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Todos los lugares de la avenida Ricardo Vicuña

La principal característica de dicha avenida es el amplio bandejón central que permite la presencia de una nutrida vegetación con árboles frondosos, además de espacios y rincones que invitan al paseo diario. Pero cada uno de esos lugares tiene un pedacito de nuestra historia.


 Por Juvenal Rivera

Avenida Ricardo Vicuña desde calle Manuel Blanco Encalada al oriente, década del 50

Es curioso. La principal avenida de Los Ángeles lleva el nombre de un ciudadano cuya reseña biográfica es prácticamente inexistente. Solo un puñado de antecedentes se conoce de Ricardo Vicuña. Que fue un abogado, que llegó de Santiago y que fue intendente, algo así como el alcalde en esa época, hacia la década de 1880.

Eso sí, durante su gestión hubo dos hitos muy relevantes para su tiempo, uno coyuntural y otro que sigue siendo significativo en la actualidad.

Lo primero fue el rol de Ricardo Vicuña en hacer frente al cólera, enfermedad que – entre 1887 y 1888 – costó la vida del 10% de la población comunal. Para los muy limitados recursos disponibles, en Los Ángeles se hizo un esfuerzo gigantesco para mitigar las consecuencias de la pandemia. Ese trabajo fue la antesala para que la ciudad contara con agua potable y alcantarillado, algo inimaginable en ese entonces.

Lo segundo es de corte urbanístico. Fue durante su gestión que se tomó la decisión de ampliar la ciudad hacia el sur de la avenida que lleva su nombre. Ello dio pie a todo el vecindario que ahora conocemos como Plaza Pinto, conocido en ese entonces como Pueblo Nuevo.

La avenida Ricardo Vicuña va desde la calle Balmaceda (antes llamada la Calle Ancha o la “callancha”) hasta su conexión con la avenida Alcázar. En ese lugar se corta abruptamente por la presencia del recinto de la antigua cárcel y de la línea férrea (en desuso). Después continúa en razón de lo que ahora conocemos como villa Galilea.

Sin embargo, la principal característica de dicha avenida es el amplio bandejón central que permite la presencia de una nutrida vegetación con árboles frondosos, además de espacios y rincones que invitan al paseo diario.

Ese tramo tiene una extensión de dos kilómetros y se puede caminar en unos 40 minutos o una hora. En toda su recorrido se aprecian varias plazoletas, estatuas, bustos y esculturas que se han erigido, principalmente, desde la década del ’60 en adelante gracias al empeño de Osvaldo Órdenes, quien fuera encargado de aseo y jardines de la municipalidad de Los Ángeles.

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Osvaldo Órdenes fue el autor la estatua a Gabriel Carmona Francione, ubicada en el extremo oriente de la avenida Ricardo Vicuña. Ese lugar fue inaugurado en la década del ’90 en homenaje al empresario agrícola con activa participación en organizaciones sociales.

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Avanzando hacia el poniente, está la plazoleta Melvin Jones, en homenaje a quien fuera fundador del Club de Leones a nivel mundial. Solo un letrero indica tal condición.

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En el tramo siguiente, por el lado norte, es posible observar un pedestal con un libro abierto. En la columna, un mapa de Chile mientras que en el libro abierto tiene un texto ininteligible. Dicha pieza se instaló en octubre de 1997, como corolario del encuentro nacional de coros que se llevó a cabo en Los Ángeles y convocó a grupos de todo el territorio nacional.

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A continuación, frente a la villa Catirai, está la plazoleta Juan Jara Véjar, que reconoce a dicho ex alcalde de la década del 30 en esta ciudad. De profesión carpintero mueblista, también fue voluntario de bomberos por más de 75 años.

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Frente al hospital, entre José Manso de Velasco y Villagrán, está el monolito a dos integrantes de la agrupación ultraderechista Patria y Libertad. Se trata de Gonzalo Bunster y Raúl Castillo, quienes murieron el 26 de diciembre de 1972 cuando explotó la avioneta en la cual viajaban. Entregado en 1984, ese lugar fue usado por los partidarios del régimen militar para realizar su acto del 11 de septiembre.

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Más hacia el oriente, entre la prolongación de Villagrán y Almagro, está la plaza de juegos infantiles “Gabriela Mistral”. Obra de Osvaldo Órdenes, el recinto se caracteriza por tener una representación de la poetisa nacional que domina todo el paisaje. Se terminó de construir en 1981 y se ejecutó con aportes de la municipalidad y del Colegio de Profesores.

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Después, entre Almagro y Colón, se encuentran los locales de artesanía que reemplazaron a la fuente de agua que alguna vez tuvo peces de colores y que estuvo rodeada de frondosos olmos.

Justamente, en ese tramo del bandejón central de la avenida Ricardo Vicuña, en su conexión con Colón, sucede algo muy singular. Desde la década del 60 en adelante, hubo un monolito coronado en su parte superior con el busto de Bernardo O’Higgins. Éste, a su vez, hacía un conjunto con una pieza similar del general José de San Martín, que estaba al otro lado, cruzando la calle.

Sin embargo, a fines de los ’80, el busto de O’Higgins fue sacado y llevado a la plaza de armas. En su lugar, en abril de 1988, se colocó una placa para homenajear a Carabineros. Ahora, en ese lugar solo queda un monolito desnudo, sin referencia alguna a algo o a alguien.

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En el paño a continuación está el busto San Martín y dos otros similares. Uno está el costado sur, frente al ex Liceo de Niñas, y corresponde a Manuel Rodríguez, donado en 1910 por la colonia italiana residente en Los Ángeles. En el otro costado norte, está el busto de Gabriela Mistral, instalado a principio de los años ’60.

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Al otro lado, al poniente de calle Valdivia y tapados por un paradero de la locomoción colectiva, están las tablas con “Los Diez Mandamientos de la Fe Cristiana”, donado por una comunidad evangélica en los años ’80 cuando no era parada de micros y colectivos. Más hacia Mendoza, está la de agua que representa a la familia, obra del paisajista Osvaldo Órdenes. Inmediatamente a continuación, se encuentra el memorial al cabo Gerardo Rebolledo Cisternas, oriundo de esta ciudad y que fue uno de los cinco escoltas que murió en el atentado a Augusto Pinochet, en 1986.

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Al otro lado del bandejón central de la avenida Ricardo Vicuña, pasado Mendoza, está el monolito al ex senador Jaime Guzmán. Hubo un busto de quien fuera fundador de la UDI pero, a fines de septiembre de 2016, la cabeza fue cortada por desconocidos y, hasta la fecha, no ha vuelto a ser repuesta.

En el mismo paño está el anfiteatro, obra inconclusa de Osvaldo Órdenes. La idea se empezó a fraguar en los años ’60 y empezó a tomar forma en la década siguiente. El diseño original consideró una concha acústica que nunca se ejecutó. Solo se avanzó en las escaleras graduadas y el escenario. El lugar ha tenido un uso reducido debido a los problemas para evacuar las aguas lluvias.

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En el otro paño, frente al supermercado Jumbo, está la representación de un ciclista, llamado «Ruedas al Viento», que fue instalado a mediado de los años ’90. A pasos está la plaza inclusiva denominada Osvaldo Órdenes, que homenajea a quien se encargó de hermosear este paseo de Los Ángeles.

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El último recordatorio es el memorial a los detenidos desaparecidos en dictadura en la provincia de Biobío, instalado a principio de la década pasada, a petición de la agrupación que reúne a los familiares de las víctimas de la represión política.

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La avenida Ricardo Vicuña, en su tramo habitual, termina en las ruinas del recinto de la cárcel, construida con posterioridad al terremoto de 1939 y que funcionó como tal hasta 1969 cuando la población penal fue trasladada al complejo penitenciario que se levantó en la avenida Vicuña Mackenna.

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