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Cartas

La ciudad de todos


 Por Fernando Marín Cruchaga

Señora directora:

Cuando tanto se habla de la “Casa de Todos”, pareciera olvidarse la que ya existe, pero en un terrible estado, producto del vandalismo impune, y no es otra que nuestra ciudad. Entiéndase esta como cualquiera en que el lector se encuentre.

Solo por nombrar las que he visitado en estos últimos meses, los centros históricos de Santiago, Valparaíso, Concepción y La Serena, muestran grados de vandalismo, abandono y deterioro que ya no dan para más.

La ciudad y su equipamiento, de todo tipo y escala, es la que da el marco que nos relaciona, nos acoge y que nos sirve día a día, y por tanto, merece el mismo respeto y cuidado que cualquiera le da a su propia casa.

Pero en esta casa de todos, hay quienes la destruyen. Desde el vándalo que incendia, raya o destruye hasta el pseudo-intelectual, político o autoridad que relativiza, excusa y explica. Todos son igual de responsables.

Es urgente no dilatar más y generar un acuerdo social, quizá expresado en una regulación de urbanidad responsable, con derechos y deberes, así como con sanciones frente a su no cumplimiento. Una regulación que las proteja, incentive su uso y desarrollo, promueva la identidad y la calidad de vida y que, de una vez por todas, sea efectivamente aplicada.

Fernando Marín Cruchaga

Miembro de la Asociación de Oficinas de Arquitectos (AOA).


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