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Jóvenes columnistas

¿Sin gorrito hay fiesta?

Francisco Muñoz Almendras Ciudadano


 Por La Tribuna

10-04-2017_21-22-13FranciscoMuñoz

No esperemos a que el Estado tenga que intervenir y obligue a la ciudadanía a educar sexualmente a su propia población, con ideas o conceptos que pueden no ser a los que uno adhiera, como cuando pasó en Santiago con el famoso libro que Carolina Tohá repartió en los establecimientos educacionales.

 

Según el Boletín de vigilancia del Instituto de Salud Pública (ISP) entregado la semana pasada, los casos confirmados de gonorrea subieron 208% en cinco años. Es decir, de 532 en 2010 a 1.640 en 2015. Los hombres representaron entre 84,9% y el 92,9% de los contagiados. Las regiones con mayores confirmaciones de casos fueron la Metropolitana (63,3%), Biobío (7,4%) y Coquimbo (6,7%).

El informe también mostró preocupación por el aumento a la resistencia a algunos antibióticos. Así, para el ciprofloxacino la resistencia subió de 31% en 2010 a 63% en junio de 2016. Con la penicilina pasó lo propio aumentando la resistencia de 33% a 49%. La ceftriaxona y azitromicina, se mantuvieron en su eficacia.

La gonorrea es una enfermedad que se propaga por cualquier tipo de actividad sexual y que se caracteriza por la inflamación de las vías urinarias y genitales. Cualquier persona puede contagiarse. Las formas de evitarlo son las mismas que, por ejemplo, el VIH: tener una pareja única y/o usar condones de látex. No obstante, también puede contraerse vía oral.

Los casos confirmados de personas infectadas con el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) en el país han experimentado un aumento de 45% entre los años 2010 y 2015.

De acuerdo al análisis entregado en el boletín, las muestras positivas de infección en mayores de 13 años experimentaron un alza de 2.968 casos en el año 2010 a 4.291 en el 2015.

¿Aún seguimos creyendo que no es necesaria una educación sexual en Chile? Estos datos sólo reflejan la negligencia del Estado, de los recintos hospitalarios y de las familias y de la sociedad en general a la hora de educar sexualmente tanto a los padres como a los hijos de éstos acerca de los riesgos de tener conductas sexuales sin protección. No olvidemos que el preservativo no sólo evita el embarazo no deseado, sino que también, evita por sobre todo el contagio de VIH y de Infecciones de transmisión sexual. Dejemos de justificar su no uso con frases como “Se siente diferente”, “No es lo mismo”, “Sale caro”. Esas son sólo meras justificaciones de la dejación, ignorancia y por sobre todo incluso, el poco amor propio que uno mismo se puede tener. Existen infinidades de modelos, marcas, precios y tipos de preservativos, incluso algunos de buena calidad que son entregados en los recintos de salud. Es deber de ambos participantes exigir la utilización del preservativo, y si no sabe usarlo, existe algo llamado Youtube dónde tranquilamente, en su intimidad puede aprender a como colocárselo.

¿Cuál es la idea de seguir negando que los jóvenes tienen relaciones sexuales? Hay que dejar de tapar el sol con un dedo, hoy en día los jóvenes cada vez a edades más tempranas están iniciando su actividad sexual, es por eso que la sociedad en general debe saber cómo conducir este fenómeno, ya que reitero, ni por muy conservadora que sea la familia o porque tenga una moral (religiosa) muy profunda, no quiere decir que los hijos de éstos no tendrán relaciones sexuales, o que llegaran vírgenes al matrimonio. No estoy diciendo que eso sea malo. No. Al contrario, sólo digo que debemos prevenir tanto el embarazo no deseado y por sobre todo las ITS.

No esperemos a que el Estado tenga que intervenir y obligue a la ciudadanía a educar sexualmente a su propia población, con ideas o conceptos que pueden no ser a los que uno adhiera, como cuando pasó en Santiago con el famoso libro que Carolina Tohá repartió en los establecimientos educacionales, es nuestra responsabilidad aprender y enseñar acerca de una sana educación sexual, que sea íntegra y contemple todos las aristas de la misma: Psicológica, genital y afectiva, y en dónde nosotros mismos agreguemos la moral a la que nosotros suscribamos.

Dejémonos de prejuicios éticos o morales, de tapar el sol con un dedo, de cerrar los ojos y fingir que no existe una realidad que sí está ocurriendo y de manera alarmante; dejémonos de cuentos y digamos las cosas como son: Sin gorrito, no hay fiesta.

Francisco Muñoz Almendras

Ciudadano

 

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