domingo 15 de septiembre, 2019

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Agroforestal

Un oasis nativo en medio de plantaciones forestales

Regresar al suelo noble de la naturaleza aquellos árboles de singular color y características, es uno de los deseos que vio hecho realidad Bernardo Vidal.


 Por CAROLINA BASSO

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Un llamado entusiasta para conocer una novedosa iniciativa fue el comienzo de la historia que tiene como principal protagonista a Bernardo Vidal, un profesor jubilado de tez blanca, rasgos bien definidos y pelo canoso, quien soñaba en su juventud con tener un predio donde se destacará la flora chilena y las costumbres del país.

 

Fue entonces, que en la primera semana de noviembre Revista Agroforestal recibió el llamado de un hombre, quien de voz grave con un tono amable y convincente, hacía una invitación para que el medio fuese a conocer la iniciativa que él se encontraba realizando, eso en un predio cercano a la comuna de Nacimiento.

 

Al llegar el día del encuentro y luego de transcurrir unos 30 minutos de viaje, el paisaje se tornaba urbano en comparación con los minutos anteriores, camiones con madera, gran número de gente transitando por las calles y presencia de la industria ligada a la celulosa, hacían dar cuenta que ese territorio correspondía a Nacimiento, localidad ubicada a pocos kilómetros de Los Ángeles y que se destaca por su gran actividad forestal, como también por estar en medio de un número significativo de plantaciones ligadas al mismo rubro.

 

Sin embargo, no era precisamente ese lugar donde esperaba Bernardo, sino que unos pocos kilómetros más allá del radio urbano, donde el paisaje cambia rápidamente para dar paso a plantaciones forestales que caracteriza la carretera que ahí se traza, la Ruta de la Madera, zona donde predomina el color verde de los pinos, pocas casas en los alrededores y grandes portones que hacen saber que al cruzarlos hay predios y caminos forestales.

 

Fue justamente, al cruzar por uno de esos portones, que Bernardo esperaba junto a dos personas más en una mesa alargada vestida de mantel a cuadros con varios refrigerios encima de ella, ésta se encontraba apostada bajo unos altos pinos y al costado derecho de una entrada que daba a un predio llamado Doña Celmira, propiedad de Bernardo y que para sorpresa de muchos, albergaba árboles nativos en medio de una plantación forestal.

 

Un oasis nativo en medio de plantaciones

Inmediatamente después de llegar al lugar, Bernardo visiblemente entusiasmado y emocionado, dio un recibimiento de presentación y mostró en primer lugar dos imponentes esculturas de metal reciclado que estaban en la entrada del predio, contó con orgullo que ellas habían sido hechas por un ex alumno de él.

 

La primera de estas obras de arte, graficaba la mano de un ser humano sosteniendo un árbol bien formado entre sus dedos, haciendo notar principalmente sus raíces y ramas. Bernardo contó que el nombre dado a esa escultura era re-vistiendo, haciendo referencia a lo que él estaba realizando ahí, devolver a la naturaleza aquel verde nativo de tierras nobles y singulares características que algún día existió.

 

En cuanto a la segunda escultura de fierro reciclado, ésta correspondía a un arriero, oficio típico de la cordillera chilena y que según el propio Bernardo, da cuenta del esfuerzo y perseverancia que tiene el ser humano para llevar a cabo lo que se propone.

 

Mientras, recorre su predio llamado Doña Celmira en honor a su madre, Bernardo para en uno de los tantos nativos plantados, con sus manos, notoriamente partidas por trabajar con la tierra, toca cada uno de sus hojas, lo observa y narra cómo surgió la idea de contar con un territorio que estuviese plantado sólo con nativo, indicando que dicha imagen la visualizó desde muy joven, “tener árboles que estén en peligro de extinción no es algo sólo para mí, sino que también para las próximas generaciones, para que ellos puedan conocer y educarse, y quizás dar un paso para que estas especies no dejen de existir”, manifestó.

 

“Quiero privilegiar, especialmente, aquellas especies que estén en peligro de extinción”, volvió a reafirmar Bernardo avanzando hacía el siguiente árbol. Al caminar con él y preguntar si es que ha recibido alguna ayuda para llevar a cabo su anhelo, el profesor jubilado amante de la naturaleza contó que Conaf le ha brindado asistencia técnica y la donación de algunas especies, además que ha recibido una constante ayuda de quien él llama sus vecinos, forestal Mininco, empresa que tiene plantaciones, principalmente de pinos en el sector, y con quienes Bernardo contó que tiene una relación de colaboración, entendimiento y ayuda mutua.

 

Bajo ese sentido el emprendedor, apuntando y observando a sus vecinos, manifestó que el bosque nativo puede convivir con las plantaciones forestales, enfatizando que en el mundo de hoy hay que hacer que todos los elementos que actualmente lo componen convivan en relación mutua y en armonía, compartiendo espacios y estrechando relaciones de ayuda.

 

Al avanzar entre los senderos que dejaban los pequeños nativos, Bernardo volvió a reaccionar sobre la pregunta de incentivo a iniciativas como éstas, “si se quiere potenciar los árboles nativos en nuestro país y salvar aquellos que están en peligro, debiese existir una real ayuda e incentivo económico para que más personas puedan hacer esto, hacerlo por cuenta propia sale costoso”, indicó.

 

“Si bien, esto surgió como un sueño y anhelo mío, no quiero que sea algo cerrado el cual pueda disfrutar sólo yo, más bien quiero que toda la comunidad venga y disfrute de la naturaleza y el reciclaje, que los estudiantes aprendan más sobre las especies nativas y como pueden cuidarlas, y que vean que muchas cosas, que a veces creemos que su único destino es la basura, se pueden convertir en grandes obras de arte”, contó Bernardo emocionado.

 

Al continuar sus pasos por el camino que los mismos pequeños árboles marcaron, Bernardo seguía soñando con la posibilidad de potenciar el predio como un lugar de conocimiento y turismo, donde cada árbol tuviera sus nombres, especificaciones y cuidados que hay que tener con él, asimismo, cómo potenciar el reciclaje entre los asistentes, mostrando esculturas y distintas cosas que se pueden hacer con lo que se considera un desecho.

 

El suave sonido del agua, proveniente de un río cercano, el olor a pino que arrastraba el viento y el camino trazado por especies como el boldo, roble, mañío, maitén, chequén, pitao, temo, notro, entre otras, acompañaban las apasionadas palabras de Bernardo, quien manifestó que a las personas no les gusta plantar nativo por la falta de incentivo, el gran manejo que hay que hacer de ellos, el lento crecimiento y la cantidad de riego que requiere, “estas especies, es probable, que yo no las vea cuando sean grandes árboles, es por ello, que quiero involucrar a la comunidad escolar al proyecto, para que ellos puedan ver su progreso”, manifestó.

 

Entre risas y bromas, Bernardo contó que ha tenido algunos “enemigos” que han querido degustar los distintos sabores de las especies que se encuentra plantando, tales como el pilme, insecto que ha saboreado las hojas del mañío, o como los tiernos pero comilones conejos.

 

Cuando ya han pasado varios minutos de conversación y recorrido por el predio Doña Celmira, comienzan a llegar los demás invitados de Bernardo a su actividad de muestra oficial de esculturas y bosque nativo, por lo que con gran entusiasmo y a pasos rápidos se dirige a la entrada para dar la bienvenida a funcionarios de Conaf, acompañados del jefe provincial de la entidad, Rodrigo Cifuentes, representante de Mininco y las personas que directamente ayudarán a realizar el proyecto del predio nativo, los que el emprendedor llama con cariño, sus colaboradores, gente de la misma localidad con quienes creció y fue el colegio.

 

Luego de un segundo recorrido al terreno, Bernardo invitó a que todos pasaran a la mesa vestida con un mantel campestre, en tanto, él se dedicó a atender a cada uno de sus invitados, dejando ver que la actividad era una celebración y un proyecto que lo llenaba de orgullo, a través de unas palabras, las que manifestó con sus ojos llenos de lágrimas producto de su emoción, agradeció la participación a cada uno de los asistentes, la ayuda que brindaron y el objetivo que él busca con la iniciativa, dejando claro que le gustaría que se replicara, como también que existiera fomento e incentivos y que fuese la comunidad quien disfrutara del proyecto en sí.

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