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Cartas

Diversidad sexual


 Por Prensa La Tribuna

Cuando hablamos de diversidad, el sexo y el género son aspectos sustantivos que muchos estándares internacionales (con su punto cúlmine en los principios de Yogyakarta) están deconstruyendo para reconocer el género como un atributo de la personalidad auto percibido y vinculado a la dignidad del individuo.

Sin embargo, la definición jurídica de sexo sigue obligando a optar por una elección binaria entre hombre o mujer, en un esquema tradicional que ha sido respetado por miles de años, pero que hoy está en cuestionamiento. Es presionado desde la periferia –en palabras de Focault– que surge la resistencia al poder de la heteronorma y al patriarcado machista, que comienza a cuajar en sentencias y legislaciones. 

En Chile, la Ley n°21.120 define el derecho a la identidad de género, la que se entiende como la “convicción personal e interna de ser hombre o mujer, tal como se percibe a sí misma, la cual puede corresponder o no con el sexo y nombre verificados en el acta de inscripción del nacimiento”. Nótese que el legislador quiso dejar expresa constancia de que el espacio jurídico de la sexualidad está firmemente determinado solo por dos sexos, por lo que el reconocimiento de la diversidad sexual no es más que una declaración. 

Entonces, ¿cuál es la utilidad social y jurídica de separar sexos?, ya sea en dos o con un tercero como ocurre en Alemania o Malta, cuando en realidad si aceptamos que somos humanos, iguales en dignidad y derechos, nuestra “condición sexual” es irrelevante. Propongo entonces que pensemos en serio en la eliminación absoluta del concepto de sexo como atributo jurídico de la persona.

Eric Latorre

Grupo de Investigación UARECHI

Universidad Autónoma de Chile

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