscar”.

Es así como hace alusión a los años que ha vivido con sus malestares, los que con la ayuda y compañía de sus hijos, han podido ser resistidos durante el transcurso del tiempo.

 

UN COMBATE CONTRA TRES

Los constantes dolores que aquejan a esta angelina vienen desde hace años. Fue en 2005 cuando comenzó a sufrir fibromialgia, sin embargo, recuerda que para el 2007 empeoró su situación, por lo que vivió momentos difíciles. Ha sido dicha enfermedad la que más dificultades le ha traído.

La fibromialgia se caracteriza por ser una enfermedad que provoca dolor en los músculos de manera crónica, los que también son acompañados por sensación de fatiga.

Por otro lado, el asma y la artrosis no ayudan mucho, ya que la combinación de convivir con tres dolencias, hace que Sabina día a día luche contra el constante dolor.

“Es como si los talones me los sacaran, como si se me salieran del pie. Cuando me siento pareciera que las rodillas se me pelaran. Me arde el cuerpo, las piernas y los brazos. El dolor está por todo mi cuerpo, hasta en mis hombros, mi cara” expresó.

Así debe vivir día a día, pero ella resiste y no piensa decaer, ya que asegura que no es “una mujer de estar encerrada, sino de luchar y salir adelante”.

 

UNA REVELACIÓN

Fue a mediados del 2016 cuando en el hospital dejaron de entregarle un medicamento, el que la ayuda a paliar los dolores producidos por la fibromialgia. Esto, debido a un conflicto interno en el centro de salud ya que “el hospital no quiso tener compromisos con farmacias particulares”, como explicó la mujer. Tras la suspensión, comenzó a buscar respuestas de cómo conseguir lo que le hacía falta para poder sentirse mejor.

Sabina recibe una pensión de $80.000, sin embargo, ella sabe que no es suficiente, ya que asegura, sólo alcanza a pagar las cuentas, pero no para poder comer ni realizar todos los gastos necesarios en un hogar.

“Quizás algunos no me crean, pero comencé a orar, a pedir sabiduría a Dios. Entonces, me vino como una fotografía a la mente de una bolsa de dulces para venderla. Yo nunca había pensado algo así, no se me había ocurrido”, aseguró emocionada.

Luego de esto, comenzó la venta en el patio de comida en el Mall, sin embargo, no pudo continuar, ya que le hicieron entender que no está permitido ese tipo de acciones en dicho lugar y no quería correr el riesgo de que le quitaran sus bolsas ni lo que había recopilado en sus ventas.

Así que comenzó a buscar locaciones para poder ofrecer sus dulces y lograr el dinero que necesita para comprar sus remedios, monto que alcanza los $120.000 mensuales.

Fue entonces cuando decidió quedarse en el paseo que está entre el Mall y el casino. Sabina reconoce que al principio la gente sólo pasaba, no la tomaban en cuenta. Sin embargo, al pasar los días comenzó a irle bien, la gente comenzó a conocerla y a interesarse en comprar, mientras ella les explicaba por qué y para qué realizaba la venta.

La inversión que realiza son entre 20 a 25 mil pesos mensuales, de éste modo puede comprar los diversos dulces que componen los cerca de 50 paquetes de confites que hace diariamente. Además de esto, también debe adquirir la cinta y la bolsa en la que los entrega.

A pesar de la gran ayuda que ha significado la venta de sus bolsas de dulces, ya que alcanza a pagar sus medicamentos cuando los necesita, Sabina sabe que esto “es algo que no debería hacer”, ya que no cuenta con la autorización requerida.

Por esto, ha intentado conseguir permisos, expresando que “yo he pedido permiso para vender confites en el centro, pero a lo mejor piensan que yo quiero algo grande, ponerme con un local o algo así. Y no es eso, yo quiero vender mis bolsitas solamente”.

 

NO QUIERE DEJAR DE LUCHAR

Frente a la problemática que debe vivir Sabina, surge la duda de qué hacer para ayudarla. No obstante, ella quiere conseguir la ayuda por sus propias manos, ya que no le gusta recibir sin dar o hacer algo a cambio.

Por lo mismo, asegura que seguirá vendiendo sus bolsitas, junto con dar cariño y conversar en lo posible con quien le compre, ya que de este modo, ella entrega alegría a los demás.

Sabina quiere dar su testimonio de vida, junto con hacer ver que es posible salir adelante, sólo hay que querer hacerlo.

“Nunca me ha gustado el hecho de quedarme ahí, esperando que me ayuden. Para mí es hacer algo por mí misma, no me gusta que todos lleguen a ayudarme. Se trata de salir sola adelante”, sentenció la angelina.

Sabina pretende seguir vendiendo sus dulces en el centro angelino, de manera que pueda costear el tratamiento que requiere su enfermedad.

A pesar de los malestares constantes, asegura que seguirá expresando su deseo por seguir adelante y también por los demás, ya que “uno nunca sabe lo que le puede pasar, la idea es que a los demás les dé más fuerza, si ellos me compran yo les trato de devolver con una bendición, porque es mi manera de agradecer que Dios me levantó de mi enfermedad”.

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