Crónica Ciudadana

La historia de una angelina que lleva cuatro décadas abriendo caminos para la inclusión

Lo que comenzó como la inquietud de una joven profesional por visibilizar y generar oportunidades para las personas con discapacidad intelectual terminó convirtiéndose en un proyecto que hoy atiende a cerca de 75 jóvenes y que, durante cuatro décadas, ha trabajado para abrir espacios de desarrollo laboral y social.

Este 2026, Leticia cumplió 40 años al mando del Centro Unpade de Los Ángeles., cedida
Este 2026, Leticia cumplió 40 años al mando del Centro Unpade de Los Ángeles. / FUENTE: cedida

Cuando Leticia Cuevas regresó a Los Ángeles después de terminar sus estudios universitarios, se encontró con una ciudad donde no existían espacios para que los jóvenes con discapacidad continuaran desarrollándose una vez terminada su etapa escolar. No había talleres laborales ni salas de estimulación temprana y, frente a esa carencia, decidió comenzar a organizarse junto a familias y profesionales.

Su historia había comenzado cuando aún era estudiante de la Universidad de Concepción en la capital regional del Biobío y participaba en la Asociación de Padres y Amigos de Personas con Discapacidad (ASPADE).

Esa experiencia la motivó a impulsar algo similar en Los Ángeles, esta vez junto a madres, padres y profesionales que compartían la preocupación por la falta de oportunidades.

"Cuando llegué aquí quise formar lo mismo para poder luchar por los derechos de nuestros jóvenes y que se supiera lo que era la discapacidad, lo que eran capaces de hacer. Y nos juntamos con un par de mamás, algunos profesionales de Los Ángeles y comenzamos a difundir lo que era la discapacidad a través de charlas en los colegios", recordó Cuevas.

Al recorrer distintos establecimientos educacionales, también fueron conociendo las dificultades que enfrentaban las familias y las pocas alternativas que existían para los jóvenes con capacidades especiales. Fue entonces cuando surgió la idea de crear un espacio propio y en 1986 solicitaron apoyo a la Municipalidad de Los Ángeles, encabezada en ese momento por el alcalde Ricardo Acuña Casas.

La respuesta permitió que el grupo pudiera comenzar a funcionar en dependencias ubicadas en calle Almagro. Allí instalaron un taller laboral y una sala de estimulación temprana, partiendo con alrededor de diez jóvenes en los talleres y otros ocho en estimulación.

LAS DIFICULTADES DE INICIAR

Durante sus inicios desde 1986 la situación estuvo lejos de ser fácil. El proyecto funcionaba principalmente gracias al voluntariado y uno de los mayores problemas era conseguir recursos para pagar a los profesionales que trabajaban directamente con los jóvenes.

"Ahí estuvimos aproximadamente como diez años, ocupando dos salas y todos éramos voluntarios. Teníamos como diez niños en los talleres laborales y cerca de ocho en salas de estimulación temprana", explicó.

Cuatro décadas después, aquella pequeña iniciativa que comenzó con menos de una veintena de jóvenes se transformó en Unpade Los Ángeles, la Unión Nacional de Padres y Amigos de Personas con Discapacidad Mental, institución que actualmente atiende a cerca de 75 personas.

Para Cuevas, uno de los aspectos más importantes ha sido que el vínculo no termina necesariamente cuando los jóvenes egresan.

Después de 40 años, Cuevas asegura que continúa trabajando porque disfruta lo que hace y porque todavía siente que queda mucho por avanzar en materia de inclusión. Mira con orgullo la evolución de una institución que comenzó ocupando apenas dos salas y que hoy cuenta con ocho salas, una sala tecnológica, cocina implementada y material deportivo adquirido mediante distintos proyectos.

  • "Yo si estoy trabajando todavía porque soy una persona feliz en lo que realizo. Me encanta mi labor, me gusta que ellos se realicen, me gusta que quede en la institución, me comprometo con eso y hemos tenido un harto logro", señaló.

EL FOCO EN DERRIBAR BARRERAS

Pero si hay algo que Cuevas considera pendiente es derribar las barreras que todavía existen fuera de Unpade. A su juicio, las personas con discapacidad intelectual siguen teniendo menos oportunidades laborales y muchas veces quedan relegadas incluso dentro de las políticas de inclusión.

"Se supone que hoy en día el 2% de los trabajadores de cada empresa que tiene más de 100 trabajadores debería tener una persona con discapacidad trabajando con ellos. Y sí lo cumplen, pero no con discapacidad intelectual, siempre es como la más evadida, la más discriminada", cuestionó.

Para ella, el cambio también pasa por que la sociedad se atreva a conocer a estas personas antes de establecer límites sobre lo que pueden o no pueden hacer.

"Nuestros jóvenes son capaces de desarrollar muchas funciones, que tienen muchas habilidades, que por sobre todo son personas respetuosas, que tienen derechos y que sería ideal que la gente se abriera a la posibilidad de conocerlos, de valorarlos, de aceptarlos como parte de la sociedad y que no ponga barreras antes", planteó.

Hoy, cuatro décadas después de aquella primera inquietud que nació durante sus años universitarios, Leticia Cuevas sigue ligada a la institución que ayudó a levantar desde prácticamente cero. Ha visto pasar generaciones de jóvenes, ha acompañado a sus familias y también ha sido testigo de cómo una ciudad fue cambiando, poco a poco, su mirada hacia la discapacidad.

Su historia está estrechamente ligada a la de Unpade, donde dedica gran parte del tiempo de su día a día. Lo que comenzó siendo una iniciativa impulsada por sus ideales de generar espacios para personas que prácticamente no los tenían, terminó convirtiéndose en el trabajo de toda una vida.

Según relata, fueron años de voluntariado no exentos de dificultades, donde tuvo que buscar recursos, organizar actividades y convencer a otros de que era posible avanzar, incluso cuando las condiciones no estaban dadas.




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