Crónica Ciudadana

Empezó con una maquina de coser y hoy sueña con llegar a Nueva York desde el Alto Biobío

Hace seis años Camila Curriao Barrera, comenzó arreglando ropa en pandemia. Hoy su marca C.Curriao viste ceremonias con pertinencia cultural y, junto a su hermana Evelyn, creó Curriao Textil.“Cada prenda es única y no se repite”, relató la emprendedora en entrevista con Diario La Tribuna.

Empezó con una maquina de coser y hoy sueña con llegar a Nueva York desde el Alto Biobío  , cedida
Empezó con una maquina de coser y hoy sueña con llegar a Nueva York desde el Alto Biobío / FUENTE: cedida

Con una máquina de coser y la urgencia de generar ingresos en plena pandemia, Camila Curriao Barrera comenzó a reparar vestuarios y a confeccionar mascarillas en la casa de sus papás. Llegó a Alto Bío Bío desde Iquique, tras un divorcio y con su hijo pequeño. Su profesión es técnico en párvulo, no tiene trabajo ni estudios formales de diseño. Pero no fue un impedimento, aprendió sola, con videos, con una tía y con esas "máquinas toyotas antiguas que uno hacía con la mano y el pie y terminaba agotada".  

Seis años después, esa necesidad se transformó en oficio. Y el oficio, en una declaración cultural. "Me dedico al diseño de vestuario a la medida con pertinencia cultural. Eso es lo que trabaja mi marca en específico", explica Camila. Su marca personal, "C. Curriao" se especializa en ropa ceremonial mapuche pehuenche: Kudutü, delantal, kupan, chamal, todo lo que se usa en guillatün, wetripantü y otras actividades. 

Vestir la cultura, sin repetir modelos  

Para Camila, vestir con pertinencia cultural hoy es "intentar rescatar lo cultural y mezclarlo con la tendencia, con colores, texturas, diseños". Trabaja mucho el ñimin, la simbología mapuche pehuenche, bordada en tela, máquina o mostacilla. Pero su sello diferenciador está en la medida: "Cada diseño que sale de mi taller es personalizado al 100%. Desde el boceto, las medidas, los colores, todo se trabaja al gusto del cliente y con un paso a paso con el cliente".  

La regla es simple y radical: no repite modelos. "El trabajo que sale del taller no lo vas a ver en otra parte porque yo no repito modelo. Lo que salió de aquí no se vuelve a repetir. La clienta se va a sentir especial porque nadie más lo va a tener".  

Curriao Textil: moda que nace del reciclaje 

Hace poco, junto a su hermana Evelyn, también técnico en párvulas y autodidacta en crochet, fundó "Curriao Textil". Es la marca con la que trabajan desfiles y colecciones. La premisa es clara: 100% reciclaje textil y lana. Nada de telas nuevas.  

Ya presentaron "Hilos del Origen" en el Fritma de Santa Bárbara y KIMÜN  en la Semana de la Moda de Valdivia en enero. La próxima parada es grande: en octubre viajarán a Lima, Perú, a un concurso de diseño de vestuario cuyo premio es el pase al Fashion Week de Nueva York del año siguiente. La colección para Lima es 50% jeans reciclados, con técnica de upcycling, y 50% lana tejida a crochet.  

"Todo reciclado. Nada de esas colecciones es con prendas o telas nuevas", subraya Camila.  

Trabkintun

¿De dónde sacan el material? Del intercambio comunitario. Personas les llevan jeans rotos, lana en desuso o vestuarios que ya no sirven. A cambio, Camila ofrece reparaciones o pequeños estuches y detalles hechos con retazos. "Es el tras quinto, como se llama acá en la cultura mapuche pehuenche. Un pasar y pasar".  

El compromiso ambiental es parte del mensaje. Camila recuerda que el textil puede tardar hasta 200 años en degradarse y que Chile tiene uno de los vertederos de ropa más grandes del mundo, con prendas nuevas aún con etiqueta. "Soy mamá, tengo un niño de 11 años. Evelyn también es mamá. Queremos dejarle un poquito de planeta a nuestros pequeños y parte de eso implica cuidar lo que tenemos". 

Incluso los botones los hace de cuescos de palta. "Cuando todo el mundo se hace el completo y hay un montón de cuescos botados, eso también nos sirve para teñir". El teñido natural con residuos orgánicos es otra línea de trabajo que enseñan en talleres gratuitos. El 8 de julio harán uno en la Ruka Municipal de Ralco.  

Aprender enseñando 

Ninguna de las hermanas estudió diseño. Por eso su desafío diario es aprender mientras crean. Hace dos años Camila hace voluntariado en Los Ángeles, ayudando a alumnas de diseño de vestuario a crear colecciones con pertinencia cultural. "Ellas me enseñan tecnicismo y yo les enseño lo cultural". También realizan talleres de confección de vestuario tradicional indígena en comunidades, como el que hicieron del 8 al 12 en la comunidad El Barco.  

Muchas alumnas de esos talleres terminan emprendiendo. "Eso también es rico. Buscamos que la gente adquiera conocimientos para dedicarse a su propio rubro".  

Un taller nuevo y la meta de Lima  

Este año cumplieron una meta: construir un taller nuevo en kilómetro 20, Alto Bío Bío, junto a la tiendita de comida de su mamá. Tendrá espacio de venta, artesanías y, desde el verano, información turística. "Lo único que le falta es la instalación eléctrica".  

La otra meta es llegar a Lima. Como emprendedoras, deben costear inscripción, pasajes y estadía. Sacaron la cuenta: cerca de 1,5 millones de pesos. Por eso lanzaron una rifa con fecha de sorteo el 18 de julio. También harán un desfile a beneficio el 15 de agosto en Fritma Costanera, Santa Bárbara, con entrada pagada y otros cinco diseñadores emergentes invitados.




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