jueves 17 de octubre, 2019

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María Alejandra Salas: una mujer fuerte que ha bordado sus sueños con éxito


 Por Gonzalo Meller

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Desde confeccionar ropa para sus muñecas, hasta lograr consolidar una empresa que lo hace corporativamente, la emprendedora de Biobío ha seguido sus convicciones posicionando en lo alto su “Nubecita”.

Luchadora innata. Alguien que no se deja vencer fácilmente y entre sus mejores armas para sortear un panorama difícil, reluce el positivismo junto al amor familiar, son características de María Alejandra Salas Cruz de 53 años, hija de Alejandrina Cruz y Carlos Salas.

Nacida en Santiago, pero viviendo en distintas regiones del país debido a una familia de carácter “nómade”, es una diseñadora de vestuario, madre de Monserrat y Cristóbal, perteneciente al corazón provincial, a la cual posiblemente conozca como “Señora Nubecita” o porque su hijo y algún conocido use ropa escolar elaborada por su empresa, la cual inaugurará una nueva instalación este sábado.

DISEÑANDO UN DESTINO

La profesional recordó una niñez dentro de la fábrica de calzado perteneciente a sus padres, precisando “me imagino  que heredé lo emprendedora de ellos, porque cuando naces donde cuesta y nada regalan, te da fuerza junto a un gran ejemplo”.

Por lo que en ese ambiente iniciaría su interés por los géneros, puntualizando que con una creatividad innata, jugaba con muñecas, elaborándoles ropa, segura de su destino.

“Me acostaba todas las noches, imaginándome primero con una maquinita, después dos y así sucesivamente”, rememoró.

A medida que fue creciendo enfatizó que siguió “sólo lo que me hacía feliz”, ya que -la decidida mujer-, cuando vivió con una tía, hasta con tela de sacos harineros sobrantes, plasmaba su imaginación en tela ahorrándose vestuario.

Posteriormente, dejando dos carreras universitarias, no seguiría sorteando su ocupación definitiva, tomando la iniciativa de estudiar diseño de vestuario.

Paralelamente, fuera del ámbito académico “tela que encontraba, la transformaba o recortaba, teñía y hacia mis inventos”.

A los 18 años, ya con su primera máquina comenzó a profesionalizar su trabajo y, entre estudios, confeccionaba sábanas, hasta que grandes desafíos llegarían, creando una prenda trascendental usada por mujeres cuando formalizan un vínculo conyugal.

“Algunas estaban haciendo faldas o blusas, yo me pegué el salto confeccionando vestidos de novia, junto a otros de fiesta, dándome cuenta realmente lo que quería hacer”.

LA SEÑORA NUBECITA

El nombre del sello de la emprendedora, su orgullo, “tercer hijo”, y hasta por el nombre que aseguró “todos me conocen”, se debe a que inició sólo elaborando ropa de niño.

Pero la historia de esta fábrica de ropa infantil junto a uniformes de colegio entre otros, cuyo nombre es “Nubecita”, se remontarían a su arribo provincial, donde sería la comuna nacimentana, el lugar que vio los cimientos de su sueño.

“En 1988 cuando me casé y vine a Nacimiento, a los dos días comienzan a llegarme arreglos, por lo que trabajé cinco años como modista”.

Años mozos. Rotarias, esposas de los jefes industriales y desde la Cruz Roja, entre muchas, se sumaron a su fiel clientela, la cual le otorgó un renombre dentro de la comuna del fuerte.

Entre el agotador trabajo “a la medida”, un día decidió tener su fábrica, aseverando que “esta cosa se acaba y compré unas máquinas reacondicionadas, para diseñar ropa de niño”.

Lamentablemente, a su pareja de aquel entonces no se le daba la comercialización de productos, por lo tanto, tuvo que contactar a un profesional del área ideando un logo y marca, que resultó ser la famosa “Nubecita”.

DIFÍCIL RIVAL ORIENTAL

La marca -Nubecita- comenzó a ser conocida, pasaron los años, el éxito seguía, pero “llegaron los chinos”.

No es novedad que el mercado oriental afecta al comercio local, ya que pese a la calidad superior de la manufactura “artesanal”, el precio no acomoda a los compradores, por lo tanto, la profesional, tuvo que hacer frente al gigante asiático.

“Su ropa importada comenzó a matarnos, las niñitas dejaron de usar vestido, así que nos enfocamos en hacer buzos y ropa para bebés. Seguíamos sin poder competir, así que de a poco fuimos confeccionando buzos de colegios, porque los chinos no van a traer ropa de colegio”.

Esta iniciativa daría frutos, ya que comenzaron a formar alianza con clientes mayoristas, entrando de lleno al mercado en distintas ciudades de Chile.

MUJER COMO EL AVE FÉNIX

Con la finalidad de posicionar su marca en la capital provincial, sería en 2001, junto a sus dos hijos, donde pese a no arribar en las mejores condiciones, siguió luchando para sortear nuevamente un panorama adverso.

“Llegué con mi taller y construí, pese a que estaba muy mal económicamente, tras una enfermedad que casi me mató, por lo que sólo eché para adelante. Tenía dos hijos y no había otra opción”.

A su vez, mencionó que “fueron años muy difíciles, con todas las puertas cerradas, pero de todas formas, me volví a levantar, tal cual cómo el ave fénix”.

Tras la tormenta finalmente salió el sol. La emprendedora sacó fuerzas y nuevamente posicionó su Nubecita en lo alto. Desde los colegios comenzaron a comprar directamente a su taller, sumando nuevas instituciones educacionales a su agenda lo cual, si bien, fue positivo, demandó nuevas instalaciones.

“Tuve que hacer una fábrica nueva, buena, con una capacidad superior junto a una sala de ventas adecuadas, por lo que este año decidimos dar el paso”.

Relativo a su autonomía que destaca sobre el tradicional machismo, el cual relega a la mujer hacia tareas domésticas, explicó que “no soy feminista, tal vez sea media a la antigua, pero las mujeres siempre debemos hacer algo, porque cuando la vida pasa malas jugadas, es ella quien siempre queda a cargo, especialmente de los niños, teniendo que arreglárselas de cualquier forma”.

También, aseguró que pese a su prestigio laboral, su mejor trabajo ha sido “ser madre”, destacando a dos excelentes hijos: uno médico, capitán del Ejército y, otra que está por recibirse de arquitecta”.

VESTUARIO PARA ÁNGELES

Con la creatividad a flor de piel, la diseñadora de vestuario, es la artífice de la indumentaria deportiva del club de patinaje “Los Ángeles Sobre Ruedas”, personalizando los atuendos que hacen brillar con demasía a las pequeñas estrellas.

“Ahí yo realmente disfruto, les hago a todas mallas diferentes, realmente vuela mi imaginación, pese a que es sacrificado para mí, ya que me pueden dar las tres de la mañana y sigo bordando”.

Distintos establecimientos educacionales solicitan las confecciones de la emprendedora angelina.

La artista se especializa en confeccionar mallas para gimnasia rítmica y patinaje entre otros.
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