Agroforestal

Consorcio Papa Chile alerta por sobreproducción y encarecimiento de insumos

Desde el sector advirtieron que el aumento de los costos por hectárea y la falta de mecanismos para absorber el excedente productivo están impactando directamente a los agricultores, especialmente a los de menor escala.

El alza en el costo de los insumos y la saturación del mercado interno han llevado al sector a enfrentar serios riesgos financieros.
El alza en el costo de los insumos y la saturación del mercado interno han llevado al sector a enfrentar serios riesgos financieros. / FUENTE: Diario La Tribuna

El sector papero nacional atraviesa un momento de profundas contradicciones. Lo que para cualquier otro rubro agrícola sería una noticia positiva —un clima favorable y abundancia de agua— para los productores de papa se ha transformado en un fenómeno que Luis Miquel, gerente general del Consorcio Papa Chile, denomina como "la paradoja de las papas". En una entrevista exclusiva, el líder gremial desglosó los factores que mantienen en alerta a una de las cadenas agroalimentarias más importantes del país, destacando la vulnerabilidad de los agricultores frente a un mercado interno saturado y costos de producción que no dejan de escalar.

LA PARADOJA DE LA ABUNDANCIA: PRODUCIR MÁS PARA GANAR MENOS

La raíz del problema actual reside en la fluctuación extrema de los rendimientos. Según explica Miquel, bajo condiciones climáticas óptimas y con disponibilidad hídrica, la productividad por hectárea puede saltar de 35 a 50 toneladas. No obstante, este incremento no es absorbido por el mercado nacional. Chile consume anualmente entre 750 mil y 800 mil toneladas de papa, pero la producción actual puede llegar a los 1,4 millones de toneladas.

Esta sobreoferta genera un desplome inmediato en los precios percibidos por el productor. "Cuando le va bien al agricultor en lo agronómico y los rendimientos son altos, los precios son muy malos; y cuando los precios son buenos, el volumen de negocio es tan poco que casi nadie lo aprovecha", señala el gerente general. El resultado es un ciclo de inestabilidad donde el exceso de stock termina por agotar el valor del producto, llevando a muchos agricultores directamente a la quiebra al no contar con un mecanismo que regule o procese el excedente.

COSTOS DE PRODUCCIÓN AL DOBLE: EL DESAFÍO DE LOS 13 MILLONES

Otro factor crítico que presiona al sector es el incremento sostenido en el valor de los insumos. Desde el periodo postpandemia, el costo de establecer una hectárea de cultivo ha experimentado un alza sin precedentes. El vocero del Consorcio recuerda que hace apenas cuatro años, el costo por hectárea oscilaba entre los 6 y 7 millones de pesos. Hoy, esa cifra se sitúa entre los 12 y 13 millones de pesos, sin considerar gastos adicionales como el riego o el valor de la semilla certificada, que podrían elevar aún más el presupuesto.

A pesar de una leve baja en el valor del dólar que ha aliviado marginalmente el precio de abonos y fungicidas, la máxima autoridad de la entidad enfatiza que los costos nunca retornan a los niveles previos. Esta realidad financiera implica un riesgo elevado: sembrar con la expectativa de precios altos que luego no se materializan puede derivar en problemas financieros serios para las familias agricultoras.

REPLIEGUE DE LA BANCA Y EL RIESGO DE LA INFORMALIDAD

La respuesta de las instituciones financieras ante este escenario de alto riesgo ha sido la cautela extrema. Miquel utiliza una metáfora clara para describir la relación con la banca: "Los bancos son instituciones que te prestan el paraguas cuando sale el sol y te lo quitan cuando va a llover". Actualmente, el acceso al crédito se ha restringido significativamente. Las entidades financieras analizan los flujos de caja con lupa, acortando líneas de trabajo, subiendo tasas de interés y exigiendo mayores garantías.

Esta restricción crediticia tiene un efecto secundario peligroso: la desinversión en calidad. Al no contar con capital, los agricultores intentan ahorrar en elementos críticos. Esto se traduce en el uso de semilla no legal (corriente), reducción en la aplicación de abonos y disminución de fungicidas. "Ese ahorro se ve reflejado directamente en los rendimientos y la calidad futura", advierte el experto, señalando que este círculo vicioso podría provocar un ajuste en el mercado en los próximos dos o tres años debido a la menor renovación de material genético.

INDUSTRIALIZACIÓN: LA NECESIDAD DE UN NUEVO PARADIGMA

Para el líder gremial, la solución a largo plazo no pasa por subsidios temporales, sino por un cambio estructural que permita a Chile procesar su producción. Actualmente, la creación de una industria procesadora de papas (congelados o derivados) se ve frenada por la inestabilidad económica y política. "Hoy es más seguro invertir en cinco departamentos o parcelas de agrado que instalar una industria", afirma Miquel, destacando que el capital se está desplazando hacia el mercado inmobiliario debido a su mayor seguridad.

El gerente general hace un llamado a las autoridades para generar incentivos —que no subsidios— que den estabilidad a la inversión industrial. Según su visión, Chile requiere un nuevo paradigma país para dejar de ser solo un exportador de materias primas y convertirse en un procesador que pueda dar valor agregado a la papa, estabilizando así los precios internos y ofreciendo un poder comprador constante para los agricultores.

"Hoy producir una hectárea de papa cuesta hasta 13 millones de pesos; con el riesgo actual del mercado, un traspié en los precios puede llevar al agricultor directamente a una crisis financiera insostenible"

Luis Miquel, gerente general del Consorcio Papa Chile





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