domingo 18 de agosto, 2019

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Seguir la vocación

Macarena San Martín Sandoval, enfermera y militante de Evópoli


 Por La Tribuna

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En el momento en que comenzaba a redactar las primeras líneas de algún escrito en la universidad, se venía a mi mente retratar a la enfermería como arte y ciencia del cuidado. De este difícil paso mantengo nerviosos recuerdos de prácticas en hospitales, noches sin dormir, fichas clínicas intocables, docentes poco amigables, que casi no me dieron, en ese entonces, la oportunidad de imaginar lo maravilloso que me esperaba.

Actualmente, con ya algunos años de ejercicio, puedo corroborar que todo lo que sentí estaba lejos de la imagen de lo que hoy realizo. Se me dificultaba y me oponía a asociar dicha profesión remitida solo a funciones en un hospital desde el alba hasta la medianoche. Al igual que yo, muchas personas se encontraban dentro de esa vaga perspectiva. Pues bien, ahora vengo a cambiar esta visión, tan poco generosa.

Lo que muchas veces se encuentra oculto es que a partir de esos cinco años académicos generas un amplio abanico de posibilidades de acción, no sólo en labores asistenciales, sino en educación, investigación y gestión. Todos, ámbitos que me han impulsado a ejercer como un ser social frente a comunidades de niños, jóvenes y adultos mayores.

Me he permitido desde las distintas aristas de mi labor valorar las diferentes necesidades de la población, hecho que me ha dado la oportunidad de ser un agente de cambio en el autocuidado de los ciudadanos, convencida de que la promoción de la salud es el motor principal en el mantenimiento de una población sana, como también en la prevención de enfermedades. Estoy segura de que para que la ciudadanía se empodere y se reconozca como la primera responsable de su bienestar, es primordial educar desde el amor, la tolerancia y la empatía.

Estas palabras las siento desde muy cerca, ya que desde pequeña no estuve ajena a lo que significa el trabajo comunitario, criada en la naciente región de Ñuble por mi bisabuela materna, educadora diferencial, además de oír y vivenciar el trabajo de mi abuelo desde la alcaldía por su querida comuna de Chillán Viejo.

Es aquí donde me es fácil asimilar que en el momento en que te propones trabajar para la comunidad, desde la posición en la que te encuentres, ya no es una opción dar marcha atrás y es una obligatoriedad continuar, examinando distintas estrategias para llegar a ese individuo que en algún punto de su ser necesita de ti. En el imprevisto momento en que aparece un joven confuso de su vocación profesional, a punto de abandonar sus estudios superiores, o un adulto mayor que no comprende el porqué de su presión arterial elevada, o al enfrentarte a una comunidad poco informada frente al reciclaje, tu labor debe ser inmediata. Necesitamos que nuestra comunidad explote sus virtudes, que el adolescente reconozca sus enormes habilidades, que el anciano valore sus historias con la dignidad que se merece y las entregue como su máxima riqueza, y que nuestros niños sean educados con respeto y diversidad de acción y pensamiento, logrando familias sanas y enriquecidas desde sus propias acciones.

Debemos fomentar la creación y dar énfasis a la importancia de quienes son y deben ser promotores de salud, pertenecientes a la diferente gama de profesiones, tales como administrativas, educacionales, economistas, comunicacionales y tantas otras, desvinculando el lazo a tan solo profesionales y técnicos de la salud. Desde la instancia en que conocemos las debilidades del otro, podemos actuar fomentando su potencial y desde allí brindar nuevas oportunidades.

Aún queda mucho trabajo por hacer, inevitablemente, para mejorar las condiciones de salud de todos los chilenos; debemos enfocarnos en educar, prevenir y promocionar las buenas conductas desde la infancia temprana. Es imposible no valorar minuciosamente a nuestra población situada en edades extremas; no pueden quedar jamás a la deriva. Debemos volver a ver a nuestros niños sanos y felices jugando con los vecinos, volver a creer en la dignidad y respeto de nuestros adultos mayores.

Por lo anterior, trabajo todos los días con la convicción de que nuestros sueños se comienzan a cumplir al momento de pensarlos, siendo siempre capaces, desde nuestro lugar, de ayudar a quienes no han podido aún llevarlos a cabo.


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