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Cartas

Lluvias


 Por Prensa La Tribuna

Para esta semana se prevén lluvias en buena parte del territorio nacional. En el caso del valle central de la provincia de Biobío, los sistemas de pronóstico del tiempo anuncian que las precipitaciones se extenderán hasta el próximo 20 de agosto, aunque concentrándose mayormente entre hoy y el miércoles, días en que caerían aproximadamente 65 milímetros.

Después de un año particularmente seco, quizás uno de los peores desde que se tenga registro, estas lluvias han sido esperadas con especial interés y entusiasmo. Como ya viene siendo una tónica en la última década, el creciente déficit pluviométrico ha originado que ese tipo de manifestaciones de la naturaleza sean esperadas con ansias, en el entendido de que las precipitaciones morigerarán esa carencia.

Hace no demasiado tiempo antes, la disminución de las lluvias no eran motivo de preocupación alguna. Se iniciaban en abril (de ahí el dicho: abril, lluvias mil) y culminaban en septiembre, aunque se concentraban entre junio y julio. Ahora con nostalgia se rememoran aquellas prolongadas e ininterrumpidas jornadas de precipitaciones.

Sin embargo, desde fines de los 90 que se comenzó a percibir un cambio. En nuestra provincia de Biobío, lo más evidente fue la pérdida del volumen de agua embalsada en el lago Laja, al interior de la comuna de Antuco, en plena cordillera de Los Andes. Año a año, los regantes comenzaron a observar que la cantidad de agua iba descendiendo, haciendo peligrar la disponibilidad del recurso en la época de mayor demanda por la actividad agrícola: la de riego.

Lo del Laja es paradigmático. Cuando comenzó a explotarse para esos fines, hace ya más de 150 años, se pensó que la magnitud de su volumen embalsado lo convertía en una fuente prácticamente inagotable.

Sin embargo, la evidencia más palpable de la sostenida caída del recurso se observa en las populares cascadas de los Saltos del Laja que, desde noviembre en adelante, devienen en unos muy menguados raquíticos hilos de agua que resbalan por la roca basáltica. Sin duda que una imagen demasiado lejana de aquella pared de agua que rugía a lo lejos.

Paradojalmente, la provincia de Biobío es atravesada por más de una docena de ríos y esteros que nacen en la cordillera andina o que afloran en algún punto del valle, y que suelen descargar en el gran río Biobío y, por su intermedio, hacia el majestuoso océano Pacífico, siendo la demostración de uno de los ciclos de la naturaleza que se repiten todos los años. Sin embargo, para que se sostenga, necesitan de las lluvias y de la acumulación de nieve en las partes altas de la montaña para que los deshielos, desde siempre en adelante, ayuden a nutrir de agua a los cuerpos fluviales.

En la voz de algunos especialistas, ya no se trata de estar viviendo una sequía. Estamos transitando a lo que se denomina nueva normalidad en que este nivel de lluvias –escaso en comparación con años anteriores– ahora será habitual para los tiempos que se vienen.

Sin embargo, lo que antes era una normalidad, ahora se está tornando en una excepción que solo parece confirmar la regla. De ahí que miremos con atención la carta sinóptica y escuchemos con interés la opinión experta de los meteorólogos sobre la posibilidad de lluvias en los días venideros, esperando que las novedades sean favorables. Tal como sucede ahora en que debimos esperar hasta mediados de agosto para tener un nuevo frente de mal tiempo.

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