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Cartas

Libertad de expresión


 Por Prensa La Tribuna

Señora directora:

Un sketch humorístico en donde se parodiaba a un general de ejército y se daba a entender que los funcionarios de dicha institución no representaban un verdadero aporte, motivó misivas por parte de las Fuerzas Armadas y el ministro de Defensa condenando la interpretación. Este último señaló que ‘No es aceptable recurrir a la parodia política para enlodar instituciones y personas que prestan un servicio imprescindible’. El jefe de cartera, sin embargo, se equivoca. Un breve ejercicio nos puede ayudar a dilucidar por qué. Durante la guerra civil de 1891 -que enfrentó al bando congresista contra los Balmacedistas- la sátira política inundó los diarios de la época. Los opositores al presidente lo ridiculizaban constantemente, y lo mismo hacían los periódicos leales al gobierno con sus adversarios. Dicho material no hace más que ayudarnos a comprender de manera más envolvente el contexto político y social que se respiraba durante aquel conflicto. De no haber existido aquellas expresiones –odiosas si se quiere- tendríamos una imagen errónea, o al menos incompleta, de lo que los distintos sectores de la sociedad pensaban durante el desarrollo de un conflicto fundamental en la historia de nuestro país. En concreto, lo que el ministro de Defensa pasa por alto es que una vasta libertad de expresión –en cualquiera de sus formas- permitirá a las futuras generaciones comprender de mejor manera los diversos sentimientos de la sociedad actual y sacar, a partir de aquello, conclusiones más sólidas y elaboradas acerca de nuestra época.

Pablo San Martín Ahumada

Periodista

Especial Coronavirus

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