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Cartas

Plebiscito


 Por La Tribuna

Señora directora:

¿Es una pesadilla, o es verdad que se ha programado un plebiscito para octubre próximo? ¿Es posible que en medio de la aguda crisis social que enfrenta nuestra nación y sin esperanzas aún de superar la pandemia mundial que ha dejado una estela de muerte y pobreza en el país, el gobierno y los partidos insistan en llevarnos a una confrontación electoral de consecuencias imprevisibles? Un proceso constituyente en estos momentos – digámoslo sin eufemismos -, sólo puede llevarnos a una guerra civil, la cual ya mostraba sus primeros destellos antes de que el virus chino privara a los golpistas de sus bestiales esbirros. Además, significa destinar todavía más recursos a la politiquería, mientras los chilenos deben recurrir a sus ahorros previsionales para hacer frente a estos tiempos de hambre y cesantía. Tremenda irresponsabilidad, que sólo agrega un motivo más para repudiar a la “clase política”.

¿Acaso los controladores del Estado imaginan que los comunistas internacionales, apoyados por elementos terroristas y guerrilleros ingresados al país como “refugiados”, se conformarán con una derrota en el plebiscito? Nunca, buscarán cualquiera excusa para desconocer el resultado. ¿Es alguien tan ingenuo como para pensar que los Chilenos acataremos una constitución acordada por una “asamblea constituyente” dirigida por los rojos? ¡Jamás!

Es cierto que se requiere una nueva Constitución para Chile y los chilenos, como la que debió surgir del régimen que dirigió el país a contar de 1973, es decir, recogiendo los principios que inspiraron el Pronunciamiento Nacional de ese año, pero lamentablemente la Constitución de 1980 terminó en desilusión para quienes pensaban que había llegado la hora de Chile. No se puede entender, por ejemplo, que se  haya copiado casi textualmente la disposición del artículo 5 N° 1 de la Constitución de 1925, dejándola ahora como artículo 10 N° 1. Así, los hijos de extranjeros nacidos en territorio nacional seguirán convirtiéndose en “chilenos” por la magia de una simple ley, por fundamental que ella sea. Tal cosa es tan antinatural como esperar que la semilla de un clavel, por el sólo hecho de germinar en medio de un rosal, pudiera dar origen a una planta de rosa. También es inconcebible que constitucionalmente baste con haber nacido en el país para ser  ¡¡Presidente de Chile!!  Lo anterior ni siquiera da derecho a encabezar un club deportivo.

Chile necesita darse una verdadera Carta Magna para los próximos 200 años, tomándonos para ello el tiempo que se requiera – 5 o 10 años -, y analizando con lupa todo proyecto constitucional que se elabore. En este proceso debe intervenir la totalidad de los chilenos y chilenas, excluyendo a quienes no son parte de nuestra nación. Una Constitución para la Nación Chilena es algo demasiado serio para utilizarlo como un mero distractivo, con el que se busca – tanto a “derecha” como a “izquierda”-, postergar las soluciones que demandan con urgencia las múltiples y apremiantes necesidades de amplios sectores de la sociedad nacional.

Sergio Larenas Chávez

Especial Coronavirus

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