Crónica Ciudadana

Con baldes y valentía: los 137 años del Cuerpo de Bomberos de Los Ángeles que nació en el Hotel Comercio

Un 23 de noviembre de 1888, entre adobe, parafina y miedo al fuego, un grupo de vecinos y veinte damas de la alta sociedad fundaron la Primera Compañía. Sin sueldos, sin agua potable y con una bomba de mano, juraron ser "la salvadora y guardiana de la propiedad". 

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Con baldes y valentía: los 137 años del Cuerpo de Bomberos de Los Ángeles que nació en el Hotel Comercio / FUENTE: Facebook Bomberos

No había sirenas. No había grifos. No había cascos ni carros. Había miedo. Miedo a que una vela, una cocina a leña o a que un brasero se llevará una cuadra entera en una noche. Porque en 1888, Los Ángeles todavía olía a madera, teja y parafina. El agua se sacaba de los pozos, el alumbrado público era un lujo recién llegado y los incendios se apagaban a gritos y baldes.  

Hasta que un grupo dijo basta - La noche que cambió todo  

El 15 de noviembre de 1888, "distinguidas personas de nuestra ciudad" se juntaron en una reunión preparatoria. No querían esperar otro episodio en cenizas. Designaron una comisión: Ricardo Amat, Faustino Martínez, Juan Pablo Altamirano y Abraham Ríos Madariaga como secretario. La misión era clara: fundar una Compañía de Bomberos.  

El objetivo fue cumplido. Días después, la prensa angelina publicó una invitación abierta. La cita: viernes 23 de noviembre, Hotel Comercio. El motivo: "las bases de una Compañía de Bomberos".  

Fue completado. Y esa misma noche nació oficialmente el Cuerpo de Bomberos de Los Ángeles.  

El primer directorio quedó en manos de Roberto Badilla como presidente, Fernando Chuecas secretario y Marcos A. Fuentealba tesorero , Manuel R. Ramírez, Constantino Segundo Navarrete, Liberato Espinoza, Heriberto Brito y Leoncio Fuentealba, entre otros.  

Pero la historia no sería épica sin ellas. Una comisión de "distinguidas damas" se puso la causa al hombro: Amelia Luco de Vergara, Liduvina Ruiz de la Maza, Jesús Ruiz de Ríos, Mercedes Riquelme de Vela, Rosario Sorondo de Guzmán, Magdalena Pantoja de Lagos, Mercedes Gilabert de Zúñiga, y una lista que suma veinte nombres. Organizaron rifas, colectas, tocaron puertas y convencieron a la ciudad.  

Y Los Ángeles respondió. Con esos pesos juntados uno a uno se compró lo imposible para la época: una pequeña bomba de mano.  

El 22 de abril de 1889, la Primera Compañía eligió a su primera oficialidad. Director: Manuel R. Ramírez. Capitán: Luis Dávila. Tenientes: Liberato Espinoza y Abraham Ríos Madariaga. Ayudante: Francisco Rioseco. Estaban listos.  

Cuando el agua no alcanzaba  

"Armada de su bomba en miniatura, la Primera Compañía se dedicó con entusiasmo a su misión de ser la salvadora y guardiana de la propiedad". Pero en los primeros incendios quedó en evidencia: Los techos ardían, faltaban hachas, ganchos y escalas; por otra parte la bomba tiraba agua.  

La respuesta fue inmediata. El 4 de mayo de 1889 nació la Segunda Compañía. Su primer capitán: Emilio Stoeber. Lo secundaban Francisco Iglesias, Agustín Stoeber, Federico Schick y Carlos von der Busch. Una compañía de agua, otra de escalas. La ciudad ya tenía con qué defenderse.  

La Tercera Compañía llegaría en 1893, duraría poco y renacería en 1933. Hoy, el Cuerpo tiene tres compañías. Lo han comandado trece hombres en sus primeros cincuenta años: desde Manuel R. Ramírez hasta Luis Muñoz, pasando por Víctor Ríos Ruiz, el mismo médico que enfrentó el cólera en 1887.  

La Primera tuvo capitanes como Benjamín Moerlen, Darío Hurtado y Daniel Jarpa. La Segunda, a Daniel Balieiro, Juan Jequier y Carlos H. Pardo. La Tercera, a Manuel A. Cossio, Ismael Vildósola y Ruperto Banderas. La nueva Tercera, Luis Trejo y J. Eduardo Romo. Nombres distintos, mismo uniforme.

El legado que no se apaga  

En 1888 no había seguros, ni subsidios, ni redes sociales para pedir ayuda. Había una ciudad de adobe que entendió que el fuego se combate con organización y coraje. Que detrás de cada voluntario había una dama vendiendo un número de rifa, un comerciante donando un peso, un niño tirando un balde.  

Hoy los carros son modernos. Los grifos existen. Pero la esencia es la del Hotel Comercio: un grupo de angelinos que decidió que la tragedia del vecino era su problema.  

El Cuerpo de Bomberos de Los Ángeles no nació con financiamiento. Nació con fé. Y 137 años después, cuando suena la sirena en avenida Ricardo Vicuña, en calle Guillermo Marconi , o en cualquier compañía perteneciente a nuestra comuna, sigue sonando el eco de esa noche de noviembre. El eco de una bomba de mano, de veinte damas y de un pueblo que se negó a arder.  

Porque la historia emblemática de los bomberos angelinos no se escribió con agua. Se escribió con voluntad. Y esa, todavía no se evapora.




matomo