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Cartas

Simce, la evaluación como enjuiciamiento


 Por La Tribuna

Señora directora

El debate generado por la decisión del Mineduc de aplicar este año el Simce evidencia un problema que no sólo atañe a las dificultades que las comunidades escolares han debido enfrentar en este contexto de pandemia, sino que se alberga en las bases de nuestra cultura educacional. Es la idea que pervive entre nosotros sobre el concepto de evaluación.

Aún cuando el ministerio afirma que este instrumento se aplicaría solo como un recurso de diagnóstico para conocer la realidad de los establecimientos y, eventualmente, apoyarlos, la resistencia por parte de especialistas, docentes, apoderados y equipos directivos demuestra que la prueba simboliza lo contrario, un problema más, y que las evaluaciones siguen provocando angustia y temor, pues aún se piensa en ellas como una instancia inquisitoria o sancionatoria.

No se trata de un problema exclusivo del Simce, es nuestro sistema que promueve una idea pragmática de la educación, que aspira a resultados numéricos y a la utilidad de los conocimientos el que no ha logrado fomentar una cultura que supere el “miedo a las pruebas”.

La tendencia contemporánea comprende que una buena evaluación consiste en un proceso de acompañamiento regular, que busca detectar debilidades y fortalezas con miras a la mejora y al aprendizaje continuo de personas e instituciones. No se trata sólo de determinar ahora el valor de una prueba como el Simce, sino de superar el caduco concepto de la evaluación como enjuiciamiento, eso implica replantearnos por qué y para qué educamos, y de qué manera una prueba, más que sancionar, podría incentivar esfuerzos para promover una mejor educación.

María Gabriela Huidobro

Decana de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales de UNAB

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