Crónica Ciudadana

Adolescentes y violencia en Chile: experta llama a detectar a tiempo las señales de riesgo

Defensoría de la Niñez advierte sobre el impacto de un entorno violento en niños y adolescentes, Cedida
Defensoría de la Niñez advierte sobre el impacto de un entorno violento en niños y adolescentes / FUENTE: Cedida

No todas las señales de alerta aparecen cuando ocurre una emergencia. Algunas se acumulan durante meses o años y pueden manifestarse en la forma en que un adolescente percibe su futuro, se relaciona con su familia, enfrenta situaciones de violencia o busca ayuda.

Los datos disponibles sobre niños, niñas y adolescentes en Chile muestran precisamente esa combinación de factores.

La Encuesta de Juventud y Bienestar 2024 de SENDA, aplicada a estudiantes de segundo medio a nivel nacional, señala que un 32,6% considera que el futuro parece sin esperanzas, mientras que un 16,8% afirma haber pensado en suicidarse durante los últimos siete días. A ello se suma que un 36,4% declara que le resulta difícil o muy difícil conversar con sus padres sobre asuntos personales.

Son indicadores que, por separado, no permiten explicar la situación de un adolescente. Pero sí aportan elementos para observar un fenómeno más amplio: las dificultades que enfrentan algunos jóvenes para proyectarse, comunicar lo que les ocurre y acceder oportunamente a apoyo.

A estas cifras se agregan antecedentes de la Defensoría de la Niñez, que reportó un aumento de 46,4% en las víctimas de violencia sexual entre 2019 y 2025. El organismo también informó un incremento de 137% en los egresos hospitalarios por lesiones autoinfligidas entre 2014 y 2025.

El escenario ocurre mientras distintos estudios han advertido, además, sobre una disminución de las expectativas de futuro entre jóvenes chilenos y una percepción de menores oportunidades respecto de las generaciones anteriores.

Las señales que pueden pasar inadvertidas

Para la doctora Tamara Otzen, psicóloga y presidenta de la Fundación OPA, estos antecedentes deben observarse considerando la acumulación de factores que pueden aumentar la vulnerabilidad durante la adolescencia.

Entre ellos identifica antecedentes de intentos previos, exposición prolongada a violencia, dificultades en el entorno familiar, rechazo social y determinados problemas de salud mental.

La especialista plantea que la presencia de uno de estos elementos no permite por sí sola establecer una situación de riesgo. La atención debe centrarse también en cambios que sean persistentes, intensos o que tengan un impacto significativo en la vida cotidiana.

Expresar deseos de morir, manifestar que ya no se puede continuar, buscar acceso a medios potencialmente letales, despedirse de manera inusual o dejar mensajes relacionados con la muerte son algunas de las señales que requieren atención.

También pueden existir manifestaciones menos evidentes: cambios sostenidos en el estado de ánimo, aislamiento, irritabilidad, ansiedad, tristeza, deterioro de la autoimagen o conductas que impliquen un riesgo para la propia vida.

La dificultad para pedir ayuda

Uno de los datos que adquiere especial relevancia en este contexto es el porcentaje de adolescentes que declara tener dificultades para conversar con sus padres sobre asuntos personales.

Para Otzen, esto plantea un desafío que no depende únicamente de que el adolescente decida hablar.

La prevención, explica, requiere que los adultos también generen espacios de conversación y que estén preparados para reconocer modificaciones en el comportamiento.

En ese proceso, la recomendación es conversar de manera directa y en un espacio privado, mantener la calma, evitar minimizar lo expresado y recurrir a las redes de apoyo correspondientes cuando la situación lo requiera.

La conversación, plantea la especialista, constituye solo el primer paso. El acompañamiento posterior y la continuidad de la atención también son relevantes.

Un caso reciente que vuelve a poner el foco en los adolescentes

Los antecedentes estadísticos adquieren especial interés en medio de hechos recientes que involucran a menores de edad.

El martes 25 de agosto, una adolescente de 14 años quedó a disposición de la justicia luego de presentarse ante Carabineros y reconocer su participación en la muerte de su madre, ocurrida en la comuna de San Joaquín.

De acuerdo con los antecedentes conocidos hasta ahora, el hecho se habría producido al interior del domicilio familiar y la investigación quedó a cargo de la Brigada de Homicidios Sur de la Policía de Investigaciones.

La adolescente fue detenida y los tribunales deberán determinar las circunstancias y responsabilidades que correspondan conforme avance la investigación.

El caso se encuentra en una etapa investigativa y, por lo mismo, no existen antecedentes suficientes para vincularlo causalmente con los indicadores de salud mental, violencia o desesperanza descritos anteriormente.

Su incorporación al contexto de esta nota responde a una razón distinta: vuelve a poner en discusión las circunstancias que rodean a niños, niñas y adolescentes que atraviesan situaciones de alta complejidad y la capacidad de las redes familiares, escolares y estatales para detectarlas y abordarlas oportunamente.

El problema no termina en la familia

La prevención tampoco depende exclusivamente del hogar.

Los establecimientos educacionales pueden desempeñar un papel relevante en la detección de cambios de conducta, mientras que los servicios de salud y los sistemas de protección deben contar con mecanismos que permitan responder cuando se identifica una situación de riesgo.

La Defensoría de la Niñez informó que durante 2025 había 41.557 niños, niñas y adolescentes en lista de espera para programas de protección especializada. El organismo también ha advertido sobre dificultades de capacidad en parte de la red residencial de protección.

Estos antecedentes permiten observar que la discusión sobre bienestar adolescente no se limita a la salud mental. También involucra violencia, protección de derechos, vínculos familiares, acceso a servicios y condiciones sociales.

Cómo abordar las señales sin esperar una crisis

Para Otzen, uno de los desafíos consiste en avanzar desde una respuesta centrada en situaciones críticas hacia una estrategia preventiva.

Eso implica capacitar a profesores y otros adultos que mantienen contacto cotidiano con adolescentes, fortalecer los protocolos de actuación y mantener el acompañamiento después de una eventual derivación.

También existe un desafío en la forma de comunicar estos hechos.

La profesional también plantea que actualmente la cobertura periodística de situaciones relacionadas con suicidio, autolesiones o violencia requiere evitar el sensacionalismo y la exposición innecesaria de detalles. Al mismo tiempo, puede contribuir a entregar contexto, explicar los factores de riesgo y promover la búsqueda de ayuda.

El desafío para las familias, colegios y comunidades está en reconocer esas señales antes de que una situación llegue a una instancia de emergencia.




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