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Cartas

Dignidad


 Por Prensa La Tribuna

Señora directora:

En su concepción en Roma el concepto de dignidad era muy distinto al de la actualidad, considerándose esta “dignitas” como una señal de estatus alcanzado. Esta respondía a méritos en una forma de vida que estaba ligada a la esfera política y una recta moral. El romano defendía su dignidad, luchaba por ella, la asentaba y lucía. No tenía un orden rígido: podía aumentarse, perderse o restituirse. Era un logro personal que, daba derecho a un poder y ―por el impulso interior a ser moralmente intachable― exigía un deber. Por otro lado, en la actualidad se puede ver la dignidad como el rasgo distintivo de los seres humanos respecto de otros seres vivos, lo que constituye a la persona como un fin en sí mismo e impide que sea considerada un medio para otros fines, además de dotarla de capacidad de autodeterminación y de realización del libre desarrollo de la personalidad. La dignidad es así un valor inherente a la persona humana que se manifiesta a través de la autonomía consciente y responsable de su vida y que exige el respeto de ella por los demás. Esta visión actual, que afirma que se tiene dignidad solo por el hecho de ser persona, debe primar dentro de la Convención como dentro de la esfera pública, dejando de lado las concepciones materialistas que solo opacan y tergiversan el concepto.

Martín Durán F.

FPP Concepción

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