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Incendios forestales no dan tregua en la provincia

Rosa González y Hernán Peña viven desde hace más de una década en San José de Dollinco y hoy lo perdieron todo luego de que las llamas consumieran su hogar, sus cosas y el alimento que tenían almacenado para vivir, ellos y sus animales, durante este año.


 Por La Tribuna

Nacimiento Incendio 2020 Enero casas quemadas Alerta Roja (1)

La tarde del jueves terminó con una Alerta Roja y con un contingente de Conaf, Bomberos y un sinnúmero de apoyos policiales y comunales, luego de que varios focos de incendio ocurrieran en distintos puntos de la provincia. Nacimiento, Cabrero y Mulchén tuvieron los puntos más críticos, aun cuando también se registraron llamas en Alto Biobío, afortunadamente lejos de sectores poblados.

Si bien hasta el momento no han sido muchas las casas consumidas por el fuego, sí hubo algunas que sufrieron el golpe de las llamas. Particularmente en Nacimiento, tres casas se quemaron, y solo en una de ellas vivía una familia porque las otras dos se trataban de una casa de veraneo y otra deshabitada.

Rosa González, vecina del sector de San José Dollinco, estaba en su hogar cuando vio que se acercaban las llamas. El fuego se propagó rápidamente por los árboles que rodean su propiedad y, en ese momento, decidió salir para buscar refugio porque comprendió que la situación era muy peligrosa y no tenía a nadie cerca. “Estaba acá y estaba sola, porque mi marido andaba en Los Ángeles”, comenta.

Consultada por cómo vivió el momento del incendio, Rosa señala que “llamé a mi marido, y él venía ya en Coihue, así que ahí le dije que se apurara y se viniera en colectivo para que llegara más rápido”.

Además, dice que le indicó que “se viniera por el puente alternativo, porque la carretera estaba cerrada y así lo hizo. Pero yo ya estaba mal, porque el fuego venía avanzando bastante, venía aquí llegando al sitio casi”.

Afortunadamente, su hija llegó para ayudarla y lograron convencerla de que saliera de su propiedad, ya que entre la angustia de ver cómo sus cosas se quemaban, y la preocupación por sus animales, ella no quería salir. “Me echaron a la camioneta y mi marido llegó a sacar cosas, a tratar de apagar el fuego, pero entonces llegó Bomberos y lo sacó”.

Luego de ser puestos a resguardo por personal de Bomberos, fueron los mismos vecinos quienes lograron rescatar utensilios y un par de muebles de las llamas, pero tal como señala la señora Rosa, “los vecinos sacaron algunas cosas, pero lo demás se quemó todo”.

Agrega que “a mí me sacaron hasta por ahí no más, por causa de que yo no quería irme porque mi marido quedaba acá, y yo pensé que cómo iba a salir arrancando, y él quedar acá sin yo saber nada de él, así que nos regresamos. Pero mi hija no me dejó”.

Además, cuenta que en ese tiempo en que se enfrentó a esta trágica situación, también sufrió de lo que significa vivir en sectores alejados, y a los que cuesta llegar en casos de emergencia. Al respecto, dice: “Estaba yo sola, salí al camino a ver si venía alguien para hablar siquiera, pero no venía nadie. Ya estaban encima las llamas, pero no había nadie. Y después pasó una camioneta de la Municipalidad y me dijo que abriera el portón, que lo mantuviera abierto, porque los Bomberos venían. Pero cuando llegaron ya estaba todo quemado”.

Sin embargo, en medio de esa tensa situación, Rosa González comenta que, a pesar de hoy día no tener nada luego del incendio, está tranquila. Porque lograron salir de entre las llamas con vida, y porque sabrán salir adelante como familia. Está en compañía de sus hijos, quienes viajaron a verla desde distintas partes. “Llegó mi hijo de Santiago y ahora viene mi otro hijo de Conce, entonces, cuando uno está más acompañada, se siente mejor también”, señala.

Pero no hay que olvidar que esta no es la primera vez que en el sector ocurren situaciones de riesgo parecidas. “El año pasado tuvimos otro incendio. También perdimos animales, que se les quemaron las patitas, y de eso se mueren. Ahora no perdimos animales, solo un caballo que anda por ahí, no sabemos si está muerto por ahí, porque salió a correr”, cuenta Rosa.

El caso de Rosa González y de su marido, Hernán Peña, sirven para reflexionar acerca de la tragedia detrás de las cifras, es decir, que más allá de los grandes volúmenes de hectáreas quemadas que solemos ver en la prensa, hay también pequeñas historias que son la cuenta más desgarradora de una tragedia. En esas casas que se queman, a veces de a una por pueblo, pero con una constancia que alarma, hay personas que viven y sobreviven en el anonimato residual de las catástrofes.

LA AYUDA QUE SE VIENE

Si bien no hubo víctimas fatales en esta oportunidad, sí hubo pérdidas irreparables. Por eso es que es importante el trabajo que realizan las autoridades para apoyar a las personas que sufren por los incendios forestales. Tanto el alcalde de Nacimiento, Hugo Inostroza, como el seremi de Agricultura, Francisco Lagos, llegaron al lugar y compartieron con la familia de Rosa y Hernán.

En el lugar no solo realizaron una evaluación de los daños, sino que además iniciaron el trabajo de permitir que esta familia pueda acceder rápidamente a beneficios. También se hizo presente en el lugar personal de Caritas Chile, representados por el padre Gustavo Valencia, y por Gerson Araneda, quienes llegaron al lugar para prestar la ayuda más inmediata.

Ellos se comprometieron a hacer llegar rápidamente alimentos y algunas cosas de primera necesidad, para que mientras los otros recursos más grandes llegan, esta familia pueda subsistir de manera óptima. Luego vendrá el proceso más riguroso de recuperar algo del alimento para los animales y forraje, así como también los enseres con que puedan reconstruir una vivienda, ya que la que tenían después de muchos años de esfuerzo, quedó completamente en el suelo.

Respecto de la ayuda y de las autoridades que llegaron a su casa, Rosa cuenta que “yo soy muy conocida en Nacimiento, porque me gusta ayudar a la gente, y estoy en club del adulto mayor, en el Club Padre Hurtado. Y también voy a ayudar al Consejo de Discapacidad, también estoy allá todos los miércoles, entonces el alcalde me conoce, así que me dijo que no me iba a desamparar”.

Y agrega que “ojalá llegue pronto la ayuda, lo que sea, en casa, techo. Lo que sea. Porque ya los alimentos van a llegar, a través de Caritas Chile, que me prometieron que entre lunes o martes, así que ahí nos arreglamos”. Del mismo modo, ojalá más personas se sumen para hacerles llegar ayuda de todo tipo, tanto en utensilios y muebles, como también en alimentos y forraje.

Finalmente, el caso de Rosa y de Hernán sirve para ilustrar la tragedia que hay siempre detrás de un gran incendio, ya que si bien a veces vemos los datos duros, y comprendemos la historia desde las estadísticas o los aviones que sobrevuelan los grandes bosques, también hay que pensar que estos incendios, donde se ha comprobado que la mayoría de las veces son intencionales, dejan víctimas y dejan personas en la calle. Dejan casas destruidas, y familias que tardan muchos años en reconstruir la vida que tenían hasta antes de las llamas.

Por eso es importante saber que, así como la señora Rosa, existen muchas otras personas que, año tras año, van quedando con los estragos que tienen luego de vivir una experiencia tan dramática como un incendio forestal que se propaga hasta los sectores donde hay casas de sectores urbanos o rurales.

Por eso es importante recalcar que hay una tremenda responsabilidad de todas las personas en fiscalizar y en tener comportamientos adecuados respecto del uso del fuego para no repetir, tal como se repite cada día en estos tiempos, el que existan nuevos focos de fuego que terminan en un incendio que, al final, lo que único que hace es destruir a las pequeñas familias que viven en los sectores más alejados y, además, destruyen a los agricultores y pequeños ganaderos que tienen que ver el esfuerzo de toda una vida consumido rápidamente.

Todos podemos ser víctimas de un incendio, y aun cuando siempre se piensa que la mala suerte le toca a otro, hay que tener en cuenta que los incendios forestales pueden afectarnos a todos. Y sin cuidado y sin responsabilidad, podemos terminar, el día de mañana, diciendo las mismas palabras con que Rosa González terminó la conversación cuando, emocionada, dijo: “Qué más puedo decirle, que es terrible nomás. No quiero volver a pasar por esto”.

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