Crónica Ciudadana

Cómo una mueblería familiar de Los Ángeles ha sobrevivido 73 años, según el hijo del fundador

El negocio, fundado en 1953 por un odontólogo de la época, ha atravesado crisis económicas, cambios en el comercio y la expansión del retail, manteniendo su gestión en manos de la segunda generación familiar.

Mueblería Los Ángeles, un negocio con 73 años de historia, La Tribuna
Mueblería Los Ángeles, un negocio con 73 años de historia / FUENTE: La Tribuna

Hace apenas unos meses, un matrimonio de adultos mayores cruzó las puertas del local ubicado en Caupolicán 642. Con andar pausado, se acercaron al mesón de atención y se dirigieron a uno de los dueños: "Señor Burgos, nosotros cuando nos casamos compramos el comedor y el living en la Mueblería Los Ángeles, y todavía lo tenemos. Eso fue en el año 1959". Tras entregar ese mensaje, se retiraron, dejando en el aire la prueba tangible de lo que significa construir para toda la vida.

Esta anécdota, relatada por Pedro Burgos Avendaño, actual gerente y copropietario, resume el espíritu de un negocio que ya suma 73 años de trayectoria. Al igual que otros comercios históricos de la capital provincial que han resistido estoicamente el paso de las décadas, Mueblería Los Ángeles se erige hoy como una pieza clave de la identidad comercial local frente a la vertiginosa modernidad.

LOS CIMIENTOS EN LA ANTIGUA CALLE CAUPOLICÁN

La historia comenzó a escribirse el 2 de mayo de 1953. Fue entonces cuando Pedro Burgos Rivera, un respetado odontólogo de la época, fundó la empresa en la intersección de Ercilla con Caupolicán, en un espacio que previamente había funcionado como carbonera y luego albergó a la recordada verdulería "La Colchagüina". La confianza que inspiraba el profesional en sus pacientes se trasladó rápidamente a sus clientes comerciales.

El crecimiento de la ciudad, fuertemente impulsado por la febril actividad industrial de las papeleras en la zona, trajo consigo una explosión en la demanda de mobiliario. Esto obligó a la mueblería a expandirse. Pasaron a ubicarse a mitad de cuadra en Caupolicán y posteriormente adquirieron su actual propiedad en el número 642. En su etapa de mayor expansión, la empresa llegó a contar con un edificio de tres pisos en la esquina de Lautaro con Almagro (actual sede del DAEM) y un local en Colón 532, además de levantar sucursales en Laja, Nacimiento, Mulchén, Angol y Chillán.

Tras el fallecimiento del patriarca en el año 2000, la empresa debió reestructurarse bajo el liderazgo de Pedro y su hermano. "El prestigio de esta empresa en su forma de vender con calidad ha hecho que nos hayamos logrado mantener en el tiempo, porque ha habido muchas situaciones económicas en la ciudad y en el país que obligan a las empresas de repente a irse reduciendo, y algunas desapareciendo sencillamente", reflexionó el gerente.

MÁS QUE UN NEGOCIO, UN COMPROMISO SOCIAL

El legado de la mueblería trasciende los balances comerciales. Durante los agitados años de 1972 y 1973, don Pedro Burgos Rivera materializó un proyecto que retrataba su visión humana: adquirió un terreno y compró casas prefabricadas de pino impregnado, provenientes de la Hacienda Cantera. El objetivo era claro e inusual para la época: dotar de una vivienda propia a los trabajadores de la mueblería.

Hoy, ese notable esfuerzo conforma el Pasaje Diego Portales, emplazado en el sector de Los Carrera con Eleuterio Ramírez. "Hoy día puedo decir con orgullo que esas casas todavía permanecen en pie", relató Burgos. Las viviendas originales aún albergan las historias de las nuevas generaciones de aquellos primeros empleados, manteniendo vivo el vínculo.

MOMENTOS COMPLEJOS

Esa misma lealtad forjada con su personal fue el cimiento para enfrentar los capítulos más complejos de la historia reciente. Durante el estallido social, el local debió atrincherarse, cerrando sus vitrinas con protecciones metálicas y de madera, pero manteniendo sus labores operativas al interior.

Poco después, la pandemia impuso un desafío aún mayor. Mantener las cortinas abiertas fue un acto de malabarismo para poder cumplir con los sueldos y compromisos. La mueblería debió absorber la intensa demanda generada por el circulante de los retiros de las AFP, abasteciendo a los vecinos de forma responsable. "Han sido parte de la vida de esta mueblería el poder desarrollarse en medio de muchas tormentas", aseguró Burgos Avendaño, destacando la cautela con la que han navegado las crisis.

LA RESISTENCIA DE LA MADERA FRENTE A LA CAJA DE CARTÓN

En una era donde proliferan los locales de importación masiva y el mobiliario de vida útil limitada, Mueblería Los Ángeles decidió dar la batalla desde la trinchera de la durabilidad. Trabajan líneas exclusivas en maderas nobles, como el raulí, especialmente para comedores y dormitorios.

A diferencia de las grandes cadenas del retail, donde el cliente suele recibir un clóset desarmado en una caja -enfrentándose a piezas sobrantes o faltantes-, la mueblería angelina ofrece una garantía distinta.

"Nosotros hemos hecho una gestión, nos hemos colocado en el medio de esa situación. Traemos algunos muebles importados, pero nosotros lo armamos y lo entregamos encolados, entarugados, con taquete, con tornillos, de tal manera de que la persona se lleve un mueble firme", detalló el gerente.

Esta meticulosa filosofía de ensamblaje asegura, por ejemplo, que una silla resista el balanceo del uso diario por años sin desarmarse.

DE CAUPOLICÁN 642 HACIA TODO EL PAÍS

El peso de la historia no ha anclado a la empresa en el pasado. Hoy, el equipo se ha capacitado en nuevas tecnologías, impulsando su catálogo a través de su portal oficial (mueblerialosangeles.cl) y redes sociales. Este salto digital les permite despachar sus artículos desde Arica hasta Punta Arenas, reencontrándose virtualmente con angelinos radicados en otras zonas del país que compran "a ojos cerrados" confiando en el sello de su ciudad.

A pesar de su consolidación, deben lidiar con un mercado que a veces bordea la falta de ética comercial. Por ello, el mensaje a la comunidad es claro: "A no confundirse con los nombres, porque la competencia ha tratado de imitar nuestro nombre. Nosotros somos Mueblería Los Ángeles. No hay nadie que fabrique lo que nosotros hacemos", sentenció Pedro Burgos.

Con más de siete décadas a sus espaldas, la tienda no es solo un punto de venta, sino un trozo del patrimonio urbano de la provincia de Biobío. Como bien concluyó su actual administrador al observar su legado familiar: "La mueblería tiene una identidad con la ciudad, porque gran, gran cantidad de sus habitantes, algún mueble de la Mueblería Los Ángeles tienen en su casa". Un patrimonio que, a punta de tarugos, maderas nobles y vocación, se niega a claudicar ante lo efímero.




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